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Ciudadanos de primera, de segunda, de…

Bulín Fernández

La columna de Bulín Fernández para Red43.

Las corrientes migratorias y las acciones políticas de hace un siglo atrás generaron movimiento en diferentes regiones y nuestra Patagonia no fue la excepción.

En ese contexto un puñado de pobladores se instaló hace más de cien años en tierras inaccesibles y de difícil ocupación, pero fue un lugar elegido para quienes, impulsados por el Estado interesado en ocupación de zonas de frontera, buscaron cómo vivir, mantenerse y desarrollar sus pocas actividades de sustento.

Con un esfuerzo humano increíble y en muchos casos con sacrificio, acompañados con autorización del Estado del uso de tierras para pastajes y supervivencia, esas familias se establecieron en la región de Los Alerces hasta las altas cumbres del cordón Rivadavia, en el oeste chubutense.

Una y otra vez peregrinaron a Buenos Aires, donde atiende Dios, para pedir por su definitiva ocupación, con una respuesta cortante y hasta despectiva: desde 1937 y posteriormente en el 45, más de 250 mil hectáreas se convertían en Reserva y Parque Nacional. Eso era impedimento de “todo”.

Nunca, ni los primeros pobladores ni sus herederos, cesaron en una lucha constante ya no sólo por el reconocimiento a quienes habían cuidado como nadie esa parte del territorio, sino además por el permiso de poder desarrollar una vida digna, fruto de su trabajo y voluntad.

Salvo honrosas excepciones, la Administración de Parques, les dio la espalda, los fustigó, los persiguió y hasta amedrentó con la fuerza pública con el objetivo de que dejasen esos lugares.

Hoy, pleno siglo XXI y con la creciente consolidación de derechos, siguen el derrotero para que se cumpla, ni más ni menos, que un acuerdo alcanzado en el 2005 entre la provincia (Gobernador Das Neves), la municipalidad de Esquel (Intendente Williams) y Parques Nacionales (Presidente APN Espina). Eso les permite debatir, opinar, planificar y desarrollar el presente y su futuro.

Nadie pretende incumplir normas, explotar bosques milenarios, degradar glaciares, ni cambiar cursos de ríos o vaciar lagos. Simplemente es seguir cuidando como propio lo de todos, pero con la seguridad de que esos pioneros y visionarios no hicieron esfuerzo en vano para ser ciudadanos.

Hoy, con toda su diversidad, se observan construcciones, desarrollos económicos, clubes particulares sin funciones deportivas ni sociales o inversiones que fueron permitidas oportunamente. Por qué no trazar una línea de equidad y permitir el sustento de los pobladores.

La puesta en marcha de esa mesa de trabajo legalmente establecida y los buenos ejemplos, como la cesión de tierra a los colonos galeses, por ejemplo, deben ser el norte de quienes, temporalmente, ocupan lugares de responsabilidad y decisión en el Estado.

No sumemos ejemplos de acción que permitan que existan ciudadanos de primera, de segunda o de tercera según su situación personal o colectiva. 

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Ciudadanos de primera, de segunda, de…

La columna de Bulín Fernández para Red43.

Las corrientes migratorias y las acciones políticas de hace un siglo atrás generaron movimiento en diferentes regiones y nuestra Patagonia no fue la excepción.

En ese contexto un puñado de pobladores se instaló hace más de cien años en tierras inaccesibles y de difícil ocupación, pero fue un lugar elegido para quienes, impulsados por el Estado interesado en ocupación de zonas de frontera, buscaron cómo vivir, mantenerse y desarrollar sus pocas actividades de sustento.

Con un esfuerzo humano increíble y en muchos casos con sacrificio, acompañados con autorización del Estado del uso de tierras para pastajes y supervivencia, esas familias se establecieron en la región de Los Alerces hasta las altas cumbres del cordón Rivadavia, en el oeste chubutense.

Una y otra vez peregrinaron a Buenos Aires, donde atiende Dios, para pedir por su definitiva ocupación, con una respuesta cortante y hasta despectiva: desde 1937 y posteriormente en el 45, más de 250 mil hectáreas se convertían en Reserva y Parque Nacional. Eso era impedimento de “todo”.

Nunca, ni los primeros pobladores ni sus herederos, cesaron en una lucha constante ya no sólo por el reconocimiento a quienes habían cuidado como nadie esa parte del territorio, sino además por el permiso de poder desarrollar una vida digna, fruto de su trabajo y voluntad.

Salvo honrosas excepciones, la Administración de Parques, les dio la espalda, los fustigó, los persiguió y hasta amedrentó con la fuerza pública con el objetivo de que dejasen esos lugares.

Hoy, pleno siglo XXI y con la creciente consolidación de derechos, siguen el derrotero para que se cumpla, ni más ni menos, que un acuerdo alcanzado en el 2005 entre la provincia (Gobernador Das Neves), la municipalidad de Esquel (Intendente Williams) y Parques Nacionales (Presidente APN Espina). Eso les permite debatir, opinar, planificar y desarrollar el presente y su futuro.

Nadie pretende incumplir normas, explotar bosques milenarios, degradar glaciares, ni cambiar cursos de ríos o vaciar lagos. Simplemente es seguir cuidando como propio lo de todos, pero con la seguridad de que esos pioneros y visionarios no hicieron esfuerzo en vano para ser ciudadanos.

Hoy, con toda su diversidad, se observan construcciones, desarrollos económicos, clubes particulares sin funciones deportivas ni sociales o inversiones que fueron permitidas oportunamente. Por qué no trazar una línea de equidad y permitir el sustento de los pobladores.

La puesta en marcha de esa mesa de trabajo legalmente establecida y los buenos ejemplos, como la cesión de tierra a los colonos galeses, por ejemplo, deben ser el norte de quienes, temporalmente, ocupan lugares de responsabilidad y decisión en el Estado.

No sumemos ejemplos de acción que permitan que existan ciudadanos de primera, de segunda o de tercera según su situación personal o colectiva. 

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