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24 de Abril de 2018
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Magalí de Diego

Cuando la calefacción no derrocha energía

El calor contenido. Investigadores de la UNLP desarrollan un sistema de calefacción que utiliza energías renovables y se construye a base de materiales estándares disponibles en el mercado.

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Desde el Instituto de Investigación y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC) desde hace más de una década se desarrollan proyectos para mejorar las condiciones de vida de los agricultores familiares platenses. Fue en esta labor que se detectó un problema en la climatización de los espacios de vivienda y de producción ante temperaturas muy altas o muy bajas.

 

“El Instituto de Vivienda de la Provincia de Buenos Aires hace varios años articula con el IIPAC para desarrollar tecnologías pasivas de bajo costo y mejorar la calidad de las viviendas”, comenta el ingeniero Juan Jodra, investigador del IIPAC.

 

Actualmente el sistema de gas de red en zonas rurales no siempre está presente, por lo que las comunidades dependen de la disponibilidad de leña o, en su defecto, del gas envasado, pero si no tienen acceso a la garrafa social los costos son muy elevados. Este prototipo tiene una vida útil prolongada y los costos se amortizan con el paso de los años.

 

El prototipo

 

“Estos sistemas son llamados pasivos porque funcionan con energía solar y sin necesidad de que uno haga nada. Funcionan con el solo hecho de estar instalados por lo que las ventajas ante los sistemas actuales son marcadas”, asegura el investigador quien además remarca la importancia que tiene el uso de energías pasivas para cuidar el ambiente y evitar la contaminación.

 

El proyecto toma un concepto de la arquitectura sustentable conocido como “muro acumulador de calor” que, como su nombre lo indica, conserva el calor proveniente de la radiación solar. “La innovación reside en que, al componente sólido de hormigón o cemento, se le incorpora adentro tubos con agua, y el agua tiene una capacidad calorífica 4 veces mayor por lo que cada grado que ganamos nos da 4 veces más calor”, explica Jodra.

 

Una vez acumulado en el dispositivo, y cuando el sol deja de calentar, el calor empieza a ser entregado al ambiente para aclimatar las frías noches rurales. Además de poder resultar útil en hogares, este mismo sistema de piezas se puede adaptar a distintas dimensiones e incorporarse en espacios productivos agropecuarios como las parideras porcinas, los invernaderos o los criaderos de pollos que sufren variaciones de temperatura entre el día y la noche.

 

Un manual para aprovechar la energía

 

Disponer de este sistema es un avance, pero es tan solo el primer paso. El segundo gran aporte viene de la mano de los usos correctos. “Toda energía que tengamos es valiosa y debe ser cuidada”, remarca el investigador, y agrega que el 30% de la energía generada se desperdicia por filtraciones en el diseño de las habitaciones.

 

“Complementando todo este paquete de medidas podés tener todo el invierno tu casa calefaccionada sin necesidad de mucho más. La idea es que haya un proceso de transferencia tecnológica acompañado de información técnica y del soporte para que sea exitoso. Por eso redactamos manuales instructivos con imágenes para brindar más información”, concluye Jodra.

 

Agencia CTyS-UNLaM

 

 

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