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De judoca nacional a donante de riñón

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De judoca nacional a donante de riñón

La nueva lucha de Alejandro Mansilla tras haber ganado la medalla de bronce

Tuvo un desgarro en el combate ante un bonaerense y, como noticia, se venía lo peor. Se preparó para este Nacional como nunca, en principio porque era cerca ya que se realizó en San Carlos de Bariloche. El otro motivo, más profundo, tenía que ver con la familia.

Su señora no la está pasando bien y necesita un riñón, y este grandulón con cara de nene, que supera los 100 kg no tuvo duda en dejar la carrera de judoca (ojalá sea temporariamente) para someterse él a la operación de “sacarse” un riñón y con todo el amor “pasárselo” a su patrona.

Por eso cuando se lesionó en su segundo combate en Bariloche, a pesar de que había ganado ese mismo combate, ya se había asegurado la medalla de bronce, pero quería más. Se merecía más.

Alejandro Mansilla participó una vez más de un Torneo Nacional de Judo (torneo que se hace dos veces por año), en este caso fue el Apertura en Bariloche.

Ya había logrado títulos nacionales en Kyu Novicios y Kyu Graduados, pero a partir de este año se venía lo más difícil. Competir en Cinturón Negro con los Danes, con los mejores con los que había participado en Sudamericanos y Panamericanos. Los que entrenaban en el CENARD y que tenían mucho más apoyo que él.

“A lo que nos preparamos no estuvimos lejos, yo creo que si no me hubiese lastimado hubiera estado más arriba” destacó Alejandro Mansilla, ya más tranquilo, en su casa de Esquel.  

“De todos los competidores en mi categoría, conocía a cinco y eso para mí fue un punto a favor”, destacó además.

“El primer combate fue ante un tucumano. Fue muy dura, mucha fuerza, mucha técnica, mucho de todo y tuve que estar muy atento, por suerte me sirvió entrenar con Javier (por Javier Esponda), donde siempre él me tira el mismo lance, y el tucumano hizo lo mismo, me tiró el mismo lance y por suerte lo pude leer antes”. El combate lo ganó.

El momento tenso fue cuando se enfrentó con un porteño, de Colegiales, rival con quien se lastimó, terminó el combate y la victoria igual quedó en poder de Mansilla, pero el desgarro le impedía seguir en carrera.

A pesar del desgarro intercostal, estaba con la idea de subirse al tatami para buscar la gloria, un escalón más para la gloria. El sensei Jorge Heitzmann, quien sabía cómo “venía la mano” le sugirió que no era acorde combatir con esa desventaja y tuvo el apoyo del médico para impedirle combatir a Mansilla.

Ale se resignó y supo que terminaba su Nacional en ese momento. Esa fue la mala noticia.

“Yo iba con la idea de combatir, detalló el grandote, lesionado y todo yo iba a subir igual”, pero entendió que no valía la pena. Que ya una medalla se había asegurado.

Y llegó el momento de la premiación, de tomar la medalla de bronce, medalla que la atesorará como la presea más valiosa. Tal vez sea la última. Uno nunca sabe. Ahora se viene el otro combate, el de la vida. Seguirá con los estudios en Buenos Aires y esperará el momento. Es compatible a su mujer. Igual no tiene miedo, irá vestido con Judogi azul y el cinturón negro para donar su riñón.

 

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