Los satélites de la NASA se encuentran monitoreando el desarrollo de un fenómeno de El Niño que podría posicionarse como el más intenso registrado desde el año 1950. A través de tecnología espacial, la agencia observa las modificaciones en la altura de la superficie del mar, la temperatura del agua y la variación en el color oceánico. En ese marco, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos determinó una probabilidad del 83 por ciento de que este proceso climático ya se encuentre en curso.
El monitoreo satelital permitió rastrear el fenómeno desde su origen. En enero se detectó cerca de Micronesia la presencia de una masa de agua cálida denominada onda Kelvin, un pulso subterráneo de desplazamiento lento que traslada calor a lo largo de miles de kilómetros de oeste a este. Al alcanzar el Pacífico oriental hacia el mes de abril, la expansión del agua caliente elevó la altura del océano entre 30 y 40 centímetros en algunas zonas, desplazándose hacia las costas de Sudamérica y California. En contraposición, sectores de Indonesia y el norte de Australia mostraron un descenso del nivel marino por debajo de lo habitual.
Josh Willis, científico del proyecto de misiones de medición del nivel del mar del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, detalló los avances del monitoreo mediante el instrumental en órbita. "Las ondas Kelvin son como el latido del corazón de El Niño", explicó Willis, y agregó que "nuestros satélites de medición del nivel del mar nos permiten observar el océano y ver cada latido".
Actualmente, las mediciones infrarrojas y de microondas indican que la franja de agua cálida en el Pacífico oriental supera en 1,7 grados centígrados el promedio histórico a largo plazo. Este incremento de temperatura altera la transferencia de calor y humedad a la atmósfera, generando condiciones aptas para la formación de tormentas y la alteración de los patrones del clima en diversas zonas del planeta.
En simultáneo, el satélite PACE de la NASA analiza los cambios en el color de las aguas ecuatoriales. El debilitamiento de los vientos alisios disminuye el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes, lo que genera una reducción en la presencia de fitoplancton, la base de la cadena alimentaria marina. Este proceso provoca que el agua pierda sus tonos verdosos habituales y luzca más azulada.
Matthew Kehrli, científico investigador principal del equipo del satélite PACE, hizo referencia a la diversidad tonal del agua oceánica y la efectividad del instrumental en tiempo real. "Algunas personas piensan que el agua es simplemente azul, pero es asombroso la multitud de colores que puede tener el océano", señaló Kehrli. Asimismo, destacó sobre las expectativas teóricas que "ver visualmente los resultados con los productos de datos con los que se trabaja en tiempo real es muy gratificante".
La red de satélites continuará con el seguimiento de los indicadores marinos para anticipar el impacto global del evento. Respecto a la implicancia general del fenómeno, Willis remarcó que "el fenómeno de El Niño nos afecta a casi todos de alguna manera cada vez que ocurre", y concluyó que "si bien muchos han visto lo que puede hacer, miramos al océano para comprender el porqué".
EBW