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¡Feliz día del mate! Te regalamos frases, textos, videos e imágenes para celebrar

El 30 de noviembre se festeja, en Argentina y Uruguay, el Día del Mate, nuestra infusión más querida. Se celebra para conmemorar el nacimiento del comandante guaraní Andresito Guasurarí, quien gobernó Misiones y fomentó la producción y comercialización de la yerba.

Los antiguos pueblos guaraníes fueron los pioneros en consumir yerba mate, con agua o masticando las hojas. Los jesuitas elogiaban los efectos de la yerba, ya que daba vigor al que ingería la infusión y calmaba la sed mejor que el agua. Sin embargo, los europeos que veían a los nativos llamaban al mate "hierba del demonio". Decían que fomentaba la vagancia y la pérdida de tiempo.

Algunos cronistas españoles decían que los nativos llevaban pequeñas bolsas de cuero en las que guardaban hojas de yerba mate triturada y tostada, que masticaban o colocaban en una calabaza con agua y sorbían. Las hojas les daban mayor resistencia para las largas caminatas o las actividades de todos los días.​

En este día, te invitamos a leer este texto de Lalo Mir y a ver algunos memes para compartir con tus amigos, como se comparte esta infusión. ¿Nos compartís los tuyos?

¡Feliz día del mate!

"El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca, pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: ¿unos mates?
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo?. El otro responde: como tomes vos.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.

Este es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, ha descubierto que tiene alma.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañía.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar: vos hablás mientras el otro toma. Es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente: ¿está caliente, no?.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia del uno por uno.
Es la obligación de decir gracias, al menos, una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir"

El mate, pulmón argentino de repuesto para solitarios y tristes. Julio Cortázar – Rayuela

"y sentao junto al jogón

a esperar que venga el día,

al cimarrón se prendía

hasta ponerse rechoncho

mientras su china dormía

tapadita con su poncho..." Martín Fierro

Mirá, un mate es como un punto y aparte. Uno lo toma y después se puede empezar un nuevo párrafo. – Julio Cortázar

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