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03 de Abril de 2026
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Cartas que acortan distancias: el tierno vínculo entre alumnos de una escuela rural y un poblador de la zona

Los alumnos de la Escuela N° 113 de Cerro Centinela le escribieron a Rolando Llanquileo para saber quién era ese hombre que veían desde su ventana. 

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En la Escuela N° 113 “Antonio Ñanculef” de Cerro Centinela, desde la ventana de la sala de 3, 4 y 5 años, por allá a lo lejos, entre la inmensidad de la montaña se puede ver el humo de la estufa de una pequeña casita. Una casa solitaria que despertó un sinfín de interrogantes en los alumnos de Gisel Jara Rojas.

 

Guiados por esa inocencia, decidieron redactar una carta para derribar la distancia. “¿Quién vive allá?”, “¿Cómo llega?”, “¿Tiene animales?”, fueron algunas de las preguntas que los alumnos plasmaron con dibujos y firmas, enviando también una foto de cómo se ve esa vivienda desde su jardín.

 

 

Esa casita pertenece a Rolando Llanquileo, un poblador rural que habita el lugar hace décadas, rodeado de naturaleza. Al recibir el mensaje, Rolando —con la ayuda de su hija Sol— respondió con la misma calidez, relatando su día a día.

 

 

En su carta, escrita con una humildad profunda, Rolando les contó que vive acompañado de su yegua, vaquitas, gallinas, perros y gatos. Les explicó que para llegar a su hogar recorre un largo sendero, a veces a pie y otras sobre su caballo "Flecha", e incluso les envió una foto de cómo se ve la escuela desde su perspectiva en lo alto de la montaña.

 

 

Sin embargo, detrás de este gesto que conmovió a la región, subyace una problemática que Sol, su hija, decidió visibilizar a través de sus redes sociales. A pesar de llevar años viviendo en el lugar, Rolando no cuenta con un acceso vehicular a su propia vivienda. Esta situación se ha agravado por conflictos con un vecino lindero que ha obstaculizado el paso, dejándolo prácticamente aislado ante cualquier emergencia o necesidad básica.

 

"Detrás de esta historia tan linda, hay una realidad difícil", expresó Sol. "Hace años peleamos por un camino ante distintos organismos, pero no hemos tenido una respuesta concreta, a pesar de tratarse de una persona mayor con recursos limitados".

Mientras continúa el reclamo por el acceso legal, Rolando y los niños de la 113 ya construyeron un camino diferente: uno hecho de papel, tinta y una invitación abierta para que, cuando el camino finalmente exista, puedan encontrarse frente a frente en esa casita de la montaña.





M.G

 

 

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