Saber cómo despertarse mejor no depende solamente de poner una alarma y abrir los ojos. El momento en el que termina el sueño y las condiciones en las que comienza la mañana pueden influir en la sensación de cansancio, desorientación o energía que aparece al levantarse.
Durante la noche, el cuerpo atraviesa distintas etapas de sueño que se repiten en ciclos. Algunas son más profundas y otras corresponden al sueño REM. Despertarse en determinados momentos puede provocar la llamada inercia del sueño, una sensación de somnolencia y dificultad para ponerse en marcha que puede prolongarse durante un tiempo después de levantarse.
La luz natural puede ayudar a empezar el día
Una de las herramientas más sencillas para favorecer el despertar es exponerse a la luz natural durante la mañana. La luz participa en la regulación de los ritmos circadianos, que organizan los ciclos de sueño y vigilia.
La exposición a la luz matutina contribuye a que el organismo reduzca la producción de melatonina y avance hacia un estado de mayor alerta. Cuando no es posible recibir luz natural al levantarse, por ejemplo debido a los horarios laborales o a la falta de iluminación durante las primeras horas, existen despertadores que simulan gradualmente la salida del sol.
Mantener un horario también importa
Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora ayuda al organismo a mantener un ritmo regular. Esta constancia también puede facilitar el despertar, incluso durante los fines de semana.
Además, comenzar la mañana con una rutina tranquila puede ayudar a pasar del sueño a la actividad. Estiramientos suaves, una caminata breve, unos minutos de relajación o desayunar sin apuro son algunas alternativas.
Movimiento, agua y alimentación
La actividad física también puede ser parte de una buena rutina matutina. Una caminata, ejercicios suaves o algunos minutos de movilidad permiten activar el cuerpo después de varias horas de descanso.
La hidratación es otro aspecto sencillo de incorporar. Beber agua al levantarse ayuda a reponer líquidos después de la noche. En cuanto al desayuno, una alimentación equilibrada puede aportar energía para afrontar las primeras horas del día.
El despertar también empieza la noche anterior
La manera en que termina el día tiene una relación directa con la forma en que comienza el siguiente. Mantener un ambiente oscuro, tranquilo y fresco puede favorecer el descanso.
También puede resultar útil establecer una rutina relajante antes de acostarse, como leer o realizar alguna actividad tranquila. Reducir el uso de pantallas cerca de la hora de dormir es otra medida que puede favorecer la preparación del organismo para el descanso.
Para los adultos, dormir entre 7 y 9 horas por noche suele ser la recomendación general. Más allá de la alarma utilizada, dormir lo suficiente y mantener horarios relativamente regulares son dos de los factores que más pueden ayudar a levantarse con una mejor sensación al comenzar el día.
O.P.