Hay días en los que alcanza con que caigan unas pocas gotas para que el aire cambie. Después de varias jornadas secas, la lluvia trae ese aroma inconfundible a tierra mojada que muchas personas reconocen de inmediato. Aunque parece algo cotidiano, el fenómeno tiene una explicación que combina química, microbiología y física.
El olor a tierra mojada se conoce como petricor, una palabra creada hace más de 60 años para describir el aroma que desprenden las rocas y los suelos cuando entran en contacto con el agua. Pero hay otro protagonista fundamental, una sustancia producida por bacterias que viven en la tierra y que nuestra nariz puede detectar incluso en cantidades muy pequeñas.
Origen del petricor
El término petricor apareció en 1964, cuando los investigadores australianos Isabel Joy Bear y Richard Thomas publicaron un estudio en la revista científica Nature. Durante sus experimentos, analizaron rocas expuestas al calor y a la sequía y encontraron un aceite que quedaba retenido en sus poros y se liberaba al entrar en contacto con la humedad.
El nombre combina dos palabras griegas. Petra significa piedra e icor era el fluido que, según la mitología griega, circulaba por las venas de los dioses.
Ese aceite contribuye al aroma, pero no explica por sí solo el olor que asociamos con la lluvia. Una de las sustancias más importantes en esa mezcla es la geosmina, un compuesto producido por microorganismos del suelo.
La sustancia que producen las bacterias
La geosmina es fabricada por bacterias del género Streptomyces, presentes en numerosos suelos. Aunque su olor puede resultar familiar para las personas, su función en la naturaleza es todavía más interesante.
En 2020, una investigación publicada en Nature Microbiology encontró que la geosmina atrae a los colémbolos, pequeños animales que viven en el suelo y se alimentan de estas bacterias. Al desplazarse, pueden transportar sus esporas y contribuir a dispersarlas.
De esta manera, el aroma que llega hasta nosotros forma parte de una interacción entre organismos que ocurre bajo nuestros pies. Las personas lo perciben casi como una señal de que volvió la humedad después de un período seco, aunque no sea esa la función biológica para la que se produce la sustancia.
¿Por qué el olor aparece con las primeras gotas?
El aroma no depende solamente de qué sustancias están presentes en el suelo. También importa cómo llegan hasta el aire.
En 2015, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts estudiaron qué sucede cuando las gotas de lluvia golpean superficies porosas. Mediante cámaras de alta velocidad, observaron que el impacto puede atrapar pequeñas burbujas de aire que luego ascienden y estallan, liberando aerosoles.
Estas partículas microscópicas pueden transportar compuestos del suelo hacia el ambiente, entre ellos sustancias relacionadas con el petricor. El mecanismo ayuda a explicar por qué el olor suele sentirse con las primeras gotas, especialmente después de varios días sin lluvia.
Los experimentos también mostraron que el efecto podía ser mayor con lluvias ligeras o moderadas que durante aguaceros intensos. Por eso, a veces el aroma se percibe con más fuerza al comienzo de una precipitación que cuando el agua cae con intensidad.
Una nariz capaz de detectar cantidades diminutas
La geosmina tiene un olor tan reconocible que puede detectarse en concentraciones extremadamente bajas. Investigadores del Instituto Leibniz de Biología de Sistemas Alimentarios, en Alemania, estimaron que las personas pueden percibirla en el agua en cantidades de entre 4 y 10 nanogramos por litro.
En 2024, un equipo de ese instituto identificó el receptor olfativo humano OR11A1 como responsable de detectar la geosmina. El hallazgo permitió comprender mejor cómo el organismo reconoce esta molécula.
Sin embargo, la sensibilidad humana no es excepcional en comparación con la de otros mamíferos. En las pruebas realizadas por los investigadores, el receptor de la rata canguro mostró una respuesta aproximadamente cien veces mayor que el humano.
¿Por qué puede resultar agradable un olor que también aparece en el agua o los alimentos?
La relación entre el petricor y las emociones es más difícil de explicar. Los olores pueden despertar recuerdos con mucha intensidad, y una fragancia asociada con la infancia, una casa o una tarde de lluvia puede provocar una sensación de bienestar.
También existe una hipótesis evolutiva según la cual nuestros antepasados pudieron asociar el olor de la lluvia con la disponibilidad de agua y mejores condiciones para sobrevivir. Sin embargo, esa explicación no está demostrada y debe tomarse como una posibilidad, no como una certeza científica.
Además, la geosmina no siempre resulta agradable. Puede percibirse como un defecto en el agua potable, el pescado o el vino, mientras que forma parte del sabor característico de alimentos como la remolacha.
El contexto modifica la forma en que interpretamos el mismo compuesto. No es lo mismo sentirlo en el aire después de una lluvia que encontrarlo en un vaso de agua.
Así, el olor a tierra mojada es mucho más que una sensación asociada con los días de lluvia. Es el resultado de sustancias liberadas por el suelo, microorganismos que interactúan con otros seres vivos y procesos físicos que llevan esas moléculas hasta nuestra nariz. Un fenómeno cotidiano que, con las primeras gotas, pone en marcha una historia científica invisible.
O.P.