RED43 sociedad EsquelEspeciales RED43
18 de Octubre de 2026
sociedad |

María Laura Ramón: una mamá que hizo de la experiencia una herramienta colectiva

Al frente de Dulcinea Pastelería y referente del Grupo Autismo Esquel, María Laura Ramón comparte su historia como mamá de tres hijos, los desafíos de la crianza y el valor de acompañar a otras familias.

Escuchar esta nota

Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac. 

 

 

Hay experiencias que cambian la vida para siempre. Para María Laura Ramón, convertirse en mamá fue una de ellas. La llegada de su primer hijo marcó un antes y un después, una transformación que con los años se multiplicó con la crianza de sus tres hijos, cada uno con su propia personalidad, sus necesidades y sus desafíos.

 

Hoy, además de estar al frente de Dulcinea Pastelería, María Laura es una de las referentes del Grupo Autismo Esquel. Su recorrido combina la maternidad, el trabajo, el compromiso con otras familias y una forma de entender los vínculos que va más allá de su propia casa: acompañar, escuchar y tender una mano cuando alguien lo necesita.

 

En un nuevo Día de la Madre, su historia invita a mirar la maternidad desde un lugar real, lejos de las imágenes perfectas. Un camino en el que hay aprendizajes, dificultades y, sobre todo, una presencia que se construye todos los días.

 

Tres hijos, tres caminos y una misma forma de amar

 

“Yo creo que algo que marca un antes y un después es la sensación de ser responsable de otra vida”, cuenta María Laura al recordar sus primeros pasos en la maternidad.

 

En aquel momento trabajaba como maestra y ya conocía el mundo de los cuidados. Sin embargo, el embarazo de su primer hijo le abrió una experiencia completamente diferente. Después de algunos años llegó su segundo hijo, Lautaro, quien fue diagnosticado con autismo a los tres años. Más adelante nació su hija menor, a quien recuerda como “la más esperada”.

 

Con el paso del tiempo, María Laura comprendió que cada uno de sus hijos le proponía una manera distinta de aprender y acompañar.

 

“Yo siempre digo lo mismo, a mí me ha regalado la vida tres seres diferentes, con desafíos diferentes”, expresa.

 

Esa diversidad también la llevó a revisar sus propias formas de hacer las cosas, a encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar y a comprender que no siempre se puede estar en todos lados al mismo tiempo.

 

En ese recorrido, hay una idea que se volvió central para ella: “Estar presente para mí es re importante”.

 

La maternidad también es aprender a escuchar

 

Para María Laura, estar presente no significa únicamente compartir un espacio físico o cumplir con las responsabilidades cotidianas. También implica interesarse por lo que les pasa a sus hijos, escucharlos y encontrar momentos para compartir sus mundos, incluso cuando son diferentes al propio.

 

“Yo creo que es esa la función, yo creo que el estar y el escuchar es una parte muy importante”, reflexiona.

 

En su familia, el acompañamiento es mutuo. Su hijo mayor ocupa un lugar importante en el cuidado de sus hermanos y, cuando ella necesita ayuda, también encuentra en ellos una forma de contención que se construyó con el tiempo.

 

“Esta semana que estuve enferma me he dado cuenta de que les he inculcado mucho esto del valor de estar bien, porque los tres, en sus diferentes formas, me decían no, quedate, te cuidamos”, relata.

 

Ese cuidado se expresa en gestos cotidianos: compartir las mañanas, organizar las tareas, acompañarse en las actividades y mantenerse comunicados durante el día. No se trata de una familia sin dificultades, sino de una familia que aprendió a apoyarse en sus propios vínculos.

 

Al hablar de cómo reparte su tiempo, María Laura recupera una enseñanza de su papá: “Mi papá me decía a mí: no es la cantidad, sino la calidad”.

 

Una frase sencilla que, para ella, resume buena parte de su manera de ejercer la maternidad.

 

Cuando el diagnóstico se convierte en un camino compartido

 

La experiencia con Lautaro también marcó su compromiso con otras familias. Su formación como docente fue una herramienta importante cuando tuvo que atravesar las dificultades vinculadas con la escolaridad y encontrar respuestas adecuadas para las necesidades de su hijo.

 

“Lamentablemente el sistema los expulsa”, sostiene al referirse a las barreras que pueden enfrentar los chicos con discapacidad dentro del ámbito educativo.

 

Conocer el sistema desde adentro le permitió defender el derecho de su hijo a tener un lugar en la escuela y, con el tiempo, aportar esa experiencia al acompañamiento de otras familias.

 

Desde el Grupo Autismo Esquel, María Laura encontró una manera de transformar parte de lo vivido en una herramienta colectiva. No se trata de tener todas las respuestas, sino de compartir información, generar vínculos y ayudar a que otras personas no tengan que atravesar solas situaciones similares.

 

Al recordar lo que ocurre cuando una familia recibe un diagnóstico, describe un proceso que puede llevar al aislamiento y al temor de enfrentar nuevas dificultades. Frente a eso, plantea una alternativa: “También llega todo este impulso de decir, bueno, me quedo acá chiquita y no hago nada, o me levanto un poquito y digo, bueno, che, entre todos podemos”.

 

Esa idea atraviesa su trabajo comunitario. La experiencia personal se vuelve una forma de orientar, acercar contactos y acompañar a quienes recién comienzan un camino que ella ya conoce.

 

Esquel, el lugar donde encontró una comunidad

 

María Laura nació en Buenos Aires, pero su vínculo con la Patagonia comenzó mucho antes de instalarse en Esquel. Los viajes familiares al sur despertaron una conexión que terminó convirtiéndose en una decisión de vida.

 

Recién recibida de maestra jardinera, eligió mudarse a la ciudad sin tener aquí una red previa de amigos o conocidos. Con el tiempo construyó sus propios vínculos y encontró un lugar al que siente que pertenece.

 

“Es como que el alma se ubica acá”, dice al explicar lo que representa Esquel para ella.

 

En esa historia, el acompañamiento de otras personas ocupa un lugar fundamental. María Laura destaca tanto las amistades que se convirtieron en familia como los gestos de quienes se acercaron a ayudarla en distintos momentos de su vida personal y laboral.

 

“Yo estoy súper agradecida de eso, de formar parte”, afirma.

 

Esa misma solidaridad la encontró al poner en marcha Dulcinea Pastelería. Según cuenta, algunos clientes comenzaron a compartirle consejos y experiencias que podían servirle para su emprendimiento, incluso sin tener un vínculo previo con ella.

 

“Porque no es que teníamos un vínculo necesariamente anterior, pero solo gente que dijo: te digo esto porque a mí me sirvió”, recuerda.

 

Para María Laura, esos pequeños gestos muestran una característica de la comunidad que la recibió: la disposición a acompañar sin que haga falta pedirlo todo el tiempo.

 

El trabajo, la culpa y el desafío de llegar a todo

 

Como tantas madres que trabajan, María Laura también conoce la dificultad de organizar los tiempos y la sensación de no poder estar en cada lugar donde quisiera.

 

Al reflexionar sobre los cambios en los roles familiares, señala que hoy muchas mujeres deben compatibilizar sus responsabilidades laborales con la crianza y que, en ese intento, aparece con frecuencia la culpa por pasar menos tiempo en casa.

 

Su respuesta no pasa por buscar una fórmula perfecta, sino por aprender a delegar, flexibilizar las rutinas y reconocer que no siempre tiene que resolverlo todo personalmente.

 

“Sí, al principio era muy esquemática y trataba de armar horarios y cosas, qué sé yo. Y después voy a seguir relajando un poco y voy yendo”, cuenta.

 

Esa forma de avanzar también se refleja en su compromiso con otras personas. Aunque no siempre puede hacerse cargo de cada situación que llega a ella, intenta orientar, conectar a quienes necesitan ayuda y aportar desde su propia experiencia.

 

Maternar también es acompañar a los demás

 

Al hablar sobre la presencia de las mujeres en los espacios de acompañamiento y solidaridad, María Laura encuentra una conexión entre la maternidad y una manera de estar atenta a lo que les sucede a los demás.

 

“Y tenemos como el alma de decir, bueno, nos juntamos, hacemos, acompañamos, maternamos constantemente, en todo, en todo”, expresa.

 

Desde su mirada, esa forma de cuidar no se limita a los hijos ni al ámbito familiar. También aparece en el trabajo, en las amistades, en los grupos comunitarios y en cada situación en la que alguien necesita ser escuchado.

 

“A mí me pasa, por ahí entra acá una persona y entra a decir algo, necesito, y a mí no me sale ser indiferente y decir, bueno, no sé, arreglate vos sola”, explica.

 

Su recorrido reúne distintas facetas: la mamá que acompaña a sus tres hijos, la emprendedora que sostiene Dulcinea Pastelería, la docente que encontró herramientas en su formación y la referente que comparte lo aprendido con otras familias.

 

En el Día de la Madre, su testimonio deja una idea que atraviesa cada una de esas experiencias. La maternidad no siempre tiene que ver con hacer más, llegar a todo o encontrar respuestas inmediatas. A veces, está en escuchar, en acompañar sin juzgar y en construir una red para que nadie tenga que enfrentar sus dificultades en soledad.

 

 

Agradecemos enormemente a María Laura por brindarnos esta cálida entrevista. Además, saludamos a todas las madres en su día. 

 

¿QUÉ TE PARECIÓ LA NOTA?
Ocurrió un error