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Fingió su secuestro para sacarle dinero a su familia, ahora está imputada

La joven de 17 años había simulado su secuestro en Avellaneda para “sacarle dinero a su familia”. La Justicia entiende que es responsable por el dinero que se gastó en su búsqueda y por haber desviado la atención de la Policía para otros casos.
De esta manera la joven fue denunciada por una fiscalía, por haber fingido un secuestro extorsivo para sacarle dinero a su familia, al entender que al provocar una falsa denuncia fue responsable de que se pusieran “en marcha todos los mecanismos institucionales que existen para prevenir” este delito y desvió así la atención policial de los hechos que pudieran estar ocurrido realmente.
Según fuentes judiciales, el juez Sebastián Casanello desestimó el delito cuando se comprobó que nunca había existido, pero el fiscal Federico Delgado rechazó el archivo de la causa y pidió que la menor sea imputada e investigada.
La causa se inició el 18 de octubre pasado, a partir de la denuncia de una mujer cuyo nombre esta agencia mantendrá en reserva, por el secuestro extorsivo de su hija, de 17 años.
Según contó, la chica salió de su casa a las 18.30 para ir al comercio del padre, en Avellaneda (Buenos Aires) pero nunca llegó y luego recibió un mensaje de texto del novio de su hija diciendo: “Si querés ver a la flaca viva tenés que entregar diez mil pesos”.
A partir de ese momento se dio intervención al Departamento de Investigaciones del Secuestro Extorsivo de la Policía Federal Argentina y se intervino el teléfono de la menor, el novio y la línea desde donde se envió el referido mensaje.
Mientras, a pedido de los investigadores, se intentaba entablar comunicación con la menor para establecer su ubicación.
“Varias fueron las diligencias y los recursos del Estado que se emplearon en aras de dar con el paradero”, remarcó el fiscal. Mientras personal de la Dirección de Captación de Comunicaciones del Poder Judicial de la Nación se encontraba monitoreando durante toda la noche y la mañana siguiente las comunicaciones de los tres teléfonos intervenidos, la policía fue hasta la casa de la menor y se entrevistó con su familia; luego fue hasta la casa del padre, ubicada en la localidad bonaerense de Bosques; también se dirigió a la casa del novio, ubicada en el barrio porteño de San Telmo, quien “estaba recibiendo mensajes de la menor”.
Los detectives también fueron con los familiares de la menor al cementerio de Sarandí (Avellaneda), a raíz de que allí se encuentra sepultada la abuela paterna de la nena y se creyó que podría estar ahí: diluviaba, los policías se entrevistaron con custodios y empleados, pero nadie la había visto.
Un dato aportado por los encargados de las escuchas detectó que el teléfono de la menor estaba siendo usado en una antena de conexión cercana al shopping “Alto Avellaneda”, así que los policías fueron hacia ese complejo con una foto de la chica y alertaron al personal de seguridad mientras recorrían las instalaciones, pero no estaba.
El novio seguía cruzando mensajes y allí detectaron que la menor estaba en una casa de Avellaneda, “por voluntad propia, ya que allí vive un compañero de la escuela” y cuando se corroboró que estaba a salvo, la joven declaró en sede policial y aclaró que “nunca fue víctima de un secuestro o cualquier otro hecho delictivo, y que todo se debió a que no quería concurrir al domicilio de su padre y tampoco permanecer en el de su madre por los conflictos familiares que tiene con los nombrados”.
Añadió que le había pedido el celular al conductor de un taxi para enviar el mensaje en cuestión pidiendo un rescate.
“En el caso no se ha configurado delito alguno en tanto la menor en ningún momento fue privada de su libertad y tampoco fue víctima de ningún otro delito. Por ello, la fiscalía considera que corresponde desestimar la denuncia formulada en la presente causa por inexistencia de delito”, dijo Delgado.
“Sin embargo -añadió-, no se puede perder de vista que el comportamiento desarrollado por la nombrada (en particular el mensaje de texto solicitando rescate que fue efectuado desde el teléfono celular de un chofer de taxi que solicitó prestado) puso en marcha todos los mecanismos institucionales que existen para prevenir secuestros extorsivos, lo cual implicó no sólo la asignación de los recursos del sistema judicial y policial sobre un hecho que nunca existió, sino que también esos recursos se vieron alterados y desviados de cualquier otro caso real que pudo haber acontecido durante ese momento”. (La Voz)

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