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01 de Agosto de 2021
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Estación Aventura: El pelotero que funcionó durante 10 años en Esquel

Una familia que llegó desde Buenos Aires pudo instalar en Esquel un lugar recordado por todas las generaciones; Fueron diez años de energía, cumpleaños, juegos y recuerdos.

 

Por Donato del Blanco

 

 

Silvana Ravasio y Gustavo Chalupa llegaron a Esquel desde Ituzaingó en el año 1995.Una vez instalados, ella comenzó a trabajar de maestra y él, al ser Técnico Aeronáutico, no consiguió trabajo de lo que se recibió asique comenzó a hacer distintos trabajos de carpintería y rubros relacionados.

 

Así empezaron a conocer a más personas dentro de la ciudad, haciéndose su lugar. Por casualidades de su vida, se cruzan con los hermanos Gustavo y Andrés López. 

 

Silvana recuerda con alegría y nostalgia aquellos momentos, porque fue ahí cuando comenzó  "Estación Aventura", un lugar muy recordado por varias generaciones de Esquel, desde adultos hasta chicos.

 

En un principio, los cuatro se juntaban cada tanto y estaban viviendo momentos parecidos: Ellos también llegaban de Buenos Aires, algo no poco relevante ya que para aquella época en la ciudad venir desde lejos era algo "novedoso".

 

Los dos hermanos tenía una propuesta innovadora y original en ese entonces: hacer un pelotero.

 

"Yo había visto un par, particularmente me tomé con uno en Morón que se llamaba "Puerto Pirata", era enorme. Dije: Wow, si hacemos un pelotero tiene que ser algo así", empezó a relatar Silvana, y de a poco comenzó a contar una parte de la historia de su vida:

 

 

"Con mi marido no teníamos un peso, pero los chicos dijeron que ponían la plata y después la recuperábamos"

 

 

Yo corría con la ventaja de que trabajaba en un jardín y ya conocía a un montón de gente, y ellos estaban recién llegados.

 

 

"Si venías de Buenos Aires, para esa época, era difícil llegar a la gente"

 

 

Inicios del proyecto

 

Ya corría el año 1998, específicamente en marzo cuando comenzaron a gestionar la propuesta. Esa idea que estaba en mente ya se estaba concretando...

 

"Comenzamos a ver cómo queríamos que sea, con qué materiales, los juegos. Conseguimos el galpón y tuvimos que hacerle de todo, nos llevó mucho tiempo acondicionarlo y arreglarlo...

 

El mismo estaba ubicado en Bartolomé Mitre 745.

 

 

 

"Estación Aventura fue un boom, no hubo nunca un pelotero tan grande en Esquel"

 

 

Cuando vimos el galpón tuvimos la suerte de que entraban los camiones directamente a darnos los materiales. Una vez que observamos la altura dijimos: podemos hacer hasta tres pisos.

 

Ahí fue cuando empezamos a diseñarlo...

 

 

 

Gustavo, Andrés, Silvana y Gustavo comenzaron a pedir las cosas desde Buenos Aires, a excepción de los hierros que lo compraron en Esquel. 

 

 

"Eran toneladas, en ese momento era más accesible, hoy en día no podríamos comprar esa cantidad" 

 

 

Lo íbamos viendo de acuerdo a la funcionalidad. Si veíamos algo que se rompía mucho, se iba cambiando.... La idea era ser innovador.

 

 

 

Los cumpleaños y la demanda

 

Teníamos niños que realizaron sus cumpleaños durante 9 años...

 

 

"No había lugar, hacíamos 500 y pico de cumpleaños por año"

 

 

La idea del nombre

 

A mi mamá le gustaba mucho la numerología, en ese momento se fue de viaje y posteriormente comenzamos a pensar en nombres, en principio habíamos pensado en una estación de tren pero luego salió "Estación Aventura". Al tiempo, surgió el dibujo de la pared de adentro.

 

 

 

Mi mamá había dibujado antes de pintar el mural, y así quedó: El famoso tucán. Cuando lo estábamos pensando, y las letras en caña también las realizó ella. 

 

Inicios

 

Al principio abrimos en Julio, antes de las vacaciones de invierno.... ¡Se llenó! No dábamos abasto, éramos los cuatro atendiendo:

 

 

"Chicos y chicas entraban de a 100"

 

 

 

Desde el primer día fue muy demandado. Al principio no hubo cumpleaños, solamente gente que iba a conocerlo.

 

Recuerdo que la hora en el pelotero valía 2$ en ese momento. la media hora 1$.

 

Teníamos miedo si abría otro lugar así, porque en Esquel suele pasar, y cuando abrió "Nana", nos asustamos, pero era muy distinto. 

 

Los juegos los traíamos desde Buenos Aires y el lugar tenía 85 barras de hierro: Hoy vale lo mismo que una casa.

 

La instalación de los juegos

 

Primero lo dibujamos entre los cuatro: dijimos acá ponemos tal cosa, acá otra. Los pisos los armábamos nosotros, era durlock, arriba planchas de goma espuma y después todo forrado con lona. Traíamos rollos de distintos colores...

 

 

"Todo armamos, estábamos colgados, en ese momento con toda la energía no nos daba vértigo: atábamos y cosíamos redes en los hierros"

 

 

Fueron tres meses de un laburo impresionante. 

 

Primero atendimos todos el pelotero, luego Andrés y Gustavo se ocupaban del mantenimiento. Después ya buscamos a alguien que se ocupe de la limpieza porque era mucho todo lo que había para hacer.

 

Como la clave era innovar, en un momento implementamos unos juegos de agua, que no funcionaron por el clima de Esquel. Estuvo un año, eran dos torres gigantes, tenían toboganes que caían en piletas.

 

 

Rutina y nuevos lugares

 

Abríamos a las dos de la tarde al público y cerrábamos a las diez de la noche al principio. 

 

En el 2000 abrieron un pelotero en Trevelin durante un tiempo debido a la gran demanda, pero no funcionó porque todos iban para Esquel. Se desarmó y se usaron las piezas para arreglar y cambiar el pelotero que tenían en la ciudad.

 

 

 

"Al ver que tanta gente de Trevelin llegaba a Esquel, abrimos allá. No había más lugar para hacer cumpleaños"

 

 

Una vez al año hacían un cambio para ir modernizando el lugar. Cuando pasaban los años y los chicos iban a todos los cumpleaños ahí, pensaron en diseñar nuevas cosas, por ejemplo la tirolesa, mejor llamada "la corredera".

 

 

 

Anécdotas

 

 

"Hemos alquilado para año nuevo a grupos de adultos, y después nosotros también pasábamos esas fechas ahí"

 

 

En nuestros cumpleaños y festejos hacíamos carreras y competencias para ver quién terminaba más rápido de recorrer todos los juegos, era muy divertido y la pasábamos muy bien.

 

 

 

"Volvías a ser chico tengas la edad que tengas. Fue una época de mucha movida y diversión"

 

 

Imagínate que a mi me venían a visitar desde Buenos Aires y llegaban directamente al pelotero, los atendía ahí.

 

El tiempo y la energía

 

Después de un tiempo comenzamos a abrir a las cuatro, cuando alquilamos más para los cumpleaños y no sólo para ir a jugar.

 

A su vez teníamos que comprar mercadería, y  por ejemplo si aumentaba la logística de mantenimiento, cambiaba todo: buscar papas fritas, torta, que venga el de la gaseosa... Había que estar en todo.

 

En las comidas siempre intentábamos ponerle una onda distinta, habían cuatro menús: 

 

Pelotero solo, con bolsa, piñata y la decoración.

 

 

 

Básico de comida, con panchos y podías incluir la torta (había gente que la traía).

 

 

 

Después agregamos uno con pizza y hamburguesa. 

 

 

 

"El día que teníamos uno con pizza y hamburguesa, tenías que laburar.... Nosotros nos embalábamos y nos metíamos, pero después había que hacerlo" 

 

 

 

Respecto a la energía, había que ponerle mucha onda. En principio teníamos que cuidar a los chicos y estar atentos, pero a la vez tenías que estar haciendo los panchos, preparar todo para el próximo cumpleaños... Era mucho.

 

 

"En el mejor momento hacíamos 5 cumpleaños por día durante los fines de semana: de 12 del mediodía a 12 de la noche, y los feriados también"

 

 

Por los primeros tres o cuatro años no nos fuimos de vacaciones, estábamos ahí adentro todos los días menos tres días al año: viernes santo, 25 de diciembre y 1 de enero.

 

Cuando venían las visitas, los mandábamos a jugar, los sentábamos a tomar mate. Nos turnábamos o iban de paseo con mi marido o conmigo, pero siempre alguno se tenía que quedar.

 

 

"Éramos dos atendiendo en un momento: Andrés y yo. Los demás se ocupaban del mantenimiento"

 

 

 

Ya nos habíamos distribuido, cada uno tenía su tarea. Para ese entonces también abrimos el restaurante llamado "Mirasoles"; y ahí nos repartíamos cada lugar entre los cuatro.

 

Pedías que alguien haga un poco más, pero también tenías que estar atrás mirando. Capaz que por exigente pasaba, porque personalmente me gustaba que todo esté bien.

 

 

"Podría haber relajado un poco, pero en el momento quería hacer todo perfecto y que las personas quieran seguir viniendo"

 

 

Cumpleaños

 

Para mi, cada festejo era único. Siempre pensaba en el niño o niña que iba a festejar, no podía estar con mala energía... Al quinto cumpleaños en un día, ponía igual la mejor cara. Teníamos repartidos días y horarios, hacíamos mitad de jornada con Andrés. 

 

 

 

"El niño tenía que sentirse bien, era su cumpleaños y debía ser especial"

 

 

Los juegos

 

Se nos iban ocurriendo, pensábamos entre todos. Por ahí venia uno, daba una idea, la evaluábamos y la hacíamos.

 

 

 

Yo, por mi parte, hice un taller de expresión creativa y ahí comenzamos a poner telas para que se disfracen. Siempre las ideas funcionaban.

 

 

 

El cambio de ir desde Buenos Aires a Esquel

 

En lo personal, no fue difícil el cambio, queríamos venir. Además, estaba acostumbrada a atender a chicos y chicas.

 

Cuando trabajas de maestra, lo social ya lo tenés incorporado cuando llegas a un lugar nuevo: El vínculo entre padres, maestros... entablas un vínculo social.

 

Mis dos amigas de Esquel son dos maestras que conocí apenas llegué: Claudia y Alicia.

 

Más anécdotas

 

Cada quince días teníamos que limpiar completamente los juegos y sacar las pelotas. Se limpiaba el fondo del pelotero y ahí encontrábamos muchas medias.

 

 

 

¡Había una caja entera con medias perdidas!

 

 

Se metían papás y mamás a jugar con su hijo y perdían celulares, llaves de auto, documentos... se les caían las cosas de los bolsillos y estaba todo el mundo revolviendo pelotas hasta que aparecían.

 

Por ahí a la noche recién decíamos, mirá, báncame que cuando cerramos nos metemos y damos todo vuelta.

 

 

"Ibas arrastrando los pies y te encontrabas de todo"

 

 

También recuerdo que una vez se empezó a descocer la punta del colchón inflable, donde caía la tirolesa. En ese momento estaba con Andrés y me metí adentro del pelotero, lo sostuve y lo agarré durante diez minutos para que no se escape el aire.

 

Imagínate que se desinfle un juego en pleno cumpleaños...

 

Por suerte al frente el zapatero cocía lona y él nos arreglaba todas las cosas. Después comprábamos colchones de repuesto por las dudas...

 

Después algo que me pasaba es que recordaba el nombre del 90% de los chicos que festejaban el cumpleaños en Estación Aventura. Yo decía: ahora debe estar por venir tal porque el nene cumple tal día... o conocía a los adultos por el nombre de sus hijos:

 

 

"La mamá de... El papá de..., todo gracias a los nenes y los cumpleaños"

 

 

 

Algo que me daba mucha emoción era la gente con pocos recursos que se esforzaba por hacer el cumpleaños ahí, e intentábamos dar lo mejor porque sabíamos todo lo que hacían para poder alquilar el pelotero para su hijo o hija.

 

También a la mañana iban las escuelas, los jardines y primeros grados: día del niño, día de los jardines, siempre y cuando había lugar.

 

 

 

La altura de los juegos y los "escondites"

 

Tenían entre cinco y seis metros. Arriba había una terraza de cemento, donde estaba el portón abajo. Atrás de la cama elástica, teníamos todo almacenado: gaseosa, papas fritas, bolsas, compresor para inflar globos... Todo.

 

 

"Llegabas a las cuatro de la tarde, armabas bolsitas. Había una repisa donde poníamos por orden de cumpleaños las bolsas armadas en las cajas de turrones, las etiquetábamos y poníamos día/hora"

 

 

Estaba todo acomodado y nunca estabas sin nada para hacer, o inflables globos o hacías bolsitas.

 

Su familia

 

En ese momento ya teníamos a Agustina, quien contaba con cuatro años cuando estábamos en el pelotero. Se crio ahí...

 

Mientras armábamos el pelotero, ella jugaba y se trepaba. 

 

 

"Cuando comenzaron a llegar un montón de chicos, ella perdía el dominio y por ahí bajaba un chico y me decía: Señora, hay una nena arriba que no me deja pasar y dice que es la dueña"

 

 

Yo salía y decía: Agustina.... déjalos pasar.

 

 

 

¡Era muy gracioso!

 

Fue la niña que más cumpleaños tuvo en su infancia, ella salía de la escuela y venía directo al pelotero, toda una vida ahí, hasta haciendo las tareas.

 

Mi otro hijo, Mateo, nació mientras teníamos el pelotero. Lo llevábamos, veníamos, jugaban con él., la verdad es que se portaba muy bien.

 

 

 

Finales y cierre

 

En el año 2006, le compramos la parte a los dos hermanos: Gustavo y Andrés. Cada uno tenía distintos proyectos... compramos su parte y nos quedamos nosotros. Ahí se sumo a trabajar mi mamá y mi hermano, por dos años más.

 

 

"En el año 2008, ya era agotador, después de 10 años haciendo ese ritmo..."

 

 

Lo vendimos y lo volvió a comprar Gustavo con su pareja. En ese entonces le cambiaron el nombre y le pusieron "La Cueva de Merlín".

 

10 años de trabajo...

 

Me da alegría y me vuelve la energía cuando acuerdo todo lo que pasó. También pienso: guau, todo lo que hicimos... con 27 años.

 

 

 

En su momento, cuando lo estás transitando y pasa el tiempo digo: hicimos un montón y lo mantuvimos activo durante mucho tiempo. Fue una etapa muy linda, el hacer y ponerle toda la energía era el momento, después comenzamos a tener otras prioridades.

 

 

"Hoy no podría poner otro pelotero"

 

 

 

Cuando fuimos a Buenos Aires, bajé mil cambios. Imagínate que aparte del pelotero, también trabajaba en un jardín, seguí con un ritmo importante. 

 

En un momento dije: no voy más, y me dedicaba a las compras, buscar las tortas... Atendía mi mamá, mi hermana y otra chica más. El chau fue por agotamiento más que nada... Me encantaba y la pasaba bárbaro pero mi vida personal se limitaba a mi trabajo.

 

Son etapas, es lo mejor que nos pudo pasar en ese momento.

 

 

"Tenemos que ser agradecido con la vida por los momentos y oportunidades que te da. También con las personas que cruzaron nuestro camino, porque si no nos relacionábamos con Gustavo y Andrés, no existiría el famoso Estación Aventura"

 

 

Con humor, energía e innovación, esta familia logró aportar en Esquel un lugar original y que quedará en la memoria colectiva de la ciudad.

 

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