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01 de Julio de 2023
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Un error, un calvario: tenían que extirparle el riñón izquierdo pero le sacaron el derecho

Fue en Madryn. La vida de Aída cambió para siempre. Los médicos le dieron explicaciones evasivas. Ahora, sufre secuelas psíquicas y fobias. “Hay un pacto de silencio”, le dijo el hijo a Red43.

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A los 61 años, Aída Luz Suhurt dejó de ser quien era. Ingresó en un mundo al que nunca imaginó tras una vida de trabajo y energía junto a su marido y su hijo. Ingresó en un laberinto donde la tristeza, la depresión y el temor no la dejan salir. El motivo de este cambio es tan claro como terrible: le extirparon el riñón equivocado. Esto es: le detectaron un tumor en el riñón izquierdo pero en el quirófano se equivocaron y le extirparon el derecho. Fue el 27 de abril de 2017 cuando ingresó a la Clínica de la Ciudad de Puerto Madryn para realizarse una nefrectiomía (operación quirúrgica en la que se extirpa total o parcialmente un riñón) según consta en el consentimiento que ella misma firmó y a documentos al que tuvo acceso este medio.

 

“A la señora Suhurt se le efectuaron dos operaciones separadas. Evidentemente la cirugía del riñón derecho fue una grave imprudencia al operar el órgano sano lo que motivó un doble acceso quirúrgico y la absurda justificación del procedimiento para enmendar el error cometido. No existía tumor renal del lado derecho, no se intentó reimplantar el órgano inmediatamente cuando los médicos advirtieron el error”, le dijo a Red43 Nicolás Schick, abogado que lleva adelante las acciones legales que inició la familia.

 

Y agregó: “No se puede intervenir ambos riñones en un mismo abordaje quirúrgico todo lo cual revela vicios, deficiencias, errores, imprudencia, inobservancias y negligencias no solo en el error de diagnóstico sino también en la falta de información adecuada y suficiente a la paciente y en la consiguiente falta de consentimiento así como en el imprudente, inexplicable e innecesario quirúrgico sobre el riñón derecho y en la conducta posterior no investigativa sobre el órgano extirpado”.

 

 

 

Camilo no encuentra explicación

 

 

Aída vive junto a su esposo José Lázaro y su hijo Camilo en la ciudad de Puerto Madryn. Alli tienen un comercio en el que los tres trabajaban antes de que ocurriera el hecho. Lidia y su marido, ya jubilados intentaron con ese emprendimiento poder tener un mayor respiro económico. Y en parte, lo habían logrado. Ahora Aída debió abandonar toda tarea. Tras la operación sufrió daños anatómicos, funcionales, estéticos y psicológicos que afectaron su capacidad laboral y le impide desarrollar todo tipo de las actividades. Los informes de los peritos dicen además que se produjo la pérdida de la armonía corporal al extraer un riñón sin alteraciones y que funcionaba normalmente.

 

En diálogo con Red43, Camilo el hijo de la mujer dijo que “fue más que un baldazo de agua fría. Fue una violación, una violación a la confianza. Se nos complicó la vida, perdimos los sueños. Ahora tenemos que pensar en cuidarla, en los controles, en los medicamentos. Está con controles muy estrictos y muy deprimida cuando se entera de algunos casos que ocurren a nivel nacional y que son semejantes”.

 

Camilo agregó que “mi mamá era una persona activa, cuidaba su cabello, trabajaba todo el tiempo. Y ahora solo tiene depresión que cada vez es más grande. Además tiene negación en hacerse atender por los médicos. No confía. Es que de golpe, la persona que vos confías te tira a una camilla como a un cerdo que van a carnear y sale este resultado. Acá hubo un grave error pero también hay un pacto de silencio entre los que intervinieron para defenderse hasta las últimas consecuencias”.

 

 

 

El abogado Schick dio detalles

 

“Y agregó: “Lo que puedo decir es que entregué la vida de mi vieja a la persona que conocía creyendo que era lo más conveniente y en vez de resolver un problema generó otro más grave. ¿Sabes una cosa? El tipo (por el médico) me aseguró en un mensaje de texto: “Tu vieja se va a morir de cualquier cosa menos de esto”. Después de la operación le pregunté que había pasado en el quirófano, pero no tuvo los huevos de decirme la verdad. Esto no es joda. Entregas a tu madre a una persona y te la devuelven casi en coma. Me quisieron hacer creer que durante la operación vieron un tumor en el otro riñón. Y el médico forense me dijo que es imposible que puedan verlo. Asi que además te toman por pelotudo”.

 

Una vez finalizada la cirugía, al despertarse en terapia intensiva de la clínica donde fue intervenida, Aida sospechaba que algo no había salido tal cual lo charlado anteriormente, momentos antes de la intervención donde le habían explicado la cirugía a realizar sobre el lado izquierdo en la zona renal. En más de una oportunidad preguntó por qué tenía dolor en la zona abdominal derecha y porque también la tenía vendada y con puntos recibiendo respuestas escuetas y evasivas por parte del profesional actuante y del resto del equipo de salud.

 

El informe pericial agrega que la mujer realizó varios intentos para lograr una explicación acorde y sensata de lo ocurrido ya que según lo previamente hablado debía ser intervenida del riñón izquierdo y de golpe se encuentra con cicatrices sobre el lado abdominal derecho en el que en ningún momento se planteó intervención alguna.

 

“En charlas posteriores con el médico que intervino, este le informó de la extracción del riñón derecho que “supuestamente” también tenía un tumor y del posterior trabajo de limpieza del tumor del riñón izquierdo.

 

A partir de entonces la mujer recurrió a consultas con médico clínico, nefrólogo y oncólogo y sometida a distintos estudios y tratamientos llevando todos el común denominador de que la nefroctomía derecha fue innecesaria.

 

Pero hay más respecto a cómo afectó la vida de Aída esta penosa circunstancia: “Se desprende del relato de la examinada que la vida cotidiana como afectiva han sufrido intensos cambios que se exteriorizan con fobias respecto a su futuro, manifestando temor a tener que depender de diálisis, de tomar muchos medicamentos, de morirse, de viajar o desplazarse fuera de su domicilio ya que dependerá de centros de diálisis, necesidad de terceros para valerse de su vida cotidiana sea doméstica o cuando sale”.

 

En las conclusiones de la pericia se afirma que la mujer sufrió “las consecuencias gravísimas de un procedimiento quirúrgico innecesario sobre su riñón derecho en una cirugía programada de nefroctomía total o parcial izquierda con diagnóstico clínico de tumor renal izquierdo, con secuelas gravísimas. Hasta el momento de la cirugía la mujer gozaba de un óptimo estado aparente de salud psicofísica sin haber con anterioridad enfermedad o episodio traumático”.

 

Para el abogado Schick los doctores Héctor Bresser y Martín Piana, intervinientes en distintos procesos de la intervención han cometido “una mala praxis médica” y son “sin lugar a dudas los máximos responsables y deberán responder por los actos propios”. Por ahora, desde la clínica solo hay silencio. Se espera dentro de muy poco (quizá antes de fin de año) una decisión de la justicia respecto al caso.

 

En tanto hoy a las 66 años, Aída trata de sobreponerse con todas las fuerzas que aún le quedan. Aunque la mayoría de las veces, no son suficientes.

 

C.G.

 

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