La cultura está de luto por la partida de Rosario Cayecul, reconocida maestra del telar mapuche, que dedicó gran parte de su vida a preservar y enseñar los conocimientos textiles heredados de sus mayores. Su fallecimiento deja una profunda tristeza entre sus familiares, seres queridos y quienes tuvieron la oportunidad de conocerla.
Rosario nació en Boquete Nahuelpan y se crio en Lago Rosario, en el seno de una familia mapuche cuya historia estuvo marcada por el desalojo de sus tierras en 1937. Aquellos acontecimientos dejaron profundas huellas en las familias de la zona y forman parte de una memoria que se transmite de generación en generación.
Su testimonio también forma parte del libro Memoria del Humo, una obra que recupera las historias y experiencias de familias mapuches de Lago Rosario y permite conocer acontecimientos importantes de nuestra región.
Con el paso de los años llegó a Esquel, donde transcurrió gran parte de su vida. Primero residió en el barrio Estación y posteriormente se radicó en el barrio Malvinas.
El telar mapuche ocupó un lugar fundamental en su historia. Rosario perteneció a una generación de mujeres que aprendieron el oficio de sus mayores, cuando los conocimientos se transmitían principalmente a través de la palabra, la observación y la práctica cotidiana.
El trabajo comenzaba mucho antes de sentarse frente al telar. Había que preparar la lana, hilarla, conocer los tintes naturales y trabajar cada hebra hasta convertirla en un tejido. Eran tareas que requerían tiempo, paciencia y dedicación, y que Rosario conocía profundamente.
En la cultura mapuche, el tejido tiene un significado que va más allá de la elaboración de una prenda. Es una expresión de identidad, de conocimientos heredados y de la relación de las personas con su historia. Cada técnica aprendida y transmitida permite que ese patrimonio cultural continúe presente en las nuevas generaciones.
Rosario fue maestra del telar mapuche. No se limitó a realizar sus propios trabajos: dedicó tiempo a enseñar el oficio a numerosas mujeres, acompañándolas en el aprendizaje de las técnicas del hilado, el teñido con tintes naturales y el tejido artesanal.
Sus hijas también fueron parte de ese aprendizaje. De su madre recibieron conocimientos que hoy les permiten continuar con una tradición familiar y cultural. En ellas, y en las mujeres que fueron sus alumnas, permanece una parte muy importante de su legado.
El telar fue además una fuente de trabajo que la acompañó durante muchos años. A través de sus tejidos, Rosario encontró una manera de sostenerse y, al mismo tiempo, conservar un oficio que forma parte de la historia de las mujeres mapuches de nuestra cordillera.
Su trayectoria recibió importantes reconocimientos. En 2021 fue distinguida por su trabajo artesanal en Esquel y, en 2023, recibió un Diploma de Honor del Senado de la Nación por su aporte a la preservación de los saberes tradicionales.
Pero detrás de aquella artesana reconocida también estaba Rosario, la mujer tranquila, familiera y amorosa, para quien sus seres queridos ocuparon siempre un lugar especial.
Fue esposa, madre, abuela y bisabuela. Sus hijos, nietos y bisnietos estuvieron presentes a lo largo de su vida, acompañándola en los momentos felices y en las dificultades. Rosario sembró mucho amor y recibió ese mismo cariño de una familia que supo estar a su lado.
Quienes alguna vez llegaron a su casa seguramente recordarán su hospitalidad. Siempre había un lugar para compartir un mate, un plato de comida caliente o unas tortas fritas. Le gustaba recibir a las visitas y compartir esos momentos sencillos que hoy se convierten en recuerdos entrañables.
Hoy se cierra otro libro. Se fue otra de nuestras abuelas.
Se están yendo esas mujeres que conocieron el sacrificio desde pequeñas, que aprendieron a salir adelante y que guardaban en su memoria conocimientos que no siempre quedaron escritos. Mujeres que, con su trabajo y sus experiencias, fueron dejando enseñanzas a las nuevas generaciones.
Los abuelos de antes solían decir que, cuando partía una persona de alma buena, hasta el cielo lloraba. Y precisamente hoy, mientras sus seres queridos despiden a Rosario, la lluvia acompaña esta triste jornada en Esquel.
Con su partida queda el recuerdo de una mujer que supo vivir, luchar y sembrar amor. Su familia conserva sus enseñanzas y el cariño de toda una vida; sus hijas y alumnas mantienen vivo su legado artesanal, mientras quienes compartieron un mate o una conversación con ella guardarán el recuerdo de su hospitalidad.
Rosario fue una de esas abuelas que, desde la sencillez de su hogar y el trabajo de sus manos, contribuyeron a mantener viva una parte de nuestra historia.
Que en paz descanses, querida Rosario.
LC