En la Región Sur de Río Negro, cerca del cerro Chávez, un grupo de pobladores quedó varado al intentar cruzar el desbordado arroyo Pilquiniyeo. El temporal complicó el paso y convirtió el cruce en una espera de varias horas.
A bordo de una clásica Ford F-100, intentaron atravesar la correntada, pero el agua y el barro les impidieron continuar. Ni siquiera las cadenas colocadas en las ruedas fueron suficientes para superar las condiciones del terreno.
Con el paso de las horas, el hambre empezó a hacerse sentir. Lejos de quedarse esperando sin hacer nada, los ocupantes de la camioneta bajaron una cocina y una garrafa que llevaban a bordo y aprovecharon un capón que transportaban para preparar un asado.
En medio de la lluvia y el viento, improvisaron el almuerzo al aire libre mientras seguían varados. La escena se convirtió en una postal de la vida rural patagónica, donde la paciencia y el ingenio también forman parte de la rutina cuando el clima impone sus propias reglas.
La crecida del arroyo volvió a mostrar las complicaciones que enfrentan los pobladores rurales durante los temporales, cuando el agua y el barro pueden dejar los caminos intransitables y cortar la circulación durante horas.