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25 de Octubre de 2026
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Casa Los Vascos cumplió 100 años: un viaje al pasado en el corazón de Esquel

Fundado en 1926, Casa Los Vascos cumple 100 años en Esquel. Entre muebles antiguos, aromas característicos y atención personalizada, el histórico comercio conserva la esencia de los tradicionales almacenes de ramos generales. 

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Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac. 

 

 

 

Alejandro Del Valle trabaja hace aproximadamente 15 años en Casa Los Vascos y conoce a la familia propietaria desde su llegada a Esquel. En el centenario del histórico comercio, cuenta cómo se conserva la esencia de un lugar que forma parte de la historia de la ciudad.

 

 

 

Un siglo de historia entre sus estanterías

 

Hay lugares que parecen detener el tiempo. En Esquel, Casa Los Vascos es uno de ellos. Sus estanterías, sus muebles de madera, la diversidad de productos y hasta sus aromas forman parte de una identidad que permanece intacta desde hace décadas, mientras afuera todo cambia.

 

Fundado en 1926 por los padres de los actuales propietarios, Ángel y Ema Valbuena, el comercio cumple 100 años como uno de los espacios históricos de la ciudad. A lo largo de ese siglo, atravesó distintas épocas y crisis económicas, pero conservó una característica que lo distingue: su formato de almacén de ramos generales, donde conviven rubros muy diferentes bajo un mismo techo.

 

 

 

Alejandro Del Valle trabaja allí desde hace aproximadamente 15 años y conoce a la familia Valbuena desde que llegó a Esquel. Desde ese lugar, acompaña el desafío de mantener vigente un comercio que no solo forma parte de la actividad económica local, sino también de los recuerdos de varias generaciones.

 

“Es una celebración llegar a cumplir 100 años, es todo bonito”, expresa al referirse al aniversario.

 

La fecha exacta de la fundación fue en septiembre, pero las celebraciones se extienden durante todo el año. Entre las propuestas conmemorativas, el comercio lanzó una línea de productos con su identidad, que incluye jarritos, mates y toallas bordadas. La iniciativa tuvo una respuesta que superó las expectativas iniciales, tanto entre los vecinos como entre los turistas que visitan la región.

 

 

 

El aroma inconfundible de otra época

 

Quienes entran a Casa Los Vascos se encuentran con una experiencia que va más allá de una compra. La mezcla de aromas de la fruta, el cuero de la talabartería, los productos de perfumería y la madera de los muebles conforma una marca propia, difícil de encontrar en otro lugar.

 

Para Alejandro, conservar esas sensaciones es parte fundamental del trabajo cotidiano. La intención es que quienes atraviesen la puerta puedan reconocer la esencia del comercio, incluso después de cien años.

 

“Los aromas también, que es algo muy distintivo. Acá se mezcla el aroma de la fruta con el cuero de la talabartería, la naftalina de la tienda, la madera de los muebles y hacen que sea un aroma único”, cuenta.

 

 

 

Los muebles, las estanterías, muchos de los productos y la disposición de los sectores también se mantienen como parte de esa búsqueda por preservar la historia. No se trata solamente de conservar objetos antiguos, sino de sostener una experiencia que involucra todos los sentidos.

 

“La gente cuando entra, que sienta como que entró en el túnel del tiempo, que todos los sentidos, ya sea como te decía, la vista, el olfato, todo, lo lleve a un viaje en el tiempo”, describe.

 

Sin embargo, detrás de esa atmósfera tradicional, el comercio incorporó las herramientas de la actualidad. Hoy acepta pagos con tarjetas, códigos QR y billeteras virtuales, realiza pedidos por internet y mantiene sus canales digitales activos.

 

La idea es que la modernización acompañe al negocio sin modificar aquello que lo hace singular.

 

 

 

Un almacén donde conviven todos los rubros

 

Una de las particularidades de Casa Los Vascos es la variedad de productos que reúne. Su estructura conserva la división tradicional en tres grandes sectores: tienda, almacén y ferretería.

 

En la tienda se encuentran indumentaria, telas, lanas, marroquinería, calzado y perfumería. El sector de almacén reúne comestibles, artículos de limpieza y bazar, mientras que la ferretería incluye herramientas, pinturería, talabartería y materiales de construcción.

 

La amplitud de la propuesta responde a una lógica que caracterizó históricamente a los ramos generales: ofrecer en un mismo lugar buena parte de lo que una familia o un trabajador podía necesitar, tanto en la ciudad como en el campo.

 

 

 

“Por eso decimos que es el último almacén de Ramos Generales porque es completo, tenemos todos los rubros”, explica Alejandro.

 

Entre los productos también hay artículos regionales, elaboraciones artesanales y marcas que forman parte de la memoria de muchos consumidores. Algunas incluso resultan difíciles de encontrar en otros comercios.

 

Alejandro recuerda, en ese sentido, la visita del músico Lito Nebbia, quien recorrió el establecimiento durante una actividad vinculada al City Tour organizado por el Museo de Esquel. Al pasar por la perfumería, encontró una colonia que llevaba tiempo buscando.

 

 

 

“Y él vio la colonia La Franco y dijo, no, increíble, esta la estoy buscando por todo el país”, relata.

 

Finalmente, el músico se llevó dos unidades. Una anécdota que refleja cómo, detrás de las estanterías, todavía aparecen productos capaces de despertar recuerdos y sorprender a quienes llegan desde distintos puntos del país.

 

 

 

La atención personalizada como parte de su identidad

 

En un contexto donde las compras por internet y los sistemas automatizados ganan cada vez más espacio, Casa Los Vascos mantiene una forma de atención que prioriza el vínculo con sus clientes.

 

La diferencia está en conocer a quienes entran, recordar sus preferencias y entender qué necesitan. En ocasiones, esa cercanía permite avisar cuando llega un producto esperado o recomendar una herramienta de acuerdo con el oficio de cada persona.

 

“Hay veces que tenés ganas de llegar a un lugar y que te conozcan, que conozcan tus gustos, que te pregunten por tus cosas, que sepan qué es lo que te gusta”, señala Alejandro.

 

 

 

Esa relación, sostiene, depende también del compromiso de quienes trabajan en el comercio y sienten el lugar como propio.

 

“Con los empleados, la verdad es que todos tienen, como se dice, puesta la camiseta, todos tienen amor por esta casa, tenemos, lo sentimos parte nuestra”, afirma.

 

La atención personalizada es así otra de las características que buscan preservar, junto con los muebles, los productos y la organización tradicional de los sectores.

 

 

 

Cien años de trabajo y una historia que busca continuar

 

A lo largo de su historia, Casa Los Vascos atravesó distintas crisis económicas sin abandonar su actividad. Para Alejandro, una de las claves de esa continuidad está en los valores transmitidos por la familia propietaria, vinculados con el esfuerzo, la dedicación y el compromiso con el trabajo.

 

“Todas las crisis que hubo las pudimos atravesar y pasar y llevar adelante el negocio de todas formas, y eso es porque también hay muchos valores atrás que desde los padres les transmitieron a ellos, a los dueños, y ellos a nosotros”, explica.

 

 

 

Aunque Ángel y Ema Valbuena pasan buena parte del año en Buenos Aires, mantienen su vínculo con el establecimiento y continúan involucrados en su funcionamiento. Alejandro destaca especialmente la dedicación de Ángel, a quien recuerda como una presencia constante en el negocio.

 

La intención de la familia es que el comercio siga funcionando durante las próximas décadas, conservando su formato tradicional y adaptándose a los cambios que sean necesarios.

 

 

 

“La idea es seguir trabajando de la misma forma, como te decía. Obviamente vamos a tener que adaptarnos en algunos aspectos y todo, pero mantener el mismo formato de negocio, que siga siendo un Ramos Generales”, sostiene Alejandro.

 

El centenario también encuentra al establecimiento con el objetivo de consolidar su identidad como el último almacén de ramos generales completo del país.

 

 

 

Mientras turistas y vecinos recorren sus pasillos, compran productos regionales o descubren artículos que ya no encuentran en otros lugares, Casa Los Vascos continúa escribiendo su historia.

 

A cien años de su fundación, sus estanterías siguen reuniendo mucho más que mercadería: guardan recuerdos, costumbres y una forma de comerciar que se mantiene vigente. En cada mueble, en cada aroma y en cada mostrador permanece parte de la historia de Esquel, con la intención de que las próximas generaciones también puedan conocerla.

 

 

 

Agradecemos a Alejandro por permitirnos conocer un poco más sobre este histórico lugar. 

 

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