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25 de Febrero de 2020
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Esquel: cómo nació y llegó a ser la ciudad de hoy

En vísperas del aniversario de la ciudad, el profe Jorge Oriola nos cuenta un poco de historia.

Para el aniversario de Esquel, decidimos hacer, junto al profe Jorge Oriola, un repaso de cómo nació y creció la ciudad.

 

 Así nos cuenta un pedacito de historia. Te invitamos a ver la entrevista completa en video.

 

J. O.: Esquel es una ciudad producto del estado y, aún hoy, sigue siendo, con más de cien años de poblamiento, un producto fundamentalmente estatal. Yo diría que la historia recogida de manera oral y a través de muchos discursos ha sido poner el acento en algo real, que era el esfuerzo de los pobladores. Entonces, entre el estado y el esfuerzo de los pobladores, se hizo Esquel. Cuando hablamos del esfuerzo de los pobladores, yo creo que merecemos hacer alguna distinción: acá vinieron muchos pobladores del norte (uno cuando en la Patagonia dice del norte, es al norte del Río Colorado, ¿no?) y el planteo que generalmente se hace es que esta gente, cuando vino a aportar su trabajo, su capital, que a veces no era mucho, mucha gente los llama “pioneros”. Yo soy de los que prefieren analizar un poco el término “pioneros”, porque, muchas veces, cuando se señala a esos migrantes criollos del norte o europeos, no se habla de los nativos: se los invisibiliza. Entonces, parecería que la Patagonia, en particular, que esta zona en particular, florece, crece, avanza, progresa, por el esfuerzo de esos primeros pobladores que vinieron, que tienen nombres de calles, algunos nombres de escuelas, de barrios, cuyos hijos, nietos y hasta bisnietos generalmente son parte de la dirigencia de Esquel o de las “antiguas familias”. Es muy común plantearse esto, invisibilizando a otros pobladores de origen indígena, de origen chileno, mestizos o indígenas que, aparentemente, no sufrían las carencias de esta zona porque estaban acostumbrados a los rigores del desierto, de la estepa, del clima... Yo digo que toda esa gran cantidad de personas son las que más sufrieron, no solamente los rigores del clima, la pobreza y la explotación en el trabajo rural, sino que además son los que sobrevivieron a la campaña del desierto.

 

Digamos que hay una deuda histórica en el reconocimiento a estas personas que estaban desde antes.

 

J. O.: Obviamente. No hay una cronología de asentamientos permanentes, pero sí muchísimos testimonios de tránsito por toda esta zona, especialmente por lo que es la Ruta 40, de numerosas comunidades indígenas, mapuche-tehuelche diríamos hoy en día. Hay un estudio muy interesante que con material del registro civil demuestra que estas familias indígenas, a medida que se asientan en la zona (antes de 1906), denuncian la cantidad de hijos que tienen. ¿Y dónde nació? Bueno, el primero nació en Junín de los Andes, el segundo nació cerca del actual Bariloche, el tercero nació en un paraje, cerca de Cholila, el otro cerca de Leleque, el otro en Cañadón Grande. Y, ¿por qué? Porque venían buscando un lugar donde no se los persiguiera, donde pudieran tener su asentamiento en tierras fiscales y criar sus animales. Esto se puede corroborar con el registro civil. Entre 1895 y 1906, año del telégrafo, hay denunciados unos 550 nacimientos. En el censo de 1895, para toda la región de la Colonia 16 de Octubre, teniendo en cuenta que muchos no fueron censados, había aproximadamente entre 300 y 500 familias dispersas en la zona rural.

 

Con el paso de los años, ¿cómo Esquel se convierte en la ciudad más importante de la Cordillera, de Bariloche para el sur?

 

J. O.: Esquel se convierte, primero, en un pueblo registrado por un grupo de ingenieros que envía el gobierno nacional (el presidente Figueroa Alcorta) que vienen para crear un pueblo, después del conflicto de límites con Chile. El gobierno decide crear un pueblo cerca de la frontera, en esta zona. Terminaron eligiendo este valle. Es un valle húmedo, con algunos pobladores diseminados: en 1906, 31 de enero, después de un año y medio, terminan haciendo el plano de Esquel. Esquel existe a partir de un plano y las estacas que están colocadas en el valle, programando las manzanas, quintas y chacras, todo alrededor del río o arroyo Esquel (el profe menciona, risueño: “Estaba limpio”). Posteriormente, le adjudican el nombre y, en 1908, Figueroa Alcorta firma el decreto por el cual se reconoce la existencia de Esquel.

 

 A Esquel van a llegar los pobladores blancos y los indígenas, diseminados en pampa Esquel, boquete Esquel, valle Esquel, tal cual dice el registro civil, estarán gobernados, liderados por el cacique Nahuelpán, y podrán asimilarse en la reserva con ese nombre. A partir de ahí, Esquel empieza a recibir del estado agencias, es decir, oficinas públicas; se reconocen las escuelas de la zona, se reconoce la dirección de tierras; más adelante, en 1923, al registrar el censo que hay más de 1000 habitantes, se asigna la posibilidad de tener una municipalidad. En la década del 30, las agencias se multiplican: va a haber avión, está proyectado el ferrocarril, la salud pública… Llega el ejército, que se apropia de una cantidad de tierras, y luego de otras después del desalojo de Nahuelpán, en 1937. Diríamos que, a mitad de siglo, cuando termina la guerra mundial, Esquel tiene escuelas nacionales, tiene una escuela secundaria, tiene asentada su iglesia católica y tiene una buena cantidad de comercios, extrañamente situados alrededor de la calle 25 de Mayo y no alrededor de la plaza, como sucede en casi todas las ciudades pampeanas y del norte del país.

 

“Aparentemente, se empezaron a juntar ahí algunos comercios y eso empezó a valorarse. Y bueno, librerías, bares que tenían, en una época, su correspondiente palenque; los primeros cines, el cine Armonía, el cine Ideal, las salas donde antes se proyectaba cine, una biblioteca… es decir, Esquel va tomando una vida comercial muy importante y una vida cultural muy importante”.

 

Esquel crece sobre la base de población que va llegando del norte, población que va llegando de la zona rural y el lógico crecimiento vegetativo, incluso por oleadas. La construcción de la Presa Futaleufú en la década del 70 le imprimió a Esquel un ritmo distinto, un movimiento de dinero muy pero muy fuerte (pasajero), y mucha gente que se quedó, que estableció su hábitat acá, que formaron familias. También muchos docentes, más docentes que médicos, vinieron y se establecieron. Lo mismo sucedió con gente del ejército y de gendarmería, que establecen su familia y ya son parte de la administración pública permanente. Y si te fijás, la administración pública sigue siendo el eje por el cual se mueve dinero en Esquel: por eso, cuando no cobramos, los comercios no cobran.

 

¿Qué pasó cuando Chubut se convirtió en provincia?

 

J. O.: Hubo muchas, muchas expectativas por el tema del federalismo, que está más escrito que practicado en Argentina. Argentina sigue siendo un país muy centralizado en Buenos Aires, nos enteramos más de los problemas de tránsito y crímenes de Buenos Aires y Gran Buenos Aires que de acá a la vuelta. Hubo mucha expectativa de esa especie de autonomía, de poder, en la Patagonia, generar una serie de proyectos de desarrollo propios. En realidad, todos los proyectos de desarrollo que tuvo la Patagonia estuvieron ligados a políticas nacionales: el petróleo, la energía, la pesca, los bosques. En muchos discursos, especialmente en los ligados a la presa Futaleufú, intuyo como que había una especie de complejo, o trauma, de haber sido territorio nacional tantos años. Ese temor a no ser tenidos en cuenta, ese temor a que la obra se la lleven las provincias del norte. Que las influencias políticas del norte terminen quedándose con muchos proyectos que son nuestros: inclusive que Comodoro, o la costa, o Trelew, se queden con proyectos cordilleranos. Eso está permanentemente mencionado. En 1945, cuando en Buenos Aires hay un altísimo porcentaje de agua potable, ya se está haciendo el gasoducto, aeropuerto y además están los bancos, y casi toda la ciudad está pavimentada, acá todavía había agua de pozos, recién empezaba el alambrado público, y recién estaba inaugurándose un tren; en lugar de un tren moderno, un tren que no tenía mucho futuro, porque era no de trocha angosta, sino de trocha mínima. Esquel tuvo un crecimiento a pesar de haber sido, durante mucho tiempo, olvidado por el gobierno nacional.

 

Hay mucho recelo con los porteños, con que tiran todos para allá.

 

J. O.: En general, hasta finales del siglo XX, ese recelo hacia la costa o hacia Buenos Aires era quizá más latente. Esquel hoy es parte de esto que se ve como distinto, desde la cuestión ambiental: inclusive algunos lo toman casi como un paraíso. Había mucha gente que antes decía “pero hay que vivir, ahí en el sur, con el tema del frío, la nieve, estar lejos”, y yo siempre preguntaba “¿Lejos de qué?”. En cambio, ahora hay otra cuestión: hay gente de Buenos Aires que idealiza un poco el sur, pero que reconoce, en el sur, el tema del agua limpia, el tema del aire limpio, el tema de los paisajes, una cierta tranquilidad para criar a los hijos. Eso todavía existe, todavía se da. No sé en las grandes ciudades, por ejemplo, Comodoro y Trelew, con sus problemáticas, pero toda esta franja de la comarca, desde el Paralelo 42, Esquel, Trevelin, el tema del paisaje, el tema de los recursos, el agua, el aire, siguen siendo como parte de una fantasía neohippie siglo XXI, o neoambientalista siglo XXI. De alguna manera eso también ha valorado.

 

Por suerte, por efecto de nosotros mismos, hemos dicho que no a un emprendimiento megaminero, simplemente por el temor al riesgo de contaminación, porque no se estableció ni hubo contaminación: es el primer caso de un rechazo multitudinario, multisectorial, donde nos encontramos gente de distintas ideas políticas y de distintos intereses, salvo este en común; y fue un rechazo muy importante porque la empresa no se pudo asentar, fue una derrota a la política vieja, esta de andar regalando cosas para los votos. Fue muy, muy importante. En ese momento, de 10 concejales solo 2 estaban en contra del emprendimiento minero, o sea un 20%, y un 80% estaba a favor; y el plebiscito salió exactamente al revés, o sea, 81 a 17. Quiere decir que había una marcada tendencia a decir que no. Hubo varios no, pero hubo un no enorme que abarcó a todos. Por lo tanto, esa bisagra que fue el 2002, 2003, que todavía no está cerrada pero seguramente va a perdurar, le dio a Esquel una importancia en este sentido también que resalta: una ciudad que tiene que ver con un ambiente sano. Por ahí, hay cierta atracción desde otras zonas del país por Esquel.

 

“En algunas cosas, sigue siendo un pueblo. El espíritu del pueblo. Vas caminando y mucha gente te saluda, o preguntás por alguien y te dicen dónde vive. Tengo un ejemplo para eso: vivo en la avenida y cerca del cementerio. Cuando el cortejo es muy grande, era una persona conocida. Quizá la persona que falleció no conocía a todo el mundo, pero mucha gente lo conocía. Y lo primero que uno se plantea, si es un cortejo corto, ¿quién habrá sido? En los cortejos muy largos, tres, cuatro cuadras, uno tiene tendencia a preguntar (de hecho, hay gente que llama a la funeraria y pregunta: “¿Quién murió?”). Esto quiere decir que hay, todavía, esa cuestión de conocimiento de pueblo: más las reuniones, los asados, cuando empieza a circular desde el chisme gracioso hasta la noticia. Así que fulano de tal es hija de aquel que fue compañero mío… Y así sucesivamente. Eso todavía existe. Eso es un dato de pueblo".

 

El resto sí, la ciudad todavía está en crecimiento, tecnológicamente tiene que crecer más y tendríamos que tener ese tipo de empleo que esté acorde con la cuestión ambiental, algún tipo de empleo, de recurso, que dé mucho más trabajo, que reduzca el desempleo, y que no sea solamente el crecimiento de parte del estado. Pero bueno, en eso se está. El marco nacional no nos ha ayudado para nada, nos ha pateado en contra en estos últimos años.

 

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