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13 de Enero de 2021
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El Horcón

El Horcón: Trabajar sin contagiarse, esa es la cuestión

Una nueva entrega de la columna de opinión. ¡No te la pierdas!
El Horcón

Cuando un trabajador va a su lugar de desempeño, ya sea público o privado, generalmente comparte espacios -por horas- con otros que posiblemente el rigor del cuidado personal no sea el mismo para prevenir y no contagiarse del coronavirus. En este caso la recomendación de mantener una burbuja sanitaria se complica y sucede, como hasta la fecha, que en una oficina donde exista un enfermo generalmente se replica en otros, que termina, en el mejor de los casos, en el cierre de actividades por 15 días.

 

Falta poco para que se cumpla el año desde que se detectó el primer contagio en Argentina y pese al comienzo de la aplicación de la vacuna, la comunidad científica coincide en afirmar que, al menos, durante este año, continuará el virus con nuevos enfermos y también decesos.

 

Con este escenario llama la atención que muy pocos han adoptado la posibilidad del trabajo a distancia, en el caso de ser posible y estén dadas las condiciones; tales como disponibilidad del personal, recursos técnicos, accesibilidad tecnológica, conexión a internet, situación familiar, entre otras.

 

Parece no tenerse en cuenta ni ser prioritario estudiar y valorar las experiencias de aquellos que llevan ya todo un año desempeñándose de forma semipresencial o con variantes fuera de la oficina que han sido válidas. Por acá se ha confundido erróneamente la posibilidad del trabajo desde casa con el cese de compromiso y el paro de actividades o no estar disponible desde el hogar en los casos que se pueda hacer, por supuesto respetando horarios de labor y descanso.

 

Sin embargo, no ha sido la mayoría, pero trabajar fuera de la oficina o del lugar común de empleo -ya sea de forma permanente o semipresencial- se ha puesto en marcha con logros importantes; tenemos el ejemplo de algunos centros educativos de Argentina o determinados negocios o, incluso,  entes del Estado que, a lo largo de le pandemia, se han mantenido activos con resultados satisfactorios adaptándose a nuevos tiempos, nuevas iniciativas y probado compromiso, sin que con ello se resientan los objetivos trazados.

 

Si bien ya se conoce que el mundo del trabajo está inmerso en un proceso de cambio, donde se prevé la desaparición de empleos tal como los conocemos y surgimiento de otros, lo cierto es que la oficina como fue diseñada hace siglos, poco ha variado su formato. En el contexto actual no son pocas las que se han vuelto inoperantes y con riesgo para la salud, cuando están superpobladas como sucede muy a menudo. Se sigue dando más valor a normas de horarios y presencia que a resultados por labor realizada, sobre todo, en el ámbito público. La oportunidad de repensar el empleo y hacerlo mejor se está desaprovechando porque no es ni prioridad ni preocupación política.

 

Sin soslayar que hay labores y profesiones donde el espacio es fundamental, para otras muchas no lo es y en eso juega un importante rol el diseño de los puestos de trabajo, la idoneidad y los resultados esperados. Las normas existentes, en muchos casos, no son las más adecuadas; para modificarlas la labor es ardua y el compromiso mayor, es un reto moderno. La pregunta es ¿hay disposición política, al menos en lo referente al empleo estatal, de trabajar priorizando metas u objetivos y cuidando al recurso humano? No parece y menos en campaña, donde la prioridad es otra, al menos en Chubut, como dan cuenta incipientes pintadas proponiendo candidatos o rosca virtual y presencial con miras a las elecciones de este año.

 

En cuanto al mundo privado las reglas para sobrevivir son más difíciles, sin olvidar que también le asiste al Estado la responsabilidad de adaptarse a los cambios que se requieran para crear las condiciones que posibilitan emprender e invertir.

 

Aun ignorando el presente y sin miras al futuro, el empleo tendrá que modernizarse estudiando y adaptándose a variantes que hasta hace muy poco no eran las más comunes, lo que se tarde no beneficia ni a empleados ni a la política de turno o a los que aspiran a formar parte de ella; mucho menos al ciudadano que necesita un poco menos burocracia y más sentido común.

 

 

CHISTECITO DE YAPA

 

Policía: ¿Dónde vive?

 

Ciudadano: Con mis padres…

 

Policía: ¿Dónde viven sus padres?

 

Ciudadano: Conmigo…

 

Policía: ¿Dónde viven ustedes?

 

Ciudadano: Juntos…

 

Policía: ¿Dónde está su casa?

 

Ciudadano: Junto a la de mis vecinos…

 

Policía: ¿Dónde viven sus vecinos?

 

Ciudadano: Si le digo no me va a creer…

 

Policía: ¡Dígame!

 

Ciudadano: Al lado de mi casa…

 

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