RED43 opinion
30 de Octubre de 2021
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Rocío Paleari

La maldición de siempre tener que decir algo

Si estamos todos todo el tiempo queriendo decir algo, ¿no será que lo raro y extraordinario es no hacerlo?

Es cierto, Twitter no nos hace escritores, pero nos permite escribir a la velocidad de 260 caracteres y que alguien, conocido en la vida real o no, nos lea. En el mundo digital los usuarios de los medios ya no solo somos consumidores de historias, sino que también las creamos.

 

 

Estamos todo el tiempo contando algo: la pizza que cenamos con amigos, la reversión de algún audio de gente rota, la indignación por alguna ley que está por salir, y puedo seguir contando…

 

 

Últimamente me siento más exigida de lo normal. Cada vez me siento más atrapada en esta lógica donde siempre se espera que yo diga algo. Y a veces pienso, y no estoy tan segura de que realmente se espere, simplemente, siento que si no estoy subiendo un videito a redes sociales me estoy perdiendo de algo.

 

 

Hace algún tiempo atrás decidí borrar TikTok, porque esa aplicación en particular realmente tiene el poder hacerme perder la noción del tiempo. Lo que parecía solo cinco minutos de ocio mientras esperaba a que se calentara el agua para el mate se convertía en media hora y una pava casi incendiada. Ese día fue el límite. Borré la app de mi teléfono. Sin embargo, instagram sigue instalado y por momentos se convierte en mi propio infierno personal.

 

 

En otros momentos la ecuación me parece mucho más sencilla: para vender mi trabajo tengo que estar en redes. Si no vendo, no facturo, si no facturo, no pago las cuentas, y así el interminable ciclo de la vida de adulto aparece para justificar mi adicción a las Redes Sociales. En algún momento de lucidez, dudo de que esto sea realmente así… pero eso dura poco, y enseguida estoy posteando de vuelta, aunque sea en piloto automático.

 

 

Como si eso fuera poco, no solo administro mis perfiles en redes sociales sino que también lo hago para quienes me contratan. Lo disfruto. Disfruto cada momento del proceso: pensar la estrategia, buscar ideas nuevas, escribir los contenidos… pero entonces de vuelta me pica el bichito: si estamos todos todo el tiempo queriendo decir algo ¿no será que lo raro y extraordinario es no hacerlo?

 

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