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20 de Agosto de 2022
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Rocío Paleari

20 líneas sobre cómo extrañar a una amiga

Una nota sobre escribir, la distancia, viajar y la amistad.

Estoy viviendo en un quilombo. La cajonera, un mueble antiguo, restaurado, pero que nunca quedó bien ya no necesita arreglo. No hay problema con que los cajones no terminen de cerrar. Están todos abiertos, a distintas alturas. El último, el de más abajo, apenas asoma. Está cubierto por los otros tres que desbordan de pilchas, todas de colores, que no están ni dobladas ni abolladas. Son simplemente trapos que cuelgan. Escribo con la computadora apoyada arriba de una pila de cuadernos… ya no me queda lugar en el escritorio. Me agarró la loca, diría mi vieja, y pensé que sería necesario reorganizar mi biblioteca antes de embalarla y guardarla en un depósito.

 

Acomodar las ideas antes de viajar. Ayer dejé un alfajor de maizena a medio comer y el culo de una taza de café, olvidado, arriba de una pila de libros de poesía. Whitman, Safo, Pizarnik, Neruda… todos libros que separé en un intento desesperado por convertirme en otra. Siempre envidié a la gente que logra narrar de una forma poética, a quienes saben escribir bonito, a los que dibujan con palabras. Yo solo sé ir al grano, sin rodeos, sin vueltas, bien bruta, bien cruda como mi tierra. Los leí y releí mientras las migajas caían en mi remera y me manchaba los dedos con dulce de leche. Anoté en mi cuaderno un verso de Neruda: “me gustas cuando callas porque estás como ausente” y ahí quedó todo mi intento de volverme una poeta. Reviso las anotaciones de ayer, a ver si logro robarme algo para este texto. Nada. Pienso que el verso de Neruda es bastante bastardeado entre mis colegas feministas, un verso que me llevó a callarme en más de una discusión: es simplemente uno de mis versos favoritos.

 

Pienso que mi amiga Gabi diría que es una grasada, una gronchada si se lo cuento en voz alta. Yo sé que le retrucaría tratandola de clasista por su comentario. Y ella tiraría un vale cuatro diciendo que solo me lo cuenta a mi. Hace cuatro años que vivimos a 2000 kilometros de distancia, pero nunca dejamos de hablarnos, de compartirnos. Y de repente, España me empieza a parecer muy lejos. Y me dan ganas de ordenar la comoda, hacer arreglar los cajones, limpiar el escritorio, volver a poner los libros en sus estantes. Quedarme en la misma zona horaria, para saber que cuando mande un whatsapp ella va a estar despierta y va a poder responder. Aunque sea para decirme que Neruda le parece un grasa.

 

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