- Por Lelia Castro -
A dos días de jubilarse, Graciela nos cuenta cómo fueron sus inicios en la vida como enfermera. Inició en el año ‘82 en el área de salud en la Cruz Roja Internacional de Morón para ser auxiliar de enfermería, una vez obtenido el diploma comenzó a ejercer en Buenos Aires.
“Me enamoré de lo que era enfermería, así que empecé a transitar mi carrera ejerciendo las distintas áreas: adultos, pediátricos. En ese entonces, en esa historia de la Argentina, la neonatología no estaba muy separada, estaba de la mano de la pediatría. Recién comenzaban a separarse la pediatría y la neonatología”.
Es mamá de dos varones, Alejandro de 44 años y Mariano de 24, y casada con Eduardo, un italiano que siempre la acompañó en todo y gracias a quien pudo ser completa en su profesión, como esposa y como ama de casa.
“Había elegido este paraíso que es Esquel para hace el cambio de calidad de vida, alejarme un poco del estrés, porque en Buenos Aires se trabaja: salimos corriendo de un trabajo, nos vamos al otro, y es así. Entonces dije: voy a ir a vivir a Esquel para cambio de calidad de vida, para tranquilidad. Y cuando llegué me encontré con que había muchísimas cosas para hacer, entontes como pulpo seguir en el rol de mamá, ama de casa, esposa, trabajar, acompañar en la universidad, fue todo un desafío. Que lo pude hacer, y creo que sin costo, porque me considero que estoy todavía entera”.
Ejerció en las distintas áreas de salud, pasando por adultos y pediátricos, cuando éstos últimos aún no estaban separados de la neonatología. Transitó por diferentes sectores, pasando por emergentología, guardia, clínica médica, quirúrgica, maternidad, terapia intensiva de adulto y en Buenos Aires en las terapias de PAMI.
“Me gustó la criticidad, así que orienté luego de poder forjarme yo con experiencia como enfermera, me orienté hacia la neonatología”.
Se formó como Enfermera Profesional para concretar su proyecto de vida de hacer carrera y viajar a otros países. Allí se enamoró de a Universidad Nacional de Lomas de Zamora porque está orientada hacia la salud pública, que es lo que a ella le gusta, ya que hasta ese entonces toda su experiencia había estado dada en instituciones privadas.
“Me fui más al centro, a la Ciudad Autónoma, a adquirir más conocimiento y hacer más redituable mi carrera, buscaba también una mejora económica y profesional. Es donde pude ingresar a las instituciones como el Sanatorio Mitre, Maternidad Suizo Argentina, Clínica Trinidad, Garrahan, también pude reforzarme más como enfermera, como profesional y me anoto para hacer la licenciatura, la carrera de grado de Enfermería”.
Junto a su marido, se acercaron a la Casa de Chubut en la ciudad de Buenos Aires y les comentaron que en la Patagonia no había personal de enfermería formado, que alrededor del 2002 habría un concurso provincial, así que viajaron hacia Esquel en modo turistas y conocieron el hospital.
“Me gustó Villa La Angostura, me enamoró, pero le faltaba la neonatología, puesto que yo ya venía ejerciendo allá en Buenos Aires. Comencé también con cargos jerárquicos, como subjefa, después jefa, vicejefa de sección, llegué a tener 50 personas a cargo en el Sanatorio Mitre. Entonces mi fuerte en ese entonces era la neonatología y era lo que había decidido. Villa La Angostura no tenía un hospital con neonatología, así que tuvimos que emigrar un poco más abajo, y terminamos en la ciudad de Esquel”.
En medio del caos económico y social por el que atravesaba el país en el 2001, decidieron hacer un cambio en su calidad de vida y se vinieron a vivir a Esquel, según ella, estaba en el destino. A sus 45 años, concursó en un certamen provincial con tres instancias y allí ingresó al sistema de salud.
“A los seis meses se me convoca desde la jefatura, y el doctor Lombardeli que venga al servicio de neonatología para poder hacerme cargo. Ahí comienzo a cumplir mis funciones, a conocer el servicio, a conocer el recurso humano, a conocer la realidad de este servicio, la parte edilicia, funcional. Entones me hago cargo del plantel de enfermería.”
Una vez allí, se preocupó por reestructurar el sector de neonatología y poder contar con un plantel de recurso humano, más cantidad y con calidad, que estén formados. Trabajaron arduamente entre todos para lograrlo, con el apoyo de los directivos del hospital, la cooperadora, y padres y familias de la comunidad.
“Por ejemplo, tener un sector donde sea lactario, uno de preparación de medicación, empezar a delimitar los sectores como terapia intensiva, intermedia, aislamiento, la residencia materna hacerla más confortable para esas mamás que venían de la zona rural y muchas veces estaban alojadas dos o tres meses”.
La pasión por su profesión la llevó a participar en la formación de auxiliares de enfermería cuando se instaló en esta ciudad una sede de la Universidad de Comahue, ya que no había docentes en enfermería. Luego se alejó un tiempo, ya que le dieron una beca para terminar de formarse en la especialidad de Enfermera Neonatal, en la Universidad Austral en Buenos Aires.
“Egresé como Especialista en Enfermería Neonatal, que es mi último título universitario, justamente para poder brindar cada vez más mejoras y acompañamiento en todo lo actualizado de la enfermería neonatal”.
Entre todo esto, nos cuenta que en Esquel aprendió a disfrutar de muchas cosas y tiene sus momentos tanto de esparcimiento como de relax con sus compañeras de trabajo, haciendo cosas que nunca había hecho.
“También hago mi vida recreativa, aprendí a nadar en Esquel, aprendí a bailar en Esquel, tengo grupos hermosos que no tienen nada que ver con la salud, aprendí a hacer zumba que es algo que no conocía, bailes latinos… eso es mi recreación y cargo energía, y también ayuda a mi salud psicológica y física. Así que supe repartir”.
Nos cuenta que comenzó en el hospital con muchas expectativas, porque era algo para lo que ella se había formado en la carrera de grado, que se quería orientar hacia la salud pública, estando atenta a las fortalezas y debilidades de todo el capital humano.
“¿La salud pública qué significaba? Salir un poco del asistencialismo, la tecnología, eso de la vorágine de la enfermera, que cuanto más invasiva era, éramos lo mejor… no, yo lo que quería era ver qué pasaba con la comunidad, con el trabajo en terreno, cómo podemos abordar al individuo dentro de su contexto, eso para mí era un gran desafío. Porque allá las terapias intensivas neonatales por lo general trabajan con puertas cerradas, donde muchas veces desconocíamos a los papás y a la familia. Quería ver la parte humana, eso era lo que a mí me generaba tanta expectativa cuando vine acá a la salud pública”.
Debido a la falta de una contención psicológica para las enfermeras ante las situaciones de criticidad, Graciela ha buscado estrategias para mantener en condiciones a su equipo de colegas, ya que son su responsabilidad, haciendo reuniones de servicio todos los meses.
“Nos reuníamos acá en el sum del hospital, en un salón de conferencias que se tiene en rehabilitación. No sólo nos servía esa reunión para poder vernos la cara todos, el 100% del equipo de enfermería, sino para comer y tomar algo, relajarnos, poder presentar y ver qué dificultades teníamos, qué dudas surgían, qué experiencias se presentaban, cómo se manejaban, y al mismo tiempo nos capacitábamos”.
Como jefa, se preocupa por la capacitación de las enfermeras para que profundicen el conocimiento y que también se basen en el compañerismo, apoyándose unas a otras. Además, comenta que tienen sus momentos de relajación con conversaciones acerca de su vida personal.
“Una relación basada en el respeto, una relación excelente, nos respetamos todas con nuestras debilidades y fortalezas, algo que debo de mencionar como fortaleza es conocerse al otro, saber dónde está la fortaleza del otro para apoyarse, reconocer las debilidades y no guardarlas ni taparlas, sino esto: me gustaría mejorar en esto, me encuentro que debo de seguir trabajando en esto, eso habla muy bien del profesional con el que estoy trabajando”.
Nos cuenta que le encantan los gemelos, que ha cargado en sus brazos a muchísimos bebés y que en Buenos Aires fue una de la que recibió a los famosos quintillizos Riganti, los primeros que nacieron en la Argentina por fecundación in vitro.
“Yo acá he hecho gestión y asistencialismo, no me podía separar porque es lo que amo: estar en contacto directo con el paciente, su familia, es lo que más me gusta. La gestión es para vehiculizar todas estas transformaciones, pero el asistencialismo, es lo que me nutre como enfermera, es lo más lindo que hay”.
Después de 40 años de carrera, velando por la salud de sus pacientitos y por la calidad humana de su equipo, Graciela siente que ha cumplido su función. Revolucionando y aportando toda su experiencia y conocimientos para las mejoras en el sistema de salud del hospital, viendo las falencias y buscando soluciones. También en el sistema educativo para formar nuevos profesionales que aporten su granito de arena a la comunidad. Y expresa su felicidad cuando un pacientito es dado de alta:
“Yo digo interiormente, y lo hablo con las colegas, para mí es objetivo cumplido, es hacia ahí donde nosotros ponemos todo lo que tenemos para que esa familia se lleve a su hijito, su hijita, sus hijos como desea. Mínimo impacto, mínima secuela, eso es lo que buscamos”.