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29 de Julio de 2017
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Los galeses en chubut: 152 años celebrando la utopía

A lo largo del siglo XIX, numerosos grupos de galeses emigraron a diferentes partes del mundo (Estados Unidos, Australia, Canadá, Brasil, Uruguay, Nueva Zelanda), procurando mantener sus tradiciones culturales y su particularísimo idioma. Los líderes religiosos y políticos de este pueblo milenario – en especial el reverendo Michael D. Jones- buscaron en el fin del mundo un sitio alejado para conservar el suyo, y finalmente lo encontraron en la Patagonia adónde llegaron en 1865 gracias al apoyo del Dr. Guillermo Rawson, Ministro del Interior del Presidente Bartolomé Mitre.

 

Los 153 galeses que desembarcaron en el Golfo Nuevo (actual ciudad de Puerto Madryn) en la provincia del Chubut, se trasladaron hacia la desembocadura del río Chubut (ciudad de Rawson) sobre el Atlántico en busca de agua para abastecerse. Los primeros años fueron sumamente duros para los colonos. El desconocimiento del medio ambiente, la inexperiencia agrícola, sumadas al hecho de que llegaron tarde para sembrar en 1865 y 1867, hicieron que las cosechas de los tres primeros años fueran un completo fracaso.

 

Los sembradíos se encontraban a merced de los fuertes vientos patagónicos por la falta absoluta de árboles que los reparasen. Y durante los primeros diez meses los colonos vivieron sobresaltados esperando el momento de establecer contacto con los indígenas patagónicos, hasta que en abril de 1866 la tribu del cacique Francisco se hizo presente en la Colonia. ¿Cómo trataremos a estos indios?, fue la pregunta que se formularon. Tratar a los indios como nos tratamos unos a otros, fue la respuesta.

 

Los indígenas les proporcionaron a los colonos dos elementos básicos para sobrevivir en el desierto: las técnicas de caza y el modo de manejar caballos, incluyendo la posibilidad de obtener y aprender a usar aparejos, lazos, boleadoras, etc. El comercio y la cooperación con los indígenas (plumas de avestruz, quillangos y lana de guanaco, pan, manteca) derivó en las primeras exportaciones del Chubut y fue la llave del éxito del proyecto de la colonia que los galeses denominaron Y Wladfa..

 

Los galeses transformaron, en apenas veinte años, el desierto en un vergel, dotándolo de una red de irrigación y un ferrocarril que conectaba el valle productivo del río Chubut (Rawson, Trelew, Gaiman, Dolavon) con el puerto de Madryn, guiados por una clara visión estratégica del área. Creado el Territorio Nacional del Chubut en 1884, prolongaron su acción colonizadora hasta los Andes, surgiendo así las ciudades de Esquel y Trevelin en el denominado Cwm Hyfryd (Valle Encantador). El trigo del Chubut pronto ganó premios en Paris y en Chicago.

 

Hoy Chubut es una provincia multicultural, donde los galeses se han integrado a otras numerosas corrientes de poblamiento y turísticas que comparten ampliamente sus tradiciones: la famosa torta galesa (de origen patagónico), el Eistedfodd (un festival anual de canto y poesía) y la enseñanza del idioma galés, que los propios nativos del país de Gales vienen a escuchar en el contexto de un revivir cultural y lingüistico que se registra luego del centenario del Desembarco (1965) y se ha reforzado con las celebraciones del sesquicentenario (2015).

 

La gesta galesa en la Patagonia es una metáfora de la tolerancia. Un ejemplo pequeño pero único en América de convivencia pacífica y cooperación junto a los indígenas tehuelches. Los galeses que llegaron a la Patagonia siguieron siendo hombres sencillos, libres, alegres y solidarios que trataron a los indios como a sí mismos. No intentaron conquistarlos ni evangelizarlos; apenas compartieron con ellos el pan, el frío, el desierto y el sueño de marchar al Oeste. Manteniendo la música y la poesía en el alma. Quisieron conservar la lengua y lograron. Era una utopía. Un proyecto político de aquellos tiempos que es preciso redescubrir en este tiempo, puesto que guarda un mensaje para todos, como auténtico patrimonio de humanidad.

 

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