La Escuela Patagónica de Manejo funciona en Esquel desde hace más de 10 años y fue creada por Juan Carlos Sepúlveda, quien explicó que el proyecto surgió a partir de una propuesta de un amigo y con el objetivo de ofrecer un espacio preparado para quienes buscan aprender a conducir.
“Hace más de 10 años que estoy con esto. He preparado un auto para realmente poder enseñar, para que la gente tenga la comodidad, la seguridad para poder aprender”, explicó Sepúlveda.
El proyecto comenzó luego de una propuesta de un amigo, quien, según recordó, le planteó: “Como vos tenés tanta paciencia, sos muy calmo, y trabajás con gente, ¿por qué no ponés una escuela de manejo?”.
Sepúlveda contó que su profesión principal es la de guía de parques nacionales y de la provincia de Chubut, actividad que desarrolla desde hace más de 35 años. “Estoy acostumbrado a trabajar con gente que no conozco, y hay que tener mucha paciencia también para esto”, señaló.
Para poner en marcha la escuela debió atravesar distintos trámites y esperar la aprobación de una ordenanza municipal. Luego consiguió el vehículo con el respaldo de Toyota.
El automóvil utilizado para las clases cuenta con doble comando, con pedal de embrague y freno del lado del acompañante. “Realmente se sienten muy cómodos, muy seguros, porque justamente cualquier cosa que pase, por cualquier circunstancia, yo de ahí tengo los comandos también”, explicó.
Sepúlveda también se refirió a las dificultades que observa en el tránsito cotidiano de Esquel. Según sostuvo, muchas personas aprendieron a conducir de manera informal. “La gente maneja cada vez peor, ¿por qué? Porque aprendió a manejar como pudo”, afirmó.
En ese sentido, remarcó la necesidad de reforzar la educación y el control vial. “Tenemos que poner semáforos, sí o sí”, sostuvo.
La escuela ofrece preparación tanto teórica como práctica. Sepúlveda contó que desarrolló junto a su hijo un sistema con preguntas, señales de tránsito y un examen virtual para que los alumnos puedan prepararse.
Además, acompaña a los estudiantes durante la instancia práctica previa al examen. “Yo tengo autorización para entrar al autódromo y hacer las maniobras para que la gente pueda, cuando vaya a rendir, ya sabe lo que le van a tomar”, explicó.
Los alumnos que llegan a la escuela tienen edades muy diversas. Sepúlveda mencionó que trabaja con jóvenes desde los 17 años, pero también con personas mayores que nunca tuvieron la posibilidad de aprender a manejar.
Sobre el proceso de aprendizaje, explicó que cada persona necesita tiempos diferentes. “Puede tardar entre 10, 15, 20 clases, depende del miedo que vayan perdiendo para adaptarse también al auto”, indicó.
Tras más de una década de trabajo, Sepúlveda destacó el vínculo que mantiene con quienes pasaron por la escuela. “La gente que aprende bien después te recomienda, y eso es lo más importante”, concluyó.
R.G