Cráneo, mandíbulas y parte del esqueleto de un cocodrilo que vivió hace 70 millones de años fueron descubiertos por un equipo interdisciplinario de especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
El hallazgo se produjo el 10 de marzo de 2020 en rocas de la Formación Chorrillo, a aproximadamente 30 km. al sur de El Calafate, misma zona donde fueron descubiertos anteriormente el Maip macrothorax, y los herbívoros Nullotitan glaciaris e Isasicursor santacrucensis.
Marcelo Isasi y Gabriel Lio, técnico del CONICET en el MACN-CONICET y paleoartista, respectivamente, fueron quienes se encontraban esperando al resto del equipo cuando encontraron los huesos. La alegría del hallazgo duró poco, el humor cambió al saber que dos investigadores japoneses se habían perdido.
Afortunadamente, los científicos aparecieron a salvo y la situación se convirtió en una anécdota dentro de la historia del descubrimiento, contó Isasi este jueves ante un público absorto en el relato en el Salón Auditorio Luis Villarreal del Complejo Cultural Santa Cruz de Río Gallegos.
Isasi recordó que “esa campaña tuvo un tema nada menor que fue que nos agarró la pandemia en el medio de la montaña, tuvimos que descender, esperar para poder volver a nuestras casas. El material quedó guardado en el Museo de Ciencias Naturales hasta que pudimos, con los permisos, ir a buscarlo, lo llevé a mi casa y estuve preparándolo durante más de dos años al cráneo, después empezamos con la preparación del resto del esqueleto”.
Del Kostensuchus atrox, que significa “cocodrilo feroz que refiere al viento del sur”, el cual tenía tres metros de largo con una cabeza que medía 50 centímetros y un hocico con más de 50 dientes, algunos de ellos de más de 5 centímetros de altura, tienen un “70-75%” de sus restos.
“Por la pandemia y también porque el material es tan extraordinario que permitió hacer un trabajo de renombre internacional, estos son los tiempos reales del trabajo”, explicó sobre el lapso de tiempo desde el descubrimiento hasta su difusión.
“Este es uno de los últimos cocodrilos de la era de los dinosaurios, peleaba con dinosaurios carnívoros, podía comerse a otro dinosaurio. Era un cocodrilo corredor, no como los que conocemos hoy, que caminan en cuatro patas más pegadas al suelo. Competía de igual a igual con los dinosaurios, eso marca una tendencia evolutiva de los dinosaurios de competencia de alimentación sino además nos está marcando cómo eran los últimos cocodrilos de la era de los dinosaurios”, reseñó.
Para Isasi, técnico en paleontología desde 2006 e integrante del equipo del Dr. Fernando Novas del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, éste no es su primer hallazgo.
“Los dos dinosaurios que tienen mi nombre, los descubrí en Santa Cruz, los dos son santacruceños, tengo como un amor paternal con esos dinosaurios, uno es Austrocheirus isasii, lo encontramos cerca de la Estancia La Leona, y el otro que se encontró, también en Estancia La Anita, se llama Isasicursor santacrucensis, en las primeras campañas que se hicieron en ese lugar”, recordó.
Sobre cómo se vive un descubrimiento cuando ya es uno de tantos, Isasi aseguró que “no se pierde la emoción. Tenes la emoción del descubrimiento en el campo y los que somos técnicos del CONICET en la limpieza del fósil, donde día a día vamos descubriendo cómo la roca va dejando liberado un ejemplar nuevo para el mundo con su anatomía, su morfología. Día a día, iba descubriendo y se lo comunicaba a Fernando Novas por zoom y nos volvíamos locos de la alegría disfrutando este hallazgo”.