- Por Marisa Gómez-
Llegó Navidad. Ana y sus primos ayudaron a decorar el árbol de Navidad, un pino que ocupó gran parte del living de la casa de los abuelos. Al mejor estilo de Nueva York. También armaron el pesebre, el niño Jesús parecía verdadero. Y los tres colgaron sus cartas.
Doce de la noche. El brindis, los besos y enseguida los ruidos a chapas, los gruñidos y por último las voces roncas que salen de la chimenea.
Es papá Noel, es papá Noel, gritan todos. A Ana y a los primos, se les pone la piel de gallina y corren a sentarse en la alfombra, delante de la chimenea, con los ojos puestos en ese hueco que la abuela decoró.
Llegó Papá Noel, llegó Papá Noel. Nos portamos bien este año. ¡Queremos las bicicletas!, gritan.
La mamá de Ana mira a su esposo, después observa que los gorros rojos que cosió, quedaron apilados en el descanso de la escalera. Nadie quiso lucirlos. Siempre se siente incómoda en esa casa donde todo parece recién estrenado.
De nuevo se escucha el ruido por el agujero de la chimenea y la voz del más allá, que dice para Martín, el más pícaro de la familia.
Baja un paquete, atado por unas sogas.
Bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta, gritan.
Y sí. Una bicicleta roja con pinceladas plateadas, asiento negro con broches brillantes. La mejor del mercado.
Otra vez los ruidos y la misma voz, más ronca que dice para Valeria la princesa de la familia.
Bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta.
Y sí, otra bicicleta rosada flúor con rueditas.
Otra vez más ruidos y la voz tan ronca que apenas se distingue que dice, para Ana.
Bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta, bi-ci-cle-ta.
Los ojos de Ana están puestos en la bicicleta con rueditas de su prima. No mira el paquete redondo que baja por la chimenea.
Los tíos, abuelos, los padres abren los regalos: un perfume importado, una crema de manos, una cartera de Louis Vuitton, un sombrero de Coco Chanel, otro tejido al crochet, unos aros artesanales, una camisa Gucci…mientras Ana observa a su prima que se le levanta el vestido al pedalear, y a su primo que hace ochos en el patio.
Los papás de Ana insisten en que abra su paquete. Y no, no lo abre.
Ana llora. Mira a los primos, a los abuelos, no entiende esa injusticia, ella también escribió una carta y le pidió a Papá Noel una bicicleta.