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23 de Marzo de 2025
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“No es imposible para ninguna mujer”: Blanca Urrutia y una historia de superación

Blanca Urrutia, jubilada del aeropuerto, nos cuenta sobre su vida y el camino recorrido hasta convertirse en la primera mujer egresada como técnica electromecánica en Esquel. 

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- Por Lelia Castro - 

 

Blanca Urrutia de 66 años, nació y vivió toda su vida en Esquel. Su infancia transcurrió específicamente en la toma de agua que se encuentra en cercanías de lo que todos conocemos como “el tambo” del Ejército. Sin embargo, al comenzar sus estudios secundarios, la familia Urrutia se traslada al barrio “Don Bosco”, donde terminan por asentarse definitivamente. 

 

“Tengo amigos todavía de la infancia. Fueron los mejores recuerdos”.

 

Al preguntarle por su infancia, Blanca remarca que tiene sólo buenos recuerdos y grandes afectos que aún hoy se sostienen pese al paso del tiempo: “Fueron los mejores recuerdos de infancia, jugábamos todos juntos e íbamos a la misma escuela”. Asistió con sus amigos a lo que, en ese momento, se llamaba Escuela N°20, y hoy conocemos como Escuela N°76. 

 

“En ese entonces eran todas carretas”.

 

Como nos cuenta Blanca, llegar a la institución era toda una odisea: “En ese tiempo la avenida Alvear no llegaba hasta donde está hoy, sino que llegábamos hasta la calle Volta. Ahí pasaba un canal y hasta ahí nos traía mi papá a caballo. Nos sabíamos lavar los pies ahí para poder llegar a la escuela limpios”. 

 

“Mi papá falleció joven, pero nosotros lo recordamos todos los días y tenemos muchas anécdotas con él”.

 

El padre de Blanca, Ismael Urrutia, era tomero, es decir, se encargaba de mantener limpia el agua que luego la gente de Esquel consumiría. En los recorridos por la laguna y el arroyo, sus hijos se disputaban el privilegio de acompañarlo. Blanca recuerda que, además de jugar mucho con ellos, les enseñó a leer y a estudiar: “Era bastante exigente pero, en ese sentido, también dio la otra parte: el afecto”. 

 

“Nunca nos faltó la parte afectiva, eso hoy yo lo destaco porque sino ninguno de los hermanos hubiéramos tenido el fundamento en la vida. Aprendimos a luchar, a tener valores”.

 

Respecto a su madre Sabina, nuestra entrevistada nos cuenta que se dedicó al hogar hasta la muerte de su marido cuando se tuvo que hacer cargo de toda la familia. Gracias a su esfuerzo y con el recuerdo siempre presente de su padre, Blanca reconoce que todos los hermanos pudieron salir adelante, adquirir valores, estudiar y trabajar. 

 

“Ellos nos decían que la única herencia que nos iban a dejar era el estudio para que nosotros pudiéramos salir adelante”.

 

Al terminar la primaria, Blanca decide continuar sus estudios en la Escuela Politécnica y se interesa específicamente por la orientación de "técnico electromecánico". Termina el secundario en el año 79’, después de un camino complicado y se convierte así en la primera mujer en hacer esta carrera en nuestra ciudad. 

 

“No fue fácil porque para una mujer en ese entonces en una carrera técnica era bastante difícil, más en la especialidad mía”.

 

De esta etapa, Blanca recuerda ser la única mujer en cursar esa especialidad. Sin embargo, como ella misma reconoce: “yo no tuve problema por ser mujer, me exigían igual que a los varones y todos me respetaban”. Así, con un clima ameno entre sus compañeros y grandes aprendizajes logró culminar esta etapa. 

 

“En el Aeropuerto no había mujeres en esa área y es mucha responsabilidad”. 

 

Con la reciente muerte de su padre y la necesidad de encontrar un trabajo, Blanca consiguió un puesto en el aeropuerto de Esquel. Allí comenzó a trabajar en una oficina de “Información aeronáutica”, brindando ayuda a los pilotos y a todo aquel que lo solicitara. Con el tiempo y muchos cursos de preparación después, Blanca fue adquiriendo otras responsabilidades en su lugar de trabajo. 

 

“Me acuerdo que estuve en el primer operativo que se hizo de INCUCAI en Esquel”. 

 

Sobre su trabajo en el aeropuerto nos cuenta que, con el paso del tiempo, fue cambiando y así también lo hizo su función dentro del mismo. El sistema de seguridad en un comienzo estaba vigilado por un solo gendarme, “y después pasaron a la PSA que está en la actualidad”. Blanca pasó así a convertirse en jefe de los servicios de tránsito aéreo dentro de la NAC. Finalmente, se ubicó en el sector del control de la parte externa del Aeropuerto. 

 

“En ese entonces yo me preparé como personal civil de la Fuerza Aérea”.

 

Blanca reconoce que pudo afrontar todas las responsabilidades de este nuevo trabajo gracias a que se esforzó y preparó: “Yo estudiaba, me gustaba prepararme para lo que yo hacía. De hecho, en la parte de aviación nada podemos inventar porque ya está todo escrito, reglamentado”. Este afán por el saber la hizo viajar en más de una ocasión a Buenos Aires porque era precisamente en Ezeiza donde se brindaban los mejores cursos. 

 

“El primer curso que hice duró 4 meses y medio, y fue a 15 días de haberme casado. Me fui igual”. 

 

Al preguntarle sobre cómo fue capaz de complementar su vida laboral con un hogar, Blanca reconoce que al comienzo, sin nadie que los ayudara, hacían todo a medias con su esposo Eduardo. Para solventar los gastos de la casa, aparte de su trabajo, Blanca daba clases particulares de matemáticas, física y química. 

 

“En ese entonces mi sueldo no era bueno y tampoco lo era el de mi esposo, yo me hacía tiempo para dar clases particulares de matemática”.

 

Tiempo después, la pareja recibe la mejor noticia y el regalo más esperado: su hijo Martín. Trabajando juntos como hasta entonces logran llevar adelante su nueva vida como padres. Su propósito siempre fue “disfrutar del tiempo que nos quedaba”. 

 

“Mi esposo también estuvo con los “Cascos azules” en Croacia, y después le tocó Haití, así que pasaron meses en los que no estaba en casa y había que seguir adelante”. 

 

En el 2018 y con 33 años de servicio en el aeropuerto, Blanca se jubiló. Como despedida, los compañeros la festejaron con un gran asado: “Ahí sentí que algunas semillitas dejé, porque uno va aprendiendo pero también va enseñando”. Hoy, con su nueva vida de jubilada, Blanca se dedicó de lleno a un hobby que la apasionó siempre: correr. Además, sumó otros nuevos amores: yoga, natación y danza folclórica. Como ella misma reconoce: “No paro”. 

 

“Quiero agradecer a la gente del hospital que tanto hacen. Uno no se imagina el trabajo que tienen ellos cuando hacen una derivación”. 

 

Blanca se despide agradeciendo a sus compañeros y revalorizando el trabajo que se realiza en los aeropuertos: “si no fuera por el esfuerzo de todos, no se podría mover un aeropuerto, tanto acá como en otros lugares”. Además, quiere dejar un mensaje dirigido a las mujeres: “Nosotras somos las que nos tenemos que dar el lugar, el espacio, el respeto. Podemos generar grandes cambios”. 

 

“La mujer puede llegar a donde quiera llegar”. 

 

Nosotros agradecemos enormemente a Blanca por abrirnos las puertas de su hogar y de su corazón, y brindarnos esta hermosa entrevista. 

 

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