- Por Lelia Castro -
Vecino de la ciudad, gran fotógrafo y reconocida inspiración, en su día a día Roberto se dedica a recorrer distintos puntos de la ciudad para visibilizar los distintos estilos de vida de los esquelenses, pero también lo podemos encontrar en diversos eventos culturales y sociales: siempre cámara en mano.
“Recuerdo como mi primer cámara a una kodak, y un viaje a ver el Alerzal Milenario, siempre en familia, y recuerdo una de las primeras fotos que tengo que yo catalogué como una buena foto”.
Cuando recuerda sus inicios en la fotografía, Roberto tiene muy presente su primera cámara a los 10 años y la primera buena foto tomada con ella. Sin embargo, aún tiene sus dudas respecto a la autoría de la misma, ¿fue él mismo o su madre?: “No sé quién la habrá hecho pero es mi primer recuerdo del hecho fotográfico en sí”.
“La vida y los años me fueron llamando para el lado de la fotografía, y en determinado momento me di cuenta que era un estilo de vida, que no era sólo el hecho de sacar fotos, que era algo más, era tratar de transmitir sentimientos, de buscar los sentimientos de la imagen y empezar a hacer fotos. No es lo mismo sacar fotos que hacerlas”.
Roberto reconoce que algo en la fotografía siempre “lo llamó”. A medida que pasaba el tiempo y se internaba cada vez más en este campo confirmó su pasión. Hoy en día dice no considerarse un fotógrafo documental porque siempre va en busca de la luz particular que haga de esa foto una buena.
“Para mí, la cantidad, la calidad y la calidez de la luz es la que cataloga esa foto, y no el lugar donde yo estaba”.
Tras el reconocimiento de una de sus tías, Roberto decide inconscientemente ser el fotógrafo de su grupo de amigos: “en las salidas, en las idas al lago, en los asados, siempre sacando fotos y así es como después me fui metiendo en la fotografía profesional”.
“El hecho de ser profesional, para mí, desde el punto de vista que yo lo veo, no implica tener una cámara de rango alto, una cámara tope de gama, sino que para mí ser profesional implica determinada responsabilidad, ya sea a la hora de llegar a un evento, a la hora de cumplir con los plazos que uno establece, también cumplir con determinada calidad”.
Sus inicios en la fotografía profesional están marcados por el diario “El Oeste”. En ese mismo tiempo, comienza la venta en cuotas con tarjeta de crédito y Roberto convence a su “vieja” para que le compre una cámara. Con esa nueva adquisición, comienza a ampliar sus horizontes y a moverse por la ciudad buscando una buena foto.
“Terminé escribiendo las notas, sacando las fotos y armando la página de deportes de lo que era el viejo diario ‘El Oeste’. Ese fue mi primer encuentro con la fotografía”.
Cuando le preguntamos por la que considera su mejor foto, Roberto nos afirma que no tiene una favorita, por el contrario, “creo que la mejor foto es la que está por venir”. Sin embargo, en estos casi 35 años en la fotografía, Roberto pudo cumplir sueños. Uno de estos sueños fue entrar en el 2007 a un camaruco en la colonia Nahuel Pan a hacer fotografías: “hoy por hoy, en el Museo Nahuel Pan están esas fotos”.
“Uno busca momentos más volátiles, efímeros, más rápidos, únicos. Yo creo que ahí está el desafío”.
Otro de los momentos únicos e irrepetibles que marcó a Roberto fue cuando pudo retratar un parto y recibir después los comentarios de la familia: “para mí fue sumamente emotivo”. A su vez, se lamenta de todas las fotografías que no pudo sacar, principalmente de atardeceres que se escaparon mientras intentaba armar su equipo. En este sentido, asegura que un segundo perdido en fotografía ya puede ser fatal.
“Yo quiero separar el hecho de sacar fotos del hecho de hacer fotos. Por ejemplo en mi caso, hay muchas de las fotos que yo las saco 2 y te podría decir que 3 veces porque primero me las imagino, después la saco y la tercera es cuando la estoy editando”.
Roberto tiene muy presente, además, todos los momentos tristes que le tocó retratar. Recuerda especialmente el velatorio de don Artemio: “fue un momento triste porque era un personaje, era una institución, un pintoresco de Esquel”. Esto fue posible porque Roberto considera que la cámara le permite un distanciamiento necesario con el evento en cuestión.
“Durante muchos años consideré que mis fotos eran como mis hijos, que no había otra imagen igual, y eso hoy en día lo trato de plasmar en mis trabajos”.
Gracias a la fotografía, Roberto pudo recorrer y conocer muchos lugares; sin embargo, lo que más valora son las amistades que pudo entablar a raíz de esta pasión. Recuerda con especial cariño y mucha emoción a su gran amigo, Pato Vidal: “siempre una persona con una bondad y un corazón tremendos”.
“Una foto no tiene sólo una cuestión de imagen, va mucho más allá: en cuanto a la composición, en cuanto a miles de cosas que uno trata de transmitir, o al menos es lo que yo trato de contar. Trato de contar un cuento, una historia, un relato”.
A modo de cierre Roberto nos invita a luchar por nuestros sueños. Aunque reconoce que vivir únicamente de la fotografía en nuestra ciudad es muy difícil, afirma que con pasión todo se puede lograr: "y seguir, porque de eso se trata la vida: de seguir intentando y seguir viviendo día a día”.
Agradecemos a Roberto por acceder a realizar la entrevista. Sus fotografías han sido siempre una inspiración constante para todos los esquelenses.