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09 de Marzo de 2026
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Fósiles marinos en la cima del mundo: el pasado oceánico del Monte Everest

El hallazgo de restos de ammonites y caliza marina en la cima del Everest demuestra que la montaña se formó a partir de sedimentos oceánicos elevados por la colisión de placas tectónicas hace 50 millones de años.

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Aunque el Monte Everest es hoy el pico más alto de la superficie terrestre, las rocas que componen su cima guardan el registro de un pasado remoto bajo el océano. Investigaciones paleontológicas han confirmado la presencia de fósiles de organismos marinos en la piedra caliza que forma la parte superior de la montaña, demostrando que este relieve fue, hace millones de años, un lecho marino.

 

El origen en el Océano Tetis

 

La historia geológica de la región se remonta al antiguo Océano Tetis, una masa de agua que existió entre hace 250 y 66 millones de años. En este ambiente marino se acumularon sedimentos, algas calcáreas y restos de moluscos que, bajo presión, se transformaron en capas de piedra caliza.

 

La cima del Everest está constituida principalmente por la Formación Qomolangma. Se trata de una capa de roca caliza de aproximadamente 450 millones de años en la que se han identificado:

 

Crinoideos y braquiópodos: Organismos marinos que habitaban aguas poco profundas.

 

Ammonites: Cefalópodos extintos cuyos fósiles son frecuentes en la zona.

 

Microfósiles: Restos de foraminíferos y pequeños dientes de tiburones antiguos.

 

La colisión de placas y el levantamiento

 

El proceso de formación de la cordillera comenzó hace unos 120 millones de años, cuando la placa tectónica india inició su desplazamiento hacia el norte. Hace aproximadamente 50 millones de años, el choque de esta con la placa euroasiática provocó el plegamiento y la elevación del antiguo fondo marino.

 

Este fenómeno de colisión continental empujó hacia arriba los sedimentos del Océano Tetis hasta convertirlos en el sistema montañoso más alto del planeta. Actualmente, el Himalaya continúa elevándose a un ritmo estimado de cinco milímetros por año debido a la presión constante entre las placas.

 

Impacto geológico y climático

 

La presencia de estos fósiles en regiones como el valle de Tingri, en el Tíbet, permite a los científicos reconstruir la biodiversidad y el clima del Jurásico y el Cretácico. Además, la existencia de esta barrera geográfica influye directamente en el comportamiento de los monzones en Asia y en la sismicidad de la región, producto de la energía acumulada en las fallas tectónicas de Nepal y el norte de la India.

 

La evidencia paleontológica en la cumbre del Everest es un recordatorio de la dinámica de la litosfera terrestre, donde estructuras que hoy parecen permanentes fueron, en otra era geológica, ecosistemas submarinos.





M.G

 

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