Por Rocío Germillac y Elisabet Blanco Wegrzyn.
“Señoras, señores, muy buenas noches. Aquí comienza Panorama 4”.
La frase todavía resuena en la memoria de miles de vecinos. Durante años fue el saludo que marcaba el inicio de cada jornada informativa en Esquel. Del otro lado de la pantalla estaban ellos: Néstor González y Adolfo “Fito” Alarcón, una dupla que terminó convirtiéndose en parte de la vida cotidiana de generaciones enteras.
Durante más de dos décadas compartieron madrugadas, incendios, elecciones, viajes, presidentes, artistas, alegrías y tragedias. Desde nuestra ciudad construyeron una manera de hacer periodismo basada en la cercanía, el respeto y el compromiso con la comunidad. Sin proponérselo, se transformaron en una referencia para Esquel y la región.
Hoy, ya lejos de aquellas emisiones diarias, repasan una historia atravesada por la amistad, la pasión por comunicar y el orgullo de haber contado durante años la vida de su propia comunidad.
El canal como segunda casa
Néstor González nació en Esquel y llegó al canal siendo apenas un adolescente.
“En el canal estuve trabajando desde el año 74, 75”, recuerda. “La verdad que el canal es, sin ninguna duda, mi segunda casa. Gran parte de mi vida la pasé ahí”, dice con orgullo y nostalgia.
Antes de convertirse en una de las voces más reconocidas de la ciudad, trabajaba junto a Juan Carlos “Toni” Broggi como técnico de líneas, conectando servicios de televisión y recorriendo calles con una escalera al hombro.
“Terminábamos a las seis de la tarde y después veníamos e íbamos haciendo música y locución. Así seguíamos”, cuenta.
Su camino lo llevó luego a Buenos Aires para estudiar y trabajar. Sin embargo, en 1985 regresó a Esquel. Un llamado de Toni cambió nuevamente su destino. Allí comenzó una etapa que terminaría convirtiéndose en parte de la historia grande de la televisión local.
El chico que animaba actos escolares
La historia de Adolfo Alarcón empezó de otra manera.
La primera vez que pisó el antiguo Canal 3 fue cuando cursaba séptimo grado en la Escuela 24: “Íbamos a exponer en vivo al canal. Creo que era blanco y negro”.
Ya en la secundaria descubrió que disfrutaba hablar frente al público. Animaba actos escolares, bailes de egresados, torneos intercolegiales y encuentros juveniles. “De caradura nomás”, se ríe, recordando todas las veces que estaba al frente y con gran soltura podía expresarse.
Mientras cumplía el servicio militar apareció una oportunidad inesperada: buscaban un locutor comercial para leer publicidades: “Fui, me probaron, me quedé. Me trababa muchísimo”.
Poco después llegó la propuesta de conducir el noticiero junto a María Elena. Sin estudios formales de periodismo, comenzó a aprender mirando a los grandes referentes de la televisión nacional. “Yo miraba mucho esos noticieros para copiar, para imitar, porque no había estudiado periodismo”, recuerda.
El nacimiento de una dupla histórica
Cuando Néstor regresó de Buenos Aires se encontró con Fito en el canal. Apenas se conocían.
Sin embargo, algo funcionó desde el primer día: “Yo creo que de entrada pegamos onda y hubo química”, resumen.
Esa química terminó convirtiéndose en una de las sociedades periodísticas más duraderas de la región.
Primero fue “30 Minutos”. Después llegó Panorama 4, en un formato con mayor tiempo al aire, porque media hora quedaba muy chica para todo lo que pasaba en la ciudad.
“Sabíamos qué queríamos hacer”, recuerdan. Y agregan: “Charlábamos mucho. Teníamos muchas reuniones, muchas horas de café”.
La clave estaba en que ninguno buscaba sobresalir por encima del otro: “Nunca tuvimos una etapa de peleados, de no saludarnos, de tratarnos mal. Jamás pasó eso”.
“Después ya nos mirábamos nomás y nos entendíamos”, aseguraron.
Hacer periodismo con pasión
La televisión de aquellos años estaba muy lejos de la tecnología actual. No existían celulares, redes sociales ni transmisiones instantáneas. Había que editar cintas VHS, improvisar soluciones y trabajar con recursos mínimos.
“Era muy precario. Pero lo hacíamos con mucha pasión, con mucho cariño”, recuerdan.
Esa pasión los llevaba a cualquier lugar y a cualquier hora. Una noche de domingo estaban reunidos produciendo el noticiero del día siguiente cuando sonó la sirena de bomberos: “Uno agarró la cámara, el otro el micrófono y fuimos a cubrir un incendio grande”.
Las guardias nocturnas, los llamados de madrugada y las coberturas improvisadas eran parte de la rutina.
“Me levantaba y me iba a cubrir incendios. Una locura total”, admite Fito.
Pero detrás de esa entrega había una convicción: “Entendíamos esto como un servicio social. La gente cenaba y nosotros estábamos en la pantalla dándole las noticias”.
La noticia y la comunidad
Lejos de buscar el escándalo o el golpe de efecto, ambos coinciden en que el eje siempre estuvo puesto en la comunidad.
“Tratábamos de hacerlo con mucho tacto, con mucho respeto”, señala Fito.
La actividad cultural, el deporte, las organizaciones sociales, los barrios y las luchas de los trabajadores ocupaban un lugar central en la agenda.
Por este motivo, recuerdan con orgullo la cobertura del debate minero de 2002 y 2003, las noches de los candidatos durante las campañas electorales y los espacios que brindaban a todas las expresiones políticas. “Al candidato del partido más chiquitito le dábamos el mismo lugar en la mesa”, destacan.
Presidentes, artistas y personajes inolvidables
La profesión les permitió conocer a figuras que parecían inalcanzables.
Entrevistaron a presidentes argentinos y latinoamericanos, compartieron actividades con Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Bill Clinton, Lula da Silva y Rafael Correa.
También conversaron con artistas de la talla de Mercedes Sosa, Sergio Denis, León Gieco y Alejandro Lerner.
Sin embargo, los recuerdos más valiosos suelen estar en los detalles, en los consejos detrás de cámara, en las recetas para el dolor de garganta, en los pases para ver un partido de fútbol.
Contarle Esquel al país
Además de informar, tenían una misión que los obsesionaba: mostrar Esquel al resto de la Argentina.
A través de contactos en la televisión nacional lograron que la ciudad tuviera espacio en programas de alcance federal.
“Nos daban dos minutos y le metíamos siete u ocho”, cuentan entre risas.
Destacan especialmente el apoyo que recibieron de Víctor Hugo Morales: “Nos daba su espacio para sentarnos y hacer el contacto. Permitió que Esquel tuviera difusión”.
La consigna era simple: promocionar la ciudad, el turismo, los eventos y las historias locales. “Era apuntar a traer gente acá”, resumen.
Los pies en la tierra
Si algo recuerdan ambos es que nunca se sintieron estrellas de televisión.
“Fundamentalmente tenés que tener los pies en la tierra”, dice Néstor.
La fama local jamás alteró la relación que tenían entre ellos ni con la gente. “Lo importante era hacerlo. El tema era estar”, aseguran.
Porque detrás de las cámaras también estaban los momentos difíciles: accidentes, tragedias, incendios y situaciones que dejaban marcas emocionales.
“A veces volvíamos muy mal”, reconoce Néstor, y agrega: “Parábamos un rato mientras el otro seguía laburando”.
La amistad era también una forma de sostén. “Nos cuidamos bastante”, dice Fito.
El legado
Más de una década después de haberse despedido de la pantalla, el reconocimiento sigue intacto.
“En la calle me decían Néstor y a él Fito”, recuerda Alarcón. Sin embargo, la diferenciación era sencilla: “Yo siempre decía que la diferencia son los bigotes”.
Ambos saben que fueron apenas la cara visible de un enorme equipo de trabajo.
“No estuvimos solos”, enfatizan. Y reconocen que: “Hubo mucha colaboración, mucho empuje de nuestros compañeros”. Recordaron con afecto a cada compañero, incluso algunos que ya no están, señalando fotos impresas del equipo, de otros presentadores que también pasaron por Panorama 4, de los cámara, los técnicos, todo el equipo que no aparecía en cámaras.
Pero también entienden que dejaron una huella: la huella de un periodismo cercano, hecho desde una ciudad del interior, con recursos limitados pero con una enorme vocación de servicio.
Quizás por eso, cuando recuerdan aquellos años, no hablan de fama ni de reconocimiento, sino que hablan de compromiso y amistad, pero sobre todo, hablan de Esquel.
Diez años después
Durante años fueron quienes preguntaban, quienes contaban, quienes llevaban las historias de otros a la pantalla. Esta vez, la historia es la de ellos.
La historia de dos hombres que hicieron del periodismo un oficio, de la televisión un servicio y de Esquel una causa compartida.
Y aunque ya no se escuche cada noche aquel clásico “Señoras, señores, muy buenas noches”, para gran parte de la comunidad siguen ocupando el mismo lugar de siempre: el de quienes le contaron Esquel a Esquel.
Nuestro más sincero agradecimiento a Néstor y Fito por acercarse a nuestros estudios y brindarnos esta entrevista llena de risas y grandes anécdotas.