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Después de más de 30 días sin precipitaciones, el agua volvió a caer sobre el Parque Nacional. Este cambio climático representa una ventana de oportunidad clave para los brigadistas que trabajan en el incendio desde el 9 de enero.
El 10 de febrero se presenta con ráfagas extremas del sector oeste. El Servicio Meteorológico prevé una jornada de cielo cubierto con probabilidad de lluvias leves y un marcado descenso de la temperatura hacia la noche.
Aunque el asfalto mojado despierta esperanza, los 2 milímetros caídos son insuficientes frente a un incendio que ya devoró 15.000 hectáreas. Se necesitan lluvias intensas para frenar el foco.
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