Quizás para el sector turístico, uno de los más castigados en la pandemia con el cierre de empresas y pérdida de trabajo, sea una esperanza que se rompa la estacionalidad que caracteriza a Esquel y la zona, donde la mayor demanda ocurre en pocos meses de verano e invierno.
Queda demostrado que nuestra zona es rica en atractivos para visitantes de todo el país y el mundo, ejemplo de ello es la pesca deportiva, los viñedos, cabalgatas y senderismo, además de los más conocidos como el esquí, La Trochita o el Parque Nacional Los Alerces con sus múltiples propuestas.
Por estos días estamos viviendo el comienzo de octubre, mes de temporada baja, con gran número de visitantes al punto que no quedan lugares de hospedaje en Esquel y Trevelin y se derivan turistas a otras localidades cercanas. La visita al campo de Tulipanes es el principal motivo. La trascendencia lograda por este emprendimiento ha llegado a colocarlo en la preferencia de muchos que saben que será muy corto el tiempo para disfrutar esta propuesta que tiene lugar solo una vez al año.
El desafío está en que este atractivo no quede como única propuesta temporal y se generen opciones que animen al turista a extender su visita.
Si bien en Trevelin y Esquel hay otros emprendimientos que funcionan todo el año, ofreciendo opciones que van más allá de la gastronomía y el hospedaje, necesitan formar parte de una red competitiva de alternativas de entretenimiento que sirvan de estrategia para abrir y ampliar el mercado.
El viejo anhelo que Esquel sea una ciudad de eventos culturales y deportivos que repercutan en ingresos para el lugar y la comarca, es hora que se tome en serio y se le asignen los fondos económicos y el personal técnico adecuado para generar nuevos flujos de visitantes, configurándose como un fenómeno multiplicador de negocios añadiéndose el resto de los atractivos naturales que tiene esta zona.
Es el momento de decidir si es política de Estado o no, que el turismo sea un verdadero motor impulsor de la economía local. Si la decisión es afirmativa es importante tener metas y objetivos claros y también definir los compromisos que debe asumir el gobierno de turno, sea cual sea, y a qué se comprometen los privados.
Si se decide que nuestro perfil de ciudad sea turístico, los políticos en ejercicio y los que estén por venir, no solo se deben referir a las calamidades que están viviendo las pymes y la importancia que se resuelvan tal como se les escucha por estos días de campaña, haciendo nuevos discursos con problemas viejos.
Si queremos turismo, además de analizar y llegar a sancionar leyes que beneficien a las pymes que son las grandes generadoras de trabajo, los discursos y acciones deben enfocarse a potenciar el turismo y romper con la estacionalidad, de forma tal que se crezca en propuestas para los visitantes y en generación de empleo genuino que tanta falta. Con prestar atención al entorno en el que vivimos se puede apoyar a los que ya están (muchos salen adelante como pueden) y darle lugar a la creatividad de los que deciden arriesgar capital y tiempo.
Si, alguna vez, apostamos en serio al turismo, hay que empezar -también en serio- a diseñar las políticas para ahora y para los próximos años; con generosidad, y sin importar si se dejará de ser gobierno o en unos años o no se es nunca.
Chiste de Yapa
Un turista estadounidense quiere atravesar el lago Tiberiades y pide precio a un barquero.
- El viaje cuesta 300 dólares.
- Usted está loco, ¿300 dólares? Es demasiado caro. Nadie puede pagar esa cantidad de dinero.
- ¡Tal vez tenga usted razón!, pero recuerde que aquí hace años Jesús camino sobre las aguas.
- No me extraña. ¡En cuanto oyó el precio decidió arreglárselas por su cuenta!