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01 de Abril de 2023
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Chochi Delgado, más de 20 años dedicados al fútbol para los pibes

El histórico entrenador de infantiles e inferiores hace un repaso y comenta su orgullo por haber enseñado disciplina más allá del deporte.

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Por Karim Chelbi Camba

 

Todos los que jugamos al fútbol en Esquel lo conocemos. Algunos los tuvimos, otros no, pero seguro saben quién es. Un hombre que pasó gran parte de su vida enseñándole a los niños a jugar al fútbol.

 

Su nombre es Carlos Delgado, pero todo el Mundo lo conoce como Chochi. Ese hombre que supo tener más de 100 chicos a la vez en el Club San Martín, pero que inició en Independiente con categorías de los ochenta.

 

Luego de más de 20 o 25 años dedicado al fútbol para los pibes, en el que se perdió gran parte del crecimiento de sus hijos, comenta cómo inició y por qué dejó. La historia de Chochi.

 

 

 

¿Cómo arrancaste con la escuelita de fútbol?

 

Arranqué porque vivía en barrio 133 viviendas y andaban muchos pibes. Una vez decidimos entrar a un campeonato de barrio y decidí armar un equipo. De ahí fuimos juntando pibes, se fueron sumando más. Como yo jugaba en la primera de Independiente, fueron más y ya tenía más categorías: la 86, 85, 84 y 83. Ya competíamos en los barrios y después no podíamos hacerlo más porque teníamos buen equipo. Hablé con los dirigentes de Independiente y nos fuimos ahí para representarlos. Me dijeron que no había problema, así que ahí arrancamos.

 

¿Dónde entrenaban en esa época?

 

Independiente siempre fue un club chico y entrenábamos donde conseguíamos un lugar. No teníamos algo exclusivo, porque Independiente nunca tuvo cancha. Siempre buscábamos la manera de tener un lugarcito para entrenar. Salíamos a correr afuera, llevaba a los chicos al arenal para sacar piernas. Siempre lo hicimos a pulmón, nomás. No teníamos muchos recursos, ni lugar para entrenar. Lo hacíamos donde se podía.

 

Yo arranqué en el barrio, la mayoría de los chicos eran de barrios. Se fueron agrupando, después, de diferentes barrios. Cuando competíamos, varios chicos se vinieron al equipo. De alguna manera había que buscar otro lugar.

 

¿Ese lugar fue San Martín?

 

En Independiente andábamos a los ponchazos, porque no teníamos pelotas, medias y había cosas que ya molestaban, entonces decidí irme. Dejé Independiente y los chicos tampoco querían seguir. Estuve un tiempo sin nada, hasta que me vino a ver Pedro de San Martín. Ahí fue distinto, porque teníamos el gimnasio, la cancha. Era otra cosa. Eso nos vino bien. Tenía un grupo e hicimos varios equipos, varias divisiones.

 

 

 

Hubo un tiempo que tuve que hacer dos séptimas, por la cantidad de pibes. También en infantiles tenía dos equipos de categoría 97 para que jueguen todos los chicos. Cuando participábamos en la LFRI había que armar más equipos.

 

 

 

¿Qué te generaba formar a los chicos?

 

Cuando jugaba en primera, se me dio eso de andar con los chicos. Después andábamos todo el día, algunos pasaban a mi casa a verme. Surgió de la nada. No es que uno nace para esto. Me sucedió de esa manera.

 

¿Cómo fueron las experiencias en los viajes que hicieron?

 

Son cosas que uno aprende y en Esquel no hay esa clase de competencia. Ir afuera era bueno, porque no quiere mejorar y aprender, tanto para mi como para los chicos. Después, viajábamos en los Mundialitos. Donde había competencia, nosotros estábamos. Gualjaina, Tecka, Trevelin, Cerro Cóndor, por todos lados. Era mucha responsabilidad, pero teníamos el apoyo de los padres que colaboraban conmigo. Ellos colaboran mucho, en todo, te ayudaban. Cuando pasó el tiempo, eso fue cambiando. A lo último, era otra clase de padres. Antes era más familiero, ahora es distinto. Los clubes son más grandes, hay otras posibilidades y es muy distinto.

 

¿Por qué dejaste?

 

Un poco me cansé. Cuando tenés la escuelita, uno quiere siempre mejorar y tenés que dejar cosas de lado como la familia. Tenés que estar sábado, domingo, feriados. Yo no estaba nunca en mi casa y llegué a tener 120 pibes, entonces cuando llegaba a mi casa me explotaba la cabeza. Yo ya no tenía la misma paciencia ni con los padres. En el club cambió la comisión, no me dijeron nada, entonces dejé. Me vinieron a ver de otros clubes, pero no quise seguir más.

 

 

 

¿Cuántos años estuviste?

 

Cuando agarré, tendría unos 31 años. Yo estaba dejando de jugar en primera y habré estado 20 o 25 años con los chicos. Recorrimos todos lados: Buenos Aires, Comodoro, Trelew, Madryn, Rawson. Por todos lados anduvimos y conocimos muchos lugares con los chicos.

 

 

 

¿Han enfrentado equipos grandes?

 

Sí, en un Mundialito nos tocó jugar con River y a Belgrano con Boca. Los pibes que jugaban, parecían de primera. Eran fenómenos, terribles. Tenía un 11 que era terrible lungo, grandote.

 

¿Por qué hay tanta diferencia?

 

Ellos tienen mucha competencia. Y cuando vos tenés un buen jugador, se los llevas a ellos para que se prueben. Tienen lo mejor del país y por eso es tanta diferencia. Para nosotros es como una Selección.

 

¿Has formado algún jugador que haya llegado lejos?

 

Varios pibes han estado. El fútbol es difícil, no es fácil llegar arriba. Muchos pibes estuvieron conmigo y me llamaban de los clubes. Después, que hayan llegado, creo que ninguno pudo. Estuvieron por distintos clubes, pero es muy difícil llegar para arriba.

 

¿Nunca quisiste agarrar primera división?

 

No, nunca me gustó. Una vez me ofrecieron en San Martín y dirigí un partido. Nunca se dio, porque quizás no me veía dirigiendo primera. Hay que tener personalidad porque no es fácil manejar la primera.

 

¿Cómo es la recepción de los chicos cuando te ven después de muchos años?

 

Lo que me queda de esto, es los chicos. Ellos me ven, me saludan. Yo quizás no los ubico mucho porque ellos van cambiando su fisionomía. Crecen, son otras personas, capaz dejaron de jugar al fútbol y ha cambiado su vida. Ellos donde me ven a mí, me saludan. Siempre les queda el recuerdo a ellos. El año pasado estaba jugando en Rolando con los chicos que empezaron en la escuelita. Para mí era algo lindo compartir con ellos, con mi hijo, el Beto Antieco, el Pato Cayulef jugando al lado mío.

 

 

 

¿Has pasado lindos momentos enseñando?

 

Sí, siempre. En los viajes uno tenía que hacer de papá. Ellos eran chiquitos cuando viajábamos y se largaban a llorar. Ellos a veces no se daban mucho con los papás, pero sí conmigo. Tenía que hacerlos dormir, acompañarlos. Un montón de cosas nos pasaron en los mundialitos. Nos quemamos con el sol y tuvimos que andar comprando cremas, poniéndole cosas a los chicos. Es mucha responsabilidad llevar chicos.

 

¿Volverías?

 

Creo que ya no. Estoy jugando y tengo un hijo más chiquito. Prefiero andar con él, disfrutando, porque a los míos los disfruté por andar con el fútbol. Entrenaba martes, jueves, sábado y sabía estar hasta las 10 de la noche y más el laburo no me quedaba tiempo para nada.

 

 

 

Para los que te conocen solo por el fútbol, ¿Cómo sos en la vida?

 

Yo toda mi vida trabajé en la Municipalidad. Tengo cinco hijos y hoy en día sigo trabajando en la Muni hasta que me jubile. Me quedan dos años. He pasado por varios lugares, en deportes, tránsito, en Aldea Escolar cinco años. Ahora estamos con Herman Torres y estoy para ir a otro lugar. Con Herman viajamos a Buenos Aires, que llevamos 36 pibes. Fuimos a Ezeiza y estuvimos una semana. Jugamos en Huracán, Vélez, River, Boca. Nos alojamos en Ezeiza donde se alojaba la Selección.

 

¿Qué significa para vos la escuelita de fútbol?

 

Significó un montón de cosas. Uno enseña valores, que sean buenas personas. En el fútbol nunca les enseñé a ir con mala intención, siempre que jueguen al fútbol. Uno trata de enseñarle a los chicos lo que uno sabe y el fútbol siempre lo llevé adentro mío. Yo siempre jugué y mis tres hijos también, dos de ellos en primera. Los tres podían estar, pero a uno no le gustaban entrenar. Yo no podría dejar de jugar, porque espero el sábado para jugar al fútbol. Ahora empecé a entrenar, a salir a correr. Me gusta ir a la cancha, correr, jugar, colaborar, calculo que el fútbol no lo voy a dejar hasta que me muera.

 

 

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