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08 de Julio de 2024
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“La Casita”, el lugar de espionaje ilegal que une a Chubut con el caso del chico Loan

Funcionaba en la Base Zar. Y allí prestaba funciones Carlos Pérez, el exmarino seriamente implicado en la desaparición del chico en Corrientes. Los detalles de un lugar siniestro y de un juicio que condenó a 13 marinos.

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“La Casita” funcionaba en la Base Almirante Zar de Trelew. Desde allí se realizaban espionajes ilegales a personas vinculadas a la política, la sociedad, el periodismo, la justicia y hasta a estudiantes universitarios. El grupo de marinos comandados por Gustavo Monzani (ya fallecido) que integraba ese verdadero clan de espionaje fue llevado a juicio en 2006 y la mayoría fue condenado.

 

A ese grupo, aunque con menor rango y menos exposición pertenecía Carlos Pérez, hoy estrechamente ligado al caso que conmueve al país: la desaparición del chico Loan Peña, de 5 años del que nada se sabe hace 25 días. Rara paradoja que une a Chubut con el caso de Corrientes, el que hoy ocupa el mayor espacio mediático en los informativos televisivos, portales y diarios de todo el país. Pérez no fue llevado al banquillo como sus camaradas porque quizá sus responsabilidades eran menores. “Obediencia debida” o algo asi.

 

Lo cierto es que el Ministerio de Defensa entregó un documento sobre la trayectoria de Pérez en la fuerza. En ese documento hay un largo historial de Pérez, que empieza en 1989 y culmina en 2010 en diversas reparticiones castrenses con tareas administrativas. Sin embargo, se indica que tras su cargo en la base Belgrano, en 2005, el marino cumplió tareas en la Base Almirante Zar, en Trelew. Entre 2003 y 2006, según determinó el juez federal Daniel Rafecas, esa sede naval fue una base secreta que utilizó la fuerza a su cargo para desplegar operativos de espionaje interno ilegal contra diferentes dirigentes sociales y políticos.

 

Monzani, ex marino de "La Casita"

 

Los agentes de la marina enfocaron sus labores clandestinas para reunir información también de militantes de derechos humanos que estaban impulsando juicios de lesa humanidad contra miembros de las Fuerzas Armadas acusados de cometer crímenes durante la dictadura militar. La causa terminó con el procesamiento de 13 marinos; entre ellos, el ex jefe y subjefe de la Armada Argentina, Jorge Godoy y Benito Rótolo.

 

Pérez y su esposa, (la ex funcionaria del pueblo donde Loan desapareció) María Victoria Caillaba están seriamente implicados en la posible desaparición del chico en un claro caso de trata de personas.

 

La historia de “La casita” es bien conocida. Alli “trabajaba” Pérez. Se recolectaba material sobre la vida y actividad de políticos, estudiantes, extranjeros y entidades aborígenes y derechos humanos, entre otros. Las investigaciones determinaron que la mayor cantidad de información tenía que ver con la denominada “Masacre de Trelew”, ocurrida en la Base Almirante Zar el 22 de agosto de 1972. En el hecho murieron fusilados 16 guerrilleros. Otros tres sobrevivieron. Se habían fugado una semana antes.

 

La Justicia Federal Federal condenó a 13 marinos a penas en suspenso por practicar espionaje ilegal desde la Base de Trelew y de Puerto Belgrano en Bahía Blanca. También a realizar tareas comunitarias y asistir a cursos de derechos humanos.

 

Las penas mayores, de 1 año y medio de prisión y 3 de inhabilitación para ocupar cargos públicos, recayeron en dos ex integrantes de la plana mayor: Pablo Rossi y Eduardo Avilés, ex comandante de Operaciones Navales y ex director de Inteligencia Nacional, quienes fueron pasados a retiro en el momento de la denuncia.

 

El caso tuvo un hombre clave: el ex cabo de la marina Carlos Alegre. Tras su denuncia sobre esas tareas de espionaje, la entonces ministra de Defensa Nilda Garré desmanteló todos los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y los pasó a manos civiles.

 

Alegre fue relevado de la fuerza y se mudó con su familia a algún lugar de la ciudad de Bariloche.

 

Pérez también se retiró. Aunque quizá no dejó de operar en cuestiones ilegales como lo hizo en la Base Zar. Pero en esto, la última palabra la tiene la justicia.

 

C.G.

 

 

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