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15 de Septiembre de 2024
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Innovación y tradición ancestral mapuche-tehuelche: la vida de Daniel Aillapán

Daniel Omar Aillapán, de 53 años, nos cuenta sobre su vida entre los paisajes increíbles de Sierra Colorada y las ganas de sacar a toda una comunidad adelante a través del trabajo.

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- Por Lelia Castro -

 

“Soy poblador de Sierra Colorada, una comunidad originaria mapuche-tehuelche”. 

 

La historia de vida de Daniel comienza con una desgracia: la pérdida de su madre a la temprana edad de 4 años. A partir de ese momento, tanto sus hermanas mayores  como su abuela se hacen cargo de la crianza de los 5 hermanos. Al preguntarle por los recuerdos que tiene sobre su madre, admite que son pocos y que están ligados a las señaladas que se hacían allí: “Mi mamá tenía el pelo larguísimo, eso lo recuerdo”.

 

“Recuerdo la cantidad de gente que llegaba cuando hacíamos la señalada: los caballos atados y a mi mamá con mi hermano más chico en brazos paseando con esos pantalones largos y anchos que se usaban”.

 

A raíz de esta pérdida Daniel asegura que su abuela se hizo cargo del rol de mamá. Con ella aprendió desde muy chico lo que implica el esfuerzo y el trabajo, y cuáles son sus frutos. Además, su padre se mantuvo siempre presente: “Mi viejo se quedó con todos nosotros”. 

 

“Mi abuela era descendiente tehuelche, venía de la zona de Neuquén y terminó en estos lugares a raíz del desalojo que tenían allá. Disparando por salvar su vida terminó por estas montañas”. 

 

Ya a los 4 años comenzó a ayudar con los quehaceres de su hogar. Recuerda que en ese momento su abuela hacía mucho queso, entonces ordeñar vacas era primordial.  Sin embargo, señala que siempre había tiempo para poder jugar. 

 

“Tuve una infancia de trabajo realmente, pero también jugábamos a los caballos y a las tropillas, o salíamos a pescar en las lagunas. Nos íbamos a pescar y por ahí con los anzuelos enganchábamos algún palo del fondo de la laguna, ahí ya nos imaginábamos que sacábamos algún pescado y festejábamos”.

 

Sobre su infancia, además, recuerda las enseñanzas básicas que le brindaron su abuela y su papá: desde cómo hacer una quinta hasta cómo guardar las verduras y la carne para que sobrevivan todo el invierno. 

 

“En esa época nosotros también vivíamos mucho de la naturaleza. Se cazaba mucho lo que es el jabalí, el pato silvestre, la avutarda. Mi viejo tenía días para salir a cazar y todo lo que se cazaba se conservaba. Después comíamos mucho el puma, es muy rico y es una carne especial para el tema del colesterol”. 

 

A los 9 años Daniel empieza a trabajar afuera, con Lito Jones específicamente, un galenso que se mezclaba mucho con las comunidades originarias. De esta época también recuerda terminar trabajando en las chacras del Valle, o amansando bueyes. Un día, al quedar sin trabajo decide que no quiere trabajar más para otros y comienza a surgir la idea del Turismo Rural Comunitario que luego llevaría adelante con las “Cabalgatas Peinmawiza” -que significa “encuentro en la montaña”-, y en la que cuenta con la ayuda de sus hijos.

 

“Tengo 4 hijos, 2 varones y 2 mujeres. Me ayudan trabajando durante toda la temporada. Mi hermana hace la comida acá al lado, y mi viejo siempre está aportando ideas también”. 

 

Gracias al éxito que obtuvo a partir de este trabajo Daniel subraya con orgullo que tuvo la posibilidad de llevar a sus dos hijas a que conozcan Buenos Aires, “para que vean otro mundo del que estamos acostumbrados aquí”. De allí partió a La Pampa donde una multitud lo esperaba para escucharlo hablar sobre las comunidades originarias y sus modos de vida.

 

“Lo hago siempre a través de las ganas y del entusiasmo de que nuestro lugar sea conocido, de que sepan que en un espacio reducido de la Argentina todavía estamos los originarios viviendo, trabajando, con las ganas y la voluntad de que nuestro país crezca”. 

 

Daniel nos cuenta que al principio no tuvo el aval de su comunidad para llevar adelante este proyecto, pero que con el tiempo pudo convencerlos. Hoy señala orgulloso que hay alrededor de 20 prestadores más dentro de su comunidad que se caracterizan por ofrecer un excelente servicio en distintos rubros pero siempre a base de trabajo duro. 

 

“Yo me siento muy orgulloso de que mi lugar Sierra Colorada, siendo una comunidad mapuche-tehuelche, se nombre por varios lugares y se conozca en la provincia e internacionalmente. Nos conocen a través del trabajo, y eso me pone orgulloso porque es como darle un agradecimiento a nuestros padres y abuelos que nos inculcaron la cultura del trabajo”. 

 

Para los vecinos de esta comunidad mapuche-tehuelche es muy importante mantener vivas sus tradiciones y costumbres ancestrales, pero también dar a conocer lo que es realmente la vida: “la naturaleza y sus procesos”. Este ha sido el motor que impulsó el proyecto de Turismo Rural Comunitario. 

 

“Siempre nuestra cultura fue así, siempre que tuvimos que sacrificar a un animal fue para el consumo. Siempre está presente el respeto y el agradecimiento a Dios por tener un alimento”. 

 

Daniel desea despedirse con palabras de aliento y motivación. Desde su experiencia, para sobrellevar esta vida tan dura es necesario tener objetivos claros y luchar por ellos aunque no sea fácil: “Mi sueño era que mi comunidad se haga conocida, que nosotros nos hagamos conocidos y que podamos compartir estas charlas. Ese es un sueño cumplido para mí”. 

 

“La lucha siempre tiene que estar porque la vida no es fácil”.

 

Por nuestra parte queremos agradecer la amabilidad y la predisposición de Daniel al brindarnos esta entrevista tan inspiradora. 

 

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