A pesar de que el presunto abusador de tres menores fue detenido y se encuentra a la espera de juicio, una familia de la Cuenca Carbonífera, en Santa Cruz, sigue siendo hostigada, aparentemente por personas cercanas al acusado.
Se trata del caso de J.Y., de Formosa que fue detenido por la Policía de Santa Cruz pocas horas después de participar en el desfile del 25 de mayo de 2020. En ese entonces, se desempeñaba como cabo del Ejército Argentino. Actualmente, permanece detenido en la Comisaría de Río Turbio, a la espera de la fecha del juicio en su contra.
J.Y. prestaba funciones en Rospentek y vivía en una vivienda provista por el Ejército, donde se habrían cometido los abusos. Según la investigación, violó a una niña de once años, maltrató a otra de tres, intentó abusar sexualmente de una adolescente de dieciséis y también abusó de una joven de dieciocho.
Hacía cuatro años que mantenía una relación con la madre de las víctimas, a quien conoció en la localidad de 28 de Noviembre. Ella ya tenía tres hijas y juntos tuvieron una cuarta hija, que actualmente tiene tres.
La familia residía en el barrio Gran Malvinas, dentro del Regimiento de Ingeniería Mecanizado 35 de Rospentek. Fue en esa vivienda donde, según las víctimas, comenzaron los abusos durante la pandemia.
La mujer debía viajar diariamente a 28 de Noviembre para trabajar entre las tres y las cinco de la tarde. Durante ese horario, según declaró la menor en Cámara Gesell, el hombre aprovechaba para violarla. La manipulaba psicológicamente, diciéndole que “era solo un juego” y que debía guardar el secreto entre ellos.
Es posible que los abusos se hubieran prolongado en el tiempo si no fuera porque una noche la mujer se levantó a tomar agua y encontró a su hija mayor llorando en un rincón. Al preguntarle qué ocurría, la adolescente respondió que J.Y. la había manoseado.
Consternada, la madre decidió hablar con sus otras hijas. Fue entonces cuando todas revelaron que sufrían abusos a la hora de la siesta, mientras ella se encontraba fuera de casa.
Además, J.Y. fue denunciado por segunda vez, esta vez por su hijastra mayor de edad, quien relató haber sido víctima de manoseos el mismo día en que su madre denunció el abuso a la menor de diez años. La adolescente de 16, por su parte, declaró que el acusado la había invitado reiteradamente a “hacer la siesta” en ausencia de la madre. En cuanto a la niña de tres años, se supo que era víctima de maltratos: J.Y. la sumergía en agua fría cuando lloraba, según relató la madre.
El calvario no terminó con la detención del acusado. Según la mujer, desde entonces han sido víctimas de una serie de episodios intimidatorios que —sospecha— fueron planeados por J.Y. desde la cárcel, posiblemente con ayuda de personas vinculadas al Ejército Argentino.
La madre contó que el 26 de diciembre de 2022, el mismo año en que presentó la denuncia, encontró una paloma muerta atada con un precinto en el portón de su casa, lo que interpretó como un mensaje intimidatorio. También encontraron las gomas pinchadas de su vehículo.