En las orillas del río Desaguadero, donde el verde intenso de la naturaleza parece detener el tiempo, se escribe una historia de pertenencia y arraigo que trasciende generaciones. Zahira Flores, conocida por todos como “Loly”, es la cara visible de un legado que comenzó mucho antes de que el Parque Nacional Los Alerces fuera declarado como tal en 1937. Ella, junto a su familia, representa a la primera población originaria del lugar en transformar su hogar en un servicio turístico, marcando un hito como pioneros en la región.
Zahira Flores es pobladora del Parque Nacional Los Alerces y la cara visible de un legado familiar
que atraviesa generaciones.
Un sueño para siempre
La historia de la Población Flores se remonta a su bisabuelo, Segundo Flores, quien llegó a estas tierras antes de la creación del Parque, permitiendo que la familia continuara trabajando y conviviendo con el entorno. Sin embargo, fue en febrero de 1997 cuando el sueño del abuelo Domingo Flores cobró vida: inaugurar un espacio para recibir a los viajeros. Así nació Rahué, un camping organizado que hoy, tras casi 30 años de labor, es gestionado por Loly, sus padres -Rogelio “Cacho” Flores y Betty Silva- y sus hermanas.
El camping nació del sueño de Domingo Flores, abuelo de Loly.
Para Loly, ofrecer este servicio no es simplemente administrativo; es abrir las puertas de su casa. “Nosotros mostramos el lugar de otra forma porque vivimos acá, lo cuidamos y queremos que el turista conozca nuestra historia y nuestros orígenes”, relata con emoción. Este intercambio trasciende lo comercial: los visitantes no solo buscan la comodidad de un fogón o una ducha caliente, sino que se sumergen en el relato de una vida marcada por el rigor del clima, las grandes nevadas, las inundaciones del río y la lucha contra los incendios.
Rahué es un camping organizado con casi 30 años de trayectoria.
El desafío de mantener este emprendimiento en una zona protegida no es menor. La familia Flores ha navegado por obstáculos ambientales y burocráticos, desde la floración de la caña colihue en 2013-2014 hasta las actuales sequías que provocan escasez de agua. A pesar de ello, su emblema sigue siendo la preservación de la flora y fauna, invitando al turista a una desconexión total de la rutina para conectar con el silencio, el canto de los pájaros y las noches estrelladas que solo el bosque puede ofrecer.
Dejar huellas
Zahira aprovecha su voz para alentar a otros hijos de pobladores de parques nacionales a que se animen a emprender y a dar a conocer sus raíces. En sus palabras, los turistas se llevan mucho más que una fotografía del paisaje; se llevan “lo más rico que es la huella de nuestra historia” y la experiencia de haber sido parte, aunque sea por unos días, de una forma de vida que late al ritmo de la naturaleza.