Un nuevo registro del pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus) dentro de la Reserva de Biósfera Ñacuñán ha generado entusiasmo en la comunidad científica y ambiental. El hallazgo, confirmado por guardaparques y pobladores, representa un hecho excepcional, ya que se trata de una de las especies más difíciles de observar en Argentina y un verdadero indicador de salud ambiental.
Con un tamaño que oscila entre los 7 y 11 centímetros y un distintivo caparazón rosado pálido —que le otorgó el apodo de “hada rosa”—, el pichiciego es el armadillo más pequeño del mundo. Su comportamiento estrictamente nocturno y su vida subterránea hacen que cada registro sea un evento de enorme valor biológico.
“Cada vez que registramos un pichiciego estamos frente a una señal concreta de que el ecosistema funciona”, afirmó Ignacio Haudet, director de Biodiversidad y Ecoparque. Su aparición en las 12.600 hectáreas de Ñacuñán valida el rol de los algarrobales y jarillales protegidos, que conservan el suelo arenoso y compacto necesario para sus galerías.
Por su parte, Iván Funes Pinter, director de Áreas Protegidas, señaló que Ñacuñán no solo conserva paisajes, sino "dinámicas ecológicas completas". En la misma línea, el jefe de Fauna, Adrián Gorrindo, explicó que el animal necesita suelos estables y sin contaminación: “Donde aparece, hay equilibrio ecológico”, sentenció.
A pesar de su fragilidad, el pichiciego cumple funciones vitales en el ecosistema del Monte mendocino. Al alimentarse de hormigas y larvas, regula poblaciones de insectos, mientras que sus excavaciones airean el suelo y mejoran la infiltración de agua, un recurso crítico en zonas áridas.
Cabe destacar que en Mendoza la especie está declarada Monumento Natural Provincial (Ley N° 6.599). Las autoridades recordaron que es un animal extremadamente sensible al estrés y que no sobrevive en cautiverio. Por ello, ante un encuentro fortuito, la recomendación es observar a distancia, no manipular al ejemplar y dar aviso inmediato a las autoridades o al 911.
Este nuevo registro no solo celebra la presencia de una especie singular, sino que reafirma que proteger el territorio es garantizar la vida de procesos invisibles pero fundamentales para la naturaleza.
M.G