En un deporte donde el margen de error se mide en grados bajo cero, un chubutense ha logrado lo que pocos imaginaban: ser el mejor del planeta. Alexis Gregorat Krebs, nacido en Trelew y formado en las costas de Puerto Madryn, se consagró oficialmente como el número uno del mundo en su categoría dentro del circuito de natación invernal.
La conquista del Ártico: Suecia y Finlandia
El camino a la gloria tuvo sus estaciones más críticas en el norte de Europa. Gregorat llegó al Winter Swimming World Championship 2026 en Oulu, Finlandia, precedido por una performance asombrosa en la Copa del Mundo de Skellefteå, Suecia. Allí, el argentino dio un golpe sobre la mesa al cosechar siete medallas de oro, compitiendo en piletas excavadas directamente sobre el hielo con temperaturas de agua iguales o inferiores a los 0°C.
“Hay que respirar cuando el hielo aprieta el pecho, sostener la mirada cuando todo alrededor es blanco y hostil”, describe Gregorat sobre la lucha psicológica contra el impacto térmico.
Ciencia, mente y un "freezer" casero
Lo que separa a Gregorat del resto no es solo su resistencia, sino su enfoque científico. Como kinesiólogo, fisioterapeuta y quiropráctico, utiliza su conocimiento profundo de la anatomía para optimizar la recuperación. Su método de entrenamiento roza lo espartano:
Aclimatación extrema: Inmersiones diarias en un sistema casero compuesto por un freezer cargado con hasta 50 kilos de hielo.
Control biológico: Rigurosos chequeos médicos y sesiones de crioterapia para dominar la respuesta inflamatoria del cuerpo.
Fortaleza mental: Un trabajo de introspección clave para anular el reflejo de pánico que genera el frío extremo al entrar en contacto con la piel.
Un hito para el deporte nacional
Actualmente radicado en Alta Gracia, Córdoba, Gregorat no olvida sus raíces patagónicas, donde comenzó su vínculo con las aguas abiertas. Su consagración en este 2026 no solo es un logro personal, sino que posiciona a la Argentina en la élite de una disciplina que combina la natación de alto rendimiento con la supervivencia en entornos hostiles.
Con este título, el "tiburón de hielo" chubutense demuestra que, con preparación científica y una voluntad inquebrantable, no hay temperatura que pueda detener el talento regional.
M.G