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09 de Julio de 2026
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La historia del locro, el clásico que acompaña cada fecha patria

Con raíces prehispánicas y una historia que se remonta a las culturas andinas, el locro se convirtió en uno de los grandes símbolos de las fechas patrias argentinas y en una tradición que reúne a familias y comunidades.

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Cada Día de la Independencia, miles de argentinos se reúnen alrededor de una gran olla de locro. Más que una comida típica, este guiso representa una tradición que une historia, identidad y encuentro, convirtiéndose en uno de los protagonistas de las celebraciones patrias.

 

Su origen es mucho más antiguo que la propia Argentina. Los historiadores coinciden en que el locro nació en las culturas andinas prehispánicas y que su nombre deriva del quechua ruqru, palabra utilizada para describir un guiso elaborado con maíz, zapallo, porotos y otros productos cultivados por los pueblos originarios.

 

Con la llegada de los españoles, la receta fue incorporando nuevos ingredientes, especialmente carnes de vaca y cerdo, embutidos y distintas técnicas de cocción. Así surgió la versión que hoy forma parte de la gastronomía argentina.

 

Aunque suele asociarse especialmente al norte del país, el locro terminó expandiéndose a todo el territorio nacional. Durante las guerras por la Independencia era una comida habitual entre las tropas por su valor nutritivo y la facilidad para preparar grandes cantidades.

 

Con el paso del tiempo, especialmente a comienzos del siglo XX, el locro quedó definitivamente ligado a las fechas patrias, como el 25 de Mayo y el 9 de Julio, junto con otras comidas tradicionales como las empanadas y los pastelitos.

 

Además de su historia, el locro conserva una característica que lo distingue: es un plato pensado para compartir. Su preparación requiere varias horas de cocción y suele realizarse en grandes ollas, lo que lo convirtió en un símbolo de reunión familiar, solidaridad y celebración colectiva.

 

Hoy, más de dos siglos después de la Declaración de la Independencia, el aroma del locro sigue siendo una de las postales más representativas de cada 9 de Julio, manteniendo viva una tradición que combina historia, cultura y gastronomía.

 

 

 

R.G

 

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