Un alfajor y un atado de cigarrillos en el kiosco de la esquina. Al mediodía, un helado de postre. Y al atardecer, una revista para el viaje en colectivo. En números esto representa 120 pesos diarios. En un mes son 3.600 pesos y al año la suma llega a 43.200. Este consumo hormiga, que pasa inadvertido, tiene un gran impacto en el presupuesto familiar. Y los más afectados son los que menos tienen. “Se da en todos los sectores socioeconómicos, pero claramente en este contexto impacta más sobre las clases medias y bajas que recién identifican que no llegan a fin de mes cuando comienzan a realizar sus cuentas. A veces, incluso con esa revisión mensual de gastos, estos pequeños consumos no son considerados ni salen a la luz, a pesar del impacto que tienen sobre el gasto hogareño”, explicó. La falta de conciencia respecto de este tipo de gastos hace que difícilmente se puedan controlar. Por otra parte, responden a actos impulsivos. Son costumbres tan arraigadas a la rutina diaria que no se consideran dentro del presupuesto de bolsillo La compra de golosinas, el juego (quiniela y lotería), el uso de servicios (taxis, estacionamiento y propinas) y los vicios (cigarrillo y alcohol) son las áreas donde más se producen estas pequeñas “fugas” de dinero. “Son consumos permitidos independientemente de las posibilidades y disponibilidad de ingreso”, subrayó el especialista. De acuerdo con estadísticas de la consultora Focus Market, en la Argentina, estos gastos llegan a representar entre 24.000 y hasta 53.000 pesos anuales. Con ese dinero se podría, por ejemplo, comprar entre uno y cuatro vuelos a Miami, Estados Unidos.