“Tengo miedo, no lo quiero ver más”. Esa fue la confesión de Myrna Maidana a una de sus amigas hace pocos días después de decirle a Pablo Fernando Moyano que quería cortar la relación. Pero el hombre no se resignó a perder a esta mujer a la que había conocido primero por una aplicación de citas y después cruzándose mensajes a través de Instagram.
Hacía tiempo que las pocas amigas de la mujer que conocían la relación le habían advertido que “tenga cuidado” porque “él sabe que estás sola”. Pero al principio, Myrna se negaba. “Me dices cosas lindas, es humilde”, decía la docente para justificar su relación.
Todo terminó mal el martes cuando Pablo Moyano cometió un violento femicidio y terminó con la vida de la mujer a quien mató a golpes alrededor del mediodía cuando ella regresaba a su casa del Área 16 de Rawson desde uno de sus trabajos. Moyano ya estaba adentro esperándola. La asesinó y después cargó en el auto de ella algunos elementos (entre ellos dos televisores, un bolso matero, un ventilador y hasta arroz y fideos) para simular un robo. Desde allí partió hacia Gaiman donde abandonó el Ford Fiesta de la mujer y partió hacia Trelew en colectivo y se fue a su casa.
Se desprende de los primeros pasos de la investigación que la relación llevaba apenas tres meses. Tras tomar contacto por las redes, el hombre viajó desde San Antonio Oeste, donde residía y trabajaba de remisero, para encontrarse con Mirna en una confitería de Rawson. Moyano tiene dos hijas y rápidamente le pidió a ella que vivan juntos en la casa del Área 16 la que poco tiempo después se convirtió en el escenario del femicidio.
Myrna vivía sola en Rawson. Tenía tres hijos fruto de su único matrimonio. Un varón, Ezequiel que vive en Italia y Guadalupe y Vicky quienes están en Buenos Aires. Asi, al menos lo describen en su red social. Era muy coqueta y muy amable a tal punto que su oficina en la Politécnica de Rawson estaba permanentemente con gente.
Su relación con Moyano fue corta pero intensa. Él le había prometido que comenzaría a trabajar en la pesca, algo que nunca sucedió. El hombre tenía un solo objetivo: compartir la vida con Myrna, mudarse a su casa. Alli comenzaron las dudas de la mujer, dado lo corta de la relación. Y evidentemente, no se había equivocado. Moyano nunca aceptó que se cortara el vínculo y por eso, evidentemente planeó el asesinato.
Según los investigadores, los hechos del trágico desenlace comenzaron el martes a las 8. Fue cuando la mujer salió con su auto a su primer trabajo en la Escuela de Artes Visuales. Según las cámaras de seguridad, el hombre llegó a la vivienda media hora después. Abrió la puerta con una llave que tenía en su poder. Por ahora, la duda radica en que si Myrna se la dio por propia voluntad o el sujeto la robó cuando comenzó a planificar el crimen.
Cerca del mediodía Myrna llegó a su casa, estacionó y bajó. Nunca esperaba encontrar a Moyano quien sin mediar palabra alguna, la mató a golpes. Después, ingresó el auto al patio y le cargó los elementos antes dichos y salió para Gaiman donde llegó cerca de las 14,40. El barrio es de gente trabajadora por lo tanto al mediodía es poco el movimiento en las calles. Nadie podía percatarse que ese hombre que cargaba elementos en un auto acababa de cometer un brutal femicidio.
Las cámaras de seguridad cumplieron su función por eso para la policía (que también había realizado allanamientos en Rawson) no fue difícil dar con el sospechoso. Fue captado tanto en su salida de Rawson como en Gaiman.
Moyano dejó huellas por todos lados. Y en su casa se encontraron todos los elementos robados en la vivienda de Myrna. Para ese entonces ya se sospechaba en Rawson que algo le había ocurrido a la mujer. Claro, nadie imaginó lo peor. Al ausentarse de la politécnica, una amiga le envió un mensaje: “Estas bien”, escribió al celular de Myrna. La mujer sufría de hipertensión y por eso la preocupación.
El mensaje nunca llegó. El teléfono de la amiga tenía un solo tilde. A esa hora Myrna ya había sido asesinada.
C.G.