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13 de Abril de 2025
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Sergio Gudiño y un testimonio de hermandad a través del tiempo

Hace 20 años la localidad de Esquel es testigo del reencuentro de un grupo de ex combatientes que esta ciudad vinculó, y la Guerra de Malvinas terminó por unir. 

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- Por Lelia Castro -

 

Sergio Gudiño, oriundo de Punta Alta, fue soldado clase 63’ en el Regimiento de la ciudad de Esquel. Hoy en día reside en Ushuaia desde hace más de 33 años. 

 

La historia de Sergio comienza un 10 de febrero del año 1982, cuando es llamado a cumplir con el Servicio militar obligatorio y, mediante un sorteo, es destinado a nuestra ciudad. Según recuerda: “nos tocó Esquel y ni siquiera sabíamos dónde quedaba”. Así es como, a los 18 años, llega junto con sus compañeros. 

 

“Nos dejaron salir ese día, para volver a casa y buscar abrigo, zapatos, camperas, porque nos habían dicho que el lugar era frío”. 

 

Apenas llegaron comenzó su instrucción y recién 45 días después, Sergio pudo finalmente conocer lo que sería su nuevo hogar: Esquel. Sin embargo, su estancia aquí duró poco porque enseguida tuvo que alistarse para el inminente traslado a Comodoro Rivadavia, en espera de una posible designación a Malvinas. 

 

“El día 2 de abril el Teniente Coronel nos sorprende con la noticia de que las Islas Malvinas habían sido recuperadas”. 

 

Como soldado nuevo que era, Sergio recuerda que no había tenido instrucción de tiro y, ante la sorpresiva noticia, con sus compañeros tuvieron que ir al polígono a hacer práctica de tiro con los armamentos que poseían. Ese mismo día reciben la noticia de que debían partir a Malvinas. 

 

“Algo fuera de lo común fue la jura de bandera por parte de los soldados clase 63’ -mi caso-, que normalmente se hace el día 20 de junio, pero nosotros no podíamos ir a combate, no podíamos ir a defender la patria, sin haber jurado la bandera”. 

 

Hoy Sergio reconoce que al momento de ser destinado a Malvinas no sintió miedo porque se sabía elegido por algo, al contrario recibió la noticia con alegría: “el Ejército no mandaba gente a cualquier lado porque sí, se tomaba la precaución de saber qué sabía hacer ese soldado”. En su caso, Sergio sabía sobre el manejo de las radios y eso determinó su lugar. 

 

“En el momento del aviso de que nos teníamos que ir, había mucha gente que quería ir”. 

 

Uno de sus recuerdos de niñez que más lo marcó fue cuando en una clase de primaria les hablaron sobre Malvinas, Sergio recuerda en ese momento pensar que le gustaría conocer la isla. Tiempo más tarde vio hecho realidad ese deseo.

 

“Yo me siento orgulloso de haber ido con la gente que fui, con los compañeros, con los soldados, con los suboficiales, con los oficiales. Fuimos muy pocos del Regimiento de acá de Esquel. En ese momento, si mal no recuerdo, había una dotación de 800 personas y solamente mandaron a 27”. 

 

Al momento de partir, Sergio nos cuenta que sólo eran 27 los elegidos y que se distribuyeron en 9 tanques y un camión logístico que llevaba municiones. 68 días estuvieron Sergio y sus compañeros entre traslados y el tiempo en Malvinas. Muchos, como nuestro entrevistado, estuvieron más tiempo en la isla que en el cuartel: “mi servicio militar obligatorio fue en combate, en la guerra”. El destacamento destinado a Malvinas constaba de soldados de diferentes rangos que provenían de dos secciones: Águila y Cobra. Como Sergio recalca y agradece, los 27 que se partieron de Esquel, volvieron con vida. 

 

“Mi compañero de tanque había sido mi compañero de carpa dentro del alistamiento, y la mayoría éramos de Punta Alta o Bahía Blanca, nos conocíamos”. 

 

Los vínculos generados en este contexto tan hostil fueron especialmente importantes. Si bien a la mayoría de sus compañeros los conocía de sus pagos, también conoció a muchos otros a los cuales llegó a considerar como “hermanos mayores” o “padres”. En sus propias palabras: “se formó un lazo muy particular”. 

 

“Cada soldado tuvo su guerra y puede contar su historia. Mi historia fue que por cada atado de cigarrillos que mi suboficial encontraba o le daban, él me compartía la mitad a mí”. 

 

Sergio reconoce que fue afortunado por estar dentro del tanque porque el resto de los soldados no tenían nada que los protegiera, y eso precisamente hacía que tengan más confianza. Dentro del tanque estuvo acompañado por Cosme Barrios y el sargento Salazar, sin embargo, una vez que les dieron de baja no pudieron mantenerse en contacto.

 

“De Malvinas volvimos todos: 3 sufrieron heridas y los tuvieron que evacuar de la isla, 2 sufrieron heridas pero pudieron permanecer en Malvinas y volvieron con nosotros, pero gracias a Dios nadie quedó en el Cementerio de Darwin y eso a mí me pone muy contento”. 

 

Tras un minucioso trabajo del sargento Salazar y de los propios soldados, fueron creando una red de comunicación que les permitió volver a retomar su vínculo y reencontrarse en la ciudad que tanto los marcó. El 2 de abril del 2006 fue el primer encuentro de veteranos de guerra del Regimiento. En la actualidad, Sergio y sus compañeros celebran 20 años de reencuentros en la ciudad de Esquel.

 

“Yo me junto con mi hermano que fue a la guerra conmigo, que son los soldados del Regimiento 3 de caballería”. 

 

Con el pasar de los años estos reencuentros se hacen más numerosos cada vez que los soldados son acompañados por sus familias, al respecto nos cuenta Sergio que sus hijos “aprendieron a caminar acá”. Hoy en día ya son acompañados por esposas, hijos e incluso nietos. 

 

“Hemos congelado el tiempo en los grados, y nosotros seguimos siendo soldados. Nunca más hicimos otra cosa que ser soldados”. 

 

Con trabajo, dinero e ideas propias, Sergio y sus compañeros no sólo gestionan sus encuentros sino que también se encargan de cuidar y mantener el monumento en su honor, así lograron todo: “a fuerza de voluntad”. 

 

Agradecemos a Sergio por brindarnos tan amablemente esta entrevista. Fue un honor escuchar su historia. Agradecemos asimismo al Regimiento 3 de Caballería por permitirnos grabar dentro de sus instalaciones.
 

 

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