No todos los alimentos pierden su seguridad al superar la fecha impresa en el envase. Muchos pueden seguir siendo consumidos si se almacenan correctamente, mientras que otros nunca deberían ingerirse después de vencidos, ya que podrían afectar la salud incluso sin cambios visibles o en el olor. Conocer cuáles requieren mayor cuidado y seguir las recomendaciones oficiales es fundamental para prevenir riesgos, especialmente en los grupos más vulnerables.
Organismos como la FDA, FSIS y la Clínica Mayo coinciden en que las fechas en los envases no siempre reflejan un riesgo sanitario inmediato. Términos como “consumir preferentemente antes de” o “fecha de caducidad” suelen indicar la calidad del producto, no su seguridad. Estas fechas son conservadoras y muchos alimentos pueden consumirse después si se almacenan correctamente. Los cambios en olor, textura o sabor son indicadores más confiables que la fecha impresa.
Estos son los productos que requieren mayor cuidado:
Carnes y pollo: Vigilar olores extraños, decoloración o moho. En el pollo, si al presionarlo la carne no recupera su forma, debe desecharse.
Huevos: Pueden consumirse tras la fecha si pasan la prueba de flotación. Si se hunden en agua están frescos; si se mantienen en pie son más viejos, pero probablemente seguros; y si flotan, deben descartarse
Quesos blandos: Crema, ricota o desmenuzados deben desecharse ante signos de moho, ya que pueden desarrollar bacterias peligrosas como Listeria o Salmonella. Quesos duros pueden limpiarse cortando la parte afectada.
Frutas blandas: Bayas con moho deben eliminarse junto a las cercanas; una alternativa es congelarlas para batidos o postres.
Pescado crudo: Refrigerar uno o dos días antes de cocinar o congelar; desechar si huele agrio o a amoníaco.
Verduras de hoja verde: Pueden amargarse y representar riesgo sanitario; se pueden licuar si están próximas a caducar.
Aceites de cocina: Guardar en botellas de vidrio oscuro, alejados de calor y luz. Aceites abiertos duran unos seis meses; si saben amargos, desechar.
R.G.