20 de Enero de 2026
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Cómo una vecina de Lago Puelo logró equipar brigadas enteras en medio del avance del fuego

No integra ninguna estructura estatal y, a través de una red comunitaria y solidaria, logró reunir más de 50 millones de pesos para asistir a brigadas autoconvocadas, bomberos voluntarios y familias afectadas por los incendios.

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Mientras los incendios vuelven a marcar el verano en la cordillera, con miles de hectáreas arrasadas en Chubut y un paisaje atravesado por el humo y la incertidumbre, una respuesta crece lejos de los despachos y de los operativos oficiales: la organización comunitaria. No surge de una estructura estatal ni de un plan centralizado, sino de personas comunes que, frente a la urgencia, deciden actuar.

 

En ese entramado aparece la figura de Inés de la Torre, cocinera, activista y docente de cocina consciente, conocida en redes sociales como @paltavidavegana.

 

Desde Lago Puelo, donde vive desde hace dos años, impulsó una colecta solidaria que ya permitió reunir más de 50 millones de pesos, destinados a equipar brigadas autoconvocadas, bomberos voluntarios y asistir a familias damnificadas por los incendios que se iniciaron el 5 de enero en la zona de Puerto Patriada.

 

Una reacción que no fue improvisada

 

La historia no empieza este verano. El año pasado, De la Torre vivía en Río Negro cuando el incendio de Mallín avanzó peligrosamente cerca de su casa. Aquella experiencia (dormir con mochilas listas, respirar humo, convivir con la posibilidad de evacuar) dejó una marca.

 

Esta vez, cuando el fuego volvió a avanzar en la Comarca Andina, la reacción fue inmediata. No hubo grandes anuncios ni campañas formales: compras básicas, historias en Instagram y una red que empezó a activarse casi sin darse cuenta. Lo que comenzó con frutas, elementos de higiene y pequeñas donaciones se transformó rápidamente en una estructura de apoyo sostenida por miles de aportes individuales.

 

“Dos mil pesos pueden parecer poco, pero con eso se compran gafas protectoras y se evita que alguien se queme los ojos”, repite De la Torre cada vez que intenta correr el foco de las cifras millonarias.

 

Más de 50 millones, miles de manos

 

El monto recaudado impresiona, pero detrás no hay grandes aportantes aislados sino una suma de voluntades. Personas que donan mil, dos mil o cinco mil pesos; mensajes que llegan con disculpas por no poder aportar más; transferencias que se acumulan lentamente.

 

Con esos fondos se adquirieron motobombas, mochilas forestales, generadores eléctricos, borcegos, cascos, guantes, mangas, lanzas, herramientas, ropa ignífuga y reservorios de agua, elementos que muchas brigadas no tenían o utilizaban en condiciones precarias. Parte del dinero también se destinó a bomberos voluntarios que carecen de equipamiento básico e incluso de movilidad propia.

 

Brigadas que salen con lo que tienen

 

En la Patagonia existen más de 50 brigadas autoconvocadas, unas 600 personas que combaten el fuego sin pertenecer a estructuras oficiales. En muchos casos, llegan a la línea de incendio con herramientas improvisadas y ropa inadecuada.

 

 

“No van así porque no les importe su vida, sino porque saben que si no van, el fuego avanza”, explican quienes coordinan la ayuda. Ese contraste (voluntad absoluta frente a escasez extrema) es uno de los motores que mantiene activa la red solidaria.

 

La logística que no se ve

 

La colecta no se agota en las redes sociales. Detrás hay una logística territorial silenciosa: personas que cocinan viandas, vecinos que prestan camionetas, espacios comunitarios que se convierten en centros de acopio, rutas que se recorren de madrugada para hacer llegar equipos a tiempo.

 

Cuando el incendio llevaba apenas dos días, ya se estaban comprando insumos en Buenos Aires porque en la Comarca no se conseguían. Las entregas se coordinan en tiempo real, siguiendo el movimiento del fuego y las necesidades urgentes de cada sector.

 

El impacto de una donación inesperada

 

En medio de ese entramado, una donación de gran magnitud permitió acelerar procesos. María Becerra, la cantante conocida como “La Nena de Argentina”, realizó un importante aporte económico que facilitó la compra inmediata de equipamiento fundamental.

 

El contacto no fue planificado ni mediático. Llegó a través de personas en común y se concretó, según relatan desde la organización, por la transparencia del proceso: cada gasto, cada comprobante y cada entrega fueron publicados. La artista pidió discreción, pero desde la red solidaria destacan la importancia de visibilizar los gestos que fortalecen el trabajo colectivo.

 

Pensar más allá de la emergencia

 

Parte de lo recaudado no se destinará únicamente al incendio actual. La idea es que el equipamiento permanezca en el territorio, para futuras emergencias y para acompañar procesos de reconstrucción. En la Comarca hay personas que perdieron su casa el año pasado y, aun así, hoy ayudan a otros.

 

Mientras el fuego sigue contenido pero activo, la red no se desarma. Porque los incendios, como repiten quienes están en el territorio, no son solo una tragedia ambiental, sino también una prueba social. Y en ese escenario, la respuesta comunitaria volvió a demostrar que, cuando el Estado no alcanza o llega tarde, la organización colectiva puede marcar la diferencia.

 

La cordillera sigue ardiendo, pero también sigue tejiendo redes. Y esa historia, lejos del humo, empieza a dejar huella.

 

 

 

 

O.P. con información de TN y de @paltavidavegana.

 

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