Lo que a simple vista podría presentarse como un ejercicio logístico, constituye en realidad una exhibición de impunidad geopolítica. El pasado martes, un avión militar Airbus A400M Atlas de la Real Fuerza Aérea Británica (RAF) sobrevoló la Base Antártica Permanente San Martín, operando con una libertad de movimientos que ignora los protocolos de coordinación con las autoridades argentinas en el continente blanco.
El vuelo no fue una casualidad ni un error de navegación. La aeronave (matrícula ZM413) despegó desde las Islas Malvinas bajo el indicativo RRR4000 y completó una misión de larga distancia que incluyó el reabastecimiento de combustible en pleno vuelo mediante un avión cisterna Voyager KC2. Esta capacidad de proyección militar permitió que la RAF se adentrara en el Sector Antártico Argentino sin mayores obstáculos, realizando un sobrevuelo directo sobre una de nuestras bases científicas más australes.
El "triángulo" de impunidad: Malvinas, Chile y Antártida
El hecho cobra una dimensión más grave al observar el itinerario previo. La aeronave británica no solo utilizó la base militar de Monte Agradable en las islas usurpadas, sino que operó con base logística en Santiago de Chile y Punta Arenas. Desde allí, cruzó hacia el territorio antártico, realizó su incursión sobre la Base San Martín y regresó al continente chileno antes de retornar a las Malvinas.
Esta triangulación deja en evidencia la facilidad con la que fuerzas militares extranjeras —pertenecientes a una potencia con la que existe una disputa de soberanía abierta— operan en zonas de sensibilidad estratégica para la Argentina. El sobrevuelo sobre instalaciones científicas destinadas exclusivamente a la paz, según el Tratado Antártico, es leído como un mensaje de control y vigilancia sobre la presencia argentina en la región.
Sin respuestas ante el "estrépito" diplomático
La situación ha generado un profundo malestar en los sectores que siguen de cerca la política antártica y soberana. No se trata de un accidente ni de una emergencia, sino de una misión planificada que demuestra la capacidad de la RAF para sobrevolar infraestructuras nacionales a su antojo, amparándose en la conectividad que le brindan bases logísticas regionales.
Este tipo de incursiones, realizadas sin previo aviso ni justificación científica clara, refuerza la sensación de una soberanía vulnerada en el Atlántico Sur, donde la presencia militar británica continúa expandiéndose mientras el silencio diplomático parece ser la única respuesta ante acciones de evidente provocación e impunidad.
F,P