El visón americano se ha consolidado como una de las especies exóticas invasoras más dañinas para los ecosistemas del sur argentino. Su origen en la región se remonta a mediados del siglo XX, cuando fue introducido con fines comerciales por la industria peletera. Sin embargo, tras el fracaso de estos emprendimientos, los ejemplares fueron liberados o escaparon de sus jaulas, encontrando en la vasta geografía patagónica un hábitat ideal para su reproducción. Al carecer de depredadores naturales en la zona, su población creció de manera exponencial, extendiéndose desde Neuquén hasta Tierra del Fuego.
Este pequeño carnívoro posee un comportamiento generalista y una voracidad que impacta directamente sobre la fauna local. Entre sus principales víctimas se encuentran aves acuáticas, peces y pequeños mamíferos. Un caso particularmente alarmante es el del macá tobiano, una especie endémica en peligro crítico de extinción que sufre la depredación constante de sus colonias. Además de las aves, el visón compite por recursos y territorio con especies nativas vulnerables como el huillín y el coipo, alterando el equilibrio biológico de las cuencas hídricas.
La problemática trasciende la conservación de la fauna y alcanza dimensiones socioeconómicas y sanitarias. El avance del visón afecta actividades productivas como la piscicultura y la cría de aves de corral, además de perjudicar el turismo de naturaleza vinculado a la pesca recreativa y la observación de aves. Por otro lado, diversos organismos científicos advierten sobre su rol como potencial reservorio de enfermedades que podrían transmitirse a animales domésticos y humanos. Ante este escenario, especialistas coinciden en que la mitigación del daño requiere de un trabajo coordinado entre el Estado y la comunidad para implementar políticas de control efectivo y programas de sensibilización ambiental.
E.B.W.