En un escenario donde la innovación y la tradición se cruzan, el emprendedor Sebastián Frano decidió apostar por un producto poco común en el país: la hidromiel. A través de su marca Santa Pócima, impulsa desde hace tres años la elaboración de esta bebida ancestral, considerada una de las más antiguas de la humanidad.
“Santa Pócima es un proyecto que inició ya alrededor de tres años. Es un proyecto de hidromiel, estoy trayendo de vuelta del pasado una receta de bebida alcohólica fermentada a base de miel”, explicó Frano, quien destacó que este producto incluso precede históricamente al vino.
El interés por esta bebida surgió a partir de una curiosidad inicial. “Me llamó mucho la atención que sea una bebida aún más reconocida en los antepasados que el vino y la cerveza, y que hoy prácticamente no se conozca. Ahí vi una beta, primero de curiosidad y después una posibilidad comercial a futuro”, relató.
Uno de los principales prejuicios que enfrenta la hidromiel es su asociación directa con el dulzor. Sin embargo, Frano rompe con esa idea. “Por una generalización, uno percibe la hidromiel como algo dulce, pero no es así en todos los casos. Yo la fabrico a punto seco, lo que significa que las levaduras consumen toda la glucosa y fructosa de la miel”, explicó. El resultado es una bebida que no resulta empalagosa, sino más bien seca y equilibrada, apta incluso para quienes no disfrutan de la miel.
Un producto escaso en Argentina
La hidromiel sigue siendo una rareza en el mercado argentino. Según el propio productor, el número de elaboradores es muy reducido. “Hay algún que otro producto dando vuelta en el país, pero seremos unos cinco o seis productores a toda máquina. No más”, afirmó. Esta escasez también fue uno de los motores de su emprendimiento: la imposibilidad de encontrar fácilmente una bebida tan presente en libros de historia y fantasía.
Actualmente, Santa Pócima trabaja con una lógica de producción limitada y artesanal. Cada lote ronda las 130 botellas y requiere aproximadamente un año de elaboración antes de salir al mercado. “Es un proceso lento, pero prefiero tardar y darle a la gente un producto de primera calidad antes que apurarme y entregar algo mediocre”, sostuvo.
A futuro, Frano proyecta ampliar la escala a unos 500 ejemplares por lote, sin resignar calidad, lo que le permitiría contar con un stock más estable. En un horizonte más ambicioso, también aparece la exportación como meta.
Patagonia como sello de valor y materia prima de excelencia
El desarrollo de Santa Pócima está profundamente ligado a su territorio: Esquel. “La materia prima es perfecta para lo que hago”, aseguró. La hidromiel requiere tres elementos fundamentales: agua, miel y levadura. En el caso de Esquel, dos de ellos destacan por su calidad.
Por un lado, el agua local, que es filtrada y tratada para eliminar cualquier interferencia como el cloro. Por otro, la miel multifloral de la región, cuya riqueza nutricional es fundamental en el proceso. “Cuanta más variedad floral hay, más rica es la miel en nutrientes, minerales y azúcares. Eso favorece muchísimo el trabajo de fermentación”, explicó.
A diferencia del vino, donde se utiliza directamente el jugo de la uva, la hidromiel requiere diluir la miel en agua y aportar nutrientes adicionales para que las levaduras puedan desarrollarse correctamente. Partir de una miel rica simplifica y mejora todo el proceso.
Si bien reconoce dificultades logísticas por la distancia con los principales centros de consumo, Frano también destaca una ventaja competitiva: el valor simbólico del origen. “Decir que es un producto patagónico ya es un orgullo y eleva el producto a otro nivel”, afirmó, comparándolo con marcas que han capitalizado la identidad regional.
Variedades, maridaje y dónde conseguirla
Con una base sólida, producción cuidada y una identidad marcada por el territorio, Santa Pócima se posiciona como una propuesta distinta dentro del mercado de bebidas artesanales.
Actualmente, ofrece dos tipos de hidromiel: tradicional (elaborada con agua, miel y levadura) y melomel (frutada con la misma base y agregado de frutas). Ambas versiones comparten un perfil seco, con notas ácidas, lo que las vuelve versátiles para acompañar comidas. “Maridan muy bien con mariscos, pescados, carnes rojas, verduras y quesos blandos o semiduros”, detalló.
El producto puede adquirirse en la destilería Elder, además de contactando directamente al productor a través de su cuenta de Instagram (@santa.pocima).