Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac.
La charla empieza con una confesión tímida y honesta: “Siempre le tuve miedo a los medios, pero bueno...”. Del otro lado aparece Diego Martín, dueño y creador de Toro’s Wok&Sushi, con la calma de quien aprendió a construir desde abajo.
“Mi nombre es Diego, soy dueño y creador de Toro's Wok&Sushi”, se presenta. Sin embargo, su historia no empieza en una cocina, sino en el sur profundo.
Raíces en el campo y un camino que lo llevó lejos
“Yo nací en Esquel, me crié en Fofocahuel, a 150 kilómetros de acá”, cuenta Diego. Su infancia transcurrió entre lo rural y lo simple, hasta que la vida lo llevó a dar un salto: “Después de terminar la secundaria me fui a vivir a Buenos Aires”.
En capital trabajó en una empresa, pero había algo más que empezaba a tomar forma. “Con el tiempo me formé en la gastronomía”, dice.
Estudió en el Instituto Argentino Gastronómico: “Hice una carrera de dos años y medio, de Profesional Gastronómico, y siempre con la idea de volver a Esquel y montar un negocio o una propuesta nueva y diferente acá en la ciudad”.
Diego siempre supo que quería volver y triunfar entre las montañas que lo vieron crecer.
De cocinero a chef: un proceso de años
El sueño estaba claro, aunque el camino no tanto: “En principio quería tener un local, un restaurante, dedicarme a la gastronomía, y bueno, llegar a ser chef fue el proceso de los años”.
No hubo atajos ni facilidades en su camino: “Al principio era cocinero, y bueno, hoy ya, con la experiencia, sí, puedo manejar un restaurante”.
En 2017 volvió a su ciudad con una meta firme: empezar, como fuera, pero con un sueño claro y definido.
Los comienzos: hacerlo todo
El inicio fue austero, pero intenso, relata Diego: “Empecé, como todos, a cocinar en mi casa, y buscando un local chiquito como para empezar”. Meses después consiguió su primer espacio: “Ahí en Sáenz Peña empezó todo”.
El crecimiento fue boca en boca: “Creé un grupo de una lista de difusión, y bueno, eso me llevó a ir de boca en boca adquiriendo clientes”. Además, Diego reconoce que sus comienzos estuvieron respaldados por Estefanía Morelo, en sus palabras, ella "le dio una mano".
El esfuerzo por lograr su sueño fue total y absoluto: “Al principio hacía todo. Cocinaba, tomaba el pedido, llevaba los delivery”. Esto preparó a Diego para poder llevar a cabo su propio proyecto.
Una propuesta distinta para Esquel
La idea nunca fue repetir lo que ya existía. “Quería esto de hacer algo diferente”, afirma con orgullo.
La influencia para hacer el cambio llegó desde lo personal: “La parte asiática estuvo un poco motivado por mi novia en su momento, que ella es descendiente de taiwaneses”. Ese contacto lo marcó profundamente, sobre todo tras un viaje clave al continente asiático que le permitió conocer y valorar la rica cultura de estos países: “Flasheé con la cultura, con la comida, con la gastronomía”.
Además, Diego reconoce que se llevó valores que hoy definen su cocina: “El respeto hacia los ingredientes, el dar amor a través de la comida, una buena atención”.
Pandemia, crecimiento y adaptación
En 2020, con el mundo detenido, su proyecto seguía en movimiento: “La propuesta al principio fue comida para llevar, no se podía comer en el lugar porque justo era pandemia”.
Lejos de frenarse, amplió su equipo y su carta: “Fuimos agregando platos nuevos… siempre enfocado con tener una buena materia prima, cuidar los ingredientes”.
En uno de los momentos más difíciles para el país, ni Diego ni su equipo se rindieron, siguieron cocinando y apostando por la ciudad y el proyecto.
El incendio que casi lo detiene todo
Uno de los momentos más duros llegó en 2023 cuando tenía su local en la calle Rivadavia, recuerda: “Una vecina, por negligencia, se olvidó una freidora prendida, y nos prendió fuego el edificio a todos”.
El golpe fue inmediato: “El lunes lloramos todo el día”. Pero la reacción fue más fuerte que el desastre: “El martes ya nos estábamos mudando a la casa de Guille”.
Gracias a un cliente que se volvió familia pudo salir adelante en uno de los peores momentos que le tocó atravesar: “¿Cómo te puedo ayudar?”, le dijo. Y así, en una cocina improvisada, el proyecto siguió vivo.
Hoy recuerda: “Solo un día estuvo cerrado”.
Clientes que se vuelven familia
Después de años de trabajo, el vínculo con la gente es parte esencial de la historia: “Ya tengo clientes desde que abrí”. Y no son solo clientes: “Ya son familia, ya tienen sus mesas, ya sabemos qué comen, cómo les gusta”.
Ese reconocimiento emociona tanto como cualquier logro alcanzado y habla de un vínculo especial con cada uno de sus comensales.
Construir con las propias manos
El sueño de tener un lugar propio no fue sencillo, pero nada lo detuvo. Frente a las inclemencias, Diego decidió seguir apostando y compró un terreno: “Acá no había nada, había un invernáculo, un par de árboles”, dice.
Durante dos años, su rutina fue extrema: “Por la mañana y la tarde trabajaba en la obra, a la noche me iba a cocinar”.
El resultado es el presente en un restaurante propio que no para de crecer: “Estar acá es como estar cumpliendo el sueño”.
La inauguración del nuevo espacio no fue casual: “Abrimos el 27 de febrero, que fue mi cumpleaños”. Doble festejo para Diego y para el equipo de trabajo que lo acompaña desde siempre.
Familia, motor y refugio
En medio de todo, hay un sostén fundamental revela: “Hoy tengo dos niñas y mi esposa son mi motivación”.
También los amigos, aunque el tiempo sea escaso: “Tengo dos o tres amigos fieles que siempre se alegran por mis logros”.
El proyecto que sigue creciendo y lejos de conformarse, Diego ya piensa en lo que viene: “Me gusta estar todo el tiempo pensando a futuro”.
Sueña con una propuesta más conectada con la naturaleza: “Que la gente pueda venir, comer al aire libre… una granja agroecológica”.
“Es mi varoncito”
Cuando le preguntan qué significa el restaurante, no duda. “Es mi varoncito”, dice, con una sonrisa que se intuye. Toro’s nació como un pequeño emprendimiento de comida wok, creció con el sushi y se transformó en algo mucho más grande: una historia de esfuerzo, identidad y pertenencia.
Hoy, en Esquel, ese sueño tiene puertas abiertas, mesas llenas y una historia que sigue escribiéndose cada noche.
Agradecemos a Diego por el tiempo y el espacio brindado para realizar esta entrevista.