La conmemoración del Día Mundial del Agua de este año llega con un mensaje urgente de los organismos internacionales sobre la insostenibilidad del modelo actual de gestión del recurso. Naciones Unidas ha señalado que la crisis del agua es una realidad que profundiza las brechas sociales y de género, afectando desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables. En un contexto de cambio climático acelerado, la escasez ya no se percibe como una amenaza lejana, sino como un colapso inminente que organizaciones como Greenpeace califican de "bancarrota hídrica". Esta situación exige una transformación profunda en la gobernanza y una inversión real en infraestructuras que garanticen el derecho humano al agua potable frente a la creciente incertidumbre climática.
Esta problemática de escala mundial encuentra un reflejo directo en la situación que atraviesa nuestra ciudad, donde la provisión de agua sigue presentando fallas recurrentes que afectan la vida cotidiana de los vecinos. Los problemas en la infraestructura local y la baja presión en las redes de distribución han derivado en interrupciones constantes, evidenciando la fragilidad de nuestro sistema frente a la demanda urbana.
Para estirar la utilidad de este recurso, resulta indispensable que, además de las obras que se realicen en la infraestructura de Esquel, la comunidad adopte hábitos de ahorro como la reparación inmediata de fugas domiciliarias, la reutilización de aguas grises para limpieza y el riego responsable con especies autóctonas que demanden poco caudal. Estas acciones individuales, sumadas a las mejoras en las cañerías de distribución para evitar pérdidas, son pasos esenciales para mitigar el impacto de la crisis hídrica en nuestra cordillera.
Frente a este escenario, quienes toman las decisiones de poder a nivel global están orientando sus políticas hacia marcos regulatorios más estrictos sobre el uso industrial y la protección de cuencas y glaciares. La inversión en tecnologías de tratamiento de efluentes para su reúso y la modernización de redes con sensores inteligentes se presentan como las herramientas para combatir la escasez.
En los foros internacionales, se debate el establecimiento del agua como un bien común de seguridad nacional, destinando fondos climáticos para que los gobiernos puedan adaptarse en estructura, planeamiento y comprender lo que está sucediendo a nivel global. Lo que ocurre en nuestra región es un recordatorio de que la crisis del agua requiere soluciones inmediatas y una gestión política que priorice el saneamiento y la distribución eficiente para asegurar la supervivencia de toda la comunidad.
Resulta paradójico que Esquel, estando rodeado de imponentes paisajes hídricos, hoy sea testigo directo del avance de la sequía en sus propios cuerpos de agua. La imagen de la laguna que se encuentra cerca del cruce de Leleque, visible desde la ruta, hoy se presenta completamente seca, mientras que el nivel de espejos de agua emblemáticos como la Laguna La Zeta y el Willmanco ha bajado de forma considerable en el último tiempo. Esta situación se ve agudizada por una falta de lluvias persistente que vuelve vital la necesidad de cuidar cada gota. Si no se toman decisiones políticas urgentes y si no incorporamos hábitos amigables en casa para valorar este recurso único, el escenario futuro de escasez extrema dejará de ser una proyección para convertirse en una realidad irreversible. Cuidar el agua hoy es la única forma de postergar ese destino crítico que ya empieza a afectar nuestro consumo diario, nuestra calidad de vida y la supervivencia de la fauna y flora que todavía habita nuestra región.
E.B.W.