El paso del tiempo suele transformar los recuerdos, pero hay imágenes que logran detenerlo para exponer una realidad cruda. Ese es el eje de "Ausencias", un proyecto expositivo que utiliza fotografías de álbumes familiares para ponerle rostro a trabajadores, estudiantes, militantes y familias enteras que fueron víctimas de la última dictadura militar entre 1976 y 1983.
La iniciativa pertenece al fotógrafo argentino radicado en Barcelona, Gustavo Germano. Su trabajo consistió en regresar, tres décadas después, a los mismos lugares donde se tomaron aquellas fotos familiares antes de la represión. Junto a los mismos amigos y parientes que sobrevivieron, Germano volvió a disparar su cámara en condiciones similares, buscando generar un diálogo visual entre el pasado y el presente.
El contraste de la presencia y el vacío
La potencia de la obra reside en la comparación directa. Al poner una foto al lado de la otra, el espectador puede observar los cambios en el entorno y el envejecimiento lógico de las personas que posan. Sin embargo, lo que más impacta es lo que falta: el lugar vacío que debería ocupar el ser querido que fue desaparecido.
Esa "presencia de la ausencia" es lo que define al proyecto. No se trata solo de recordar a quienes no están, sino de mostrar el espacio físico que les fue arrebatado. En ese paralelo imposible de dos tiempos distintos, la obra logra que el espectador dimensione la escala humana de la tragedia.
La vigencia del registro familiar
El proyecto "Ausencias" encontró su razón de ser en la complicidad de los familiares de las víctimas. Al aceptar posar frente a la cámara en el mismo sitio donde alguna vez sonrieron junto a sus hermanos, padres o hijos, estas personas realizan un acto de reivindicación.
Posar frente al vacío es, en este contexto, una forma de decir que ese espacio tendría que haber sido ocupado por alguien que ya no tiene voz. Es una manera de traer al presente a los obreros, profesionales y jóvenes que formaron parte de la vida social del país y que fueron borrados por el terrorismo de Estado.
Este tipo de trabajos artísticos permite que la memoria colectiva se mantenga viva por fuera de los libros de historia o los expedientes judiciales. Al utilizar el lenguaje universal de la fotografía familiar —algo con lo que cualquier vecino puede sentirse identificado—, la obra de Germano acerca la historia de los 30.000 desaparecidos a la mesa de cada hogar.
En el marco de un nuevo aniversario del golpe, recordar a través del arte ayuda a comprender que cada ausencia sigue siendo una herida abierta en el tejido de nuestra sociedad.
M.G