La historia de esta joven argentina de 24 años es un testimonio de resiliencia y transformación profunda. Tras emigrar a Israel y cumplir con el servicio militar obligatorio, se encontró inmersa en la realidad cruda de los conflictos bélicos, una experiencia que alteró para siempre su percepción del mundo y de sí misma. Durante su tiempo como soldado, vivió de cerca la tensión y el peligro de la guerra, situaciones que dejaron huellas invisibles pero persistentes en su salud mental.
Al concluir su etapa en las fuerzas armadas, se enfrentó al difícil proceso de reintegración y a la falta de apoyo psicológico adecuado para quienes dejan el frente de batalla. En medio del silencio y la necesidad de procesar lo vivido, encontró en la fotografía una herramienta terapéutica fundamental. Lo que antes era un entorno de armamento y vigilancia se convirtió, a través de su lente, en una búsqueda constante de la belleza y la cotidianeidad.
Hoy, la fotógrafa elige enfocar su carrera en capturar la vitalidad y la resiliencia humana. Su obra no busca documentar el horror que conoció de cerca, sino celebrar la existencia y los pequeños detalles que a menudo pasan desapercibidos. A través de este nuevo camino artístico, logra transformar sus cicatrices de guerra en una narrativa visual que apuesta por la esperanza y la reconstrucción personal en un mundo marcado por la división.
E.B.W.